EDITORIAL

Lucha por vivir

Cada paciente sufre, pero también su familia.

Toda persona afronta una lucha diaria por la subsistencia, integrada por facetas como el aprendizaje académico y la preparación técnica, desempeño laboral, sostener un hogar, apoyar a hijos o familiares, procurar una vivienda, enfrentar las vicisitudes de la locomoción urbana o interurbana, enfrentar el costo de vida e incluso sortear las amenazas de la delincuencia. Pero si a todas estas situaciones, que se combinan de manera distinta, se añade un diagnóstico de cáncer, el esfuerzo continúa, pero sin duda encabezado por el afán de seguir viviendo incluso a costa de enormes sacrificios.

En campañas de apoyo a la provisión de tratamientos oncológicos y respaldo emocional a pacientes suelen usarse palabras de alto poder inspirador: héroes, luchadores, guerreros, porque en efecto estas personas lo son. Sin embargo, los recursos públicos para apoyo siguen siendo no solo limitados, sino también centralizados. En el 2024 se aprobó la Ley de Atención Integral contra el Cáncer en Guatemala, para tratar de dirigir más atención estatal a estos casos.

Recién se anunció la construcción del primer hospital oncológico nacional, que será aportado por la generosa donación de la República de China, Taiwán. Hasta ahora dicha atención ha dependido de entidades privadas como la Liga Nacional contra el Cáncer, cuyo hospital no solo está dedicado al tratamiento, sino también a la detección y promoción de la prevención. Sin embargo, la mencionada ley resalta la obligación de las autoridades de proveer un servicio gratuito y de calidad, un cometido que debe aprovechar desarrollos previos como la clínica dedicada a detectar y tratar el cáncer de mama en el Hospital General San Juan de Dios dirigida por el eminente oncólogo Sergio Ralón.

Así como cuando un paciente necesita recibir el diagnóstico del tipo de cáncer que padece, a fin de poder enfrentarlo, Guatemala aún no cuenta con un dimensionamiento nacional sobre la cantidad de casos de cáncer, debido a que prevalece un marcado subregistro. Cada año se detectan casi 17 mil casos nuevos y cerca de dos mil decesos por múltiples variantes de ese padecimiento, de las cuales predominan el de cérvix, de mama, de próstata y leucemia.

A partir del hallazgo, comienza para muchos pacientes un denodado esfuerzo por seguir vivos, literalmente. Se topan con servicios médicos distantes y costos enormes para cubrir transporte, medicamentos y emergencias. En el reporte central de esta edición se expone la historia de Ada y las vicisitudes que enfrentó —incluyendo la limitada capacidad estatal— para acudir a sus tratamientos, con la esperanza puesta en tener un día, una semana, un mes más de vida; una inspiración admirable que merece, en su memoria, una infraestructura de salud más digna, extendida y moderna.

Cada paciente sufre, pero también su familia. Cada familia padece los efectos, pero también la sociedad en su conjunto pierde personas productivas. Por eso es necesario que, además de contar a futuro con el hospital mencionado, también se incremente la divulgación de campañas para prevenir factores detonantes. Por ejemplo, existe la vacuna contra el virus del papiloma, que provoca el 95% de casos de cáncer de matriz, uno de los mayores causantes de decesos de cáncer femenino. Sin embargo, la ignorancia o prejuicios a menudo impiden su aplicación.

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