EDITORIAL

Asedio criminal en CA-2 oriente y occidente

Es necesario que la fuerza policial transforme estrategias de dudosa utilidad.

El reciente y desfachatado intento de atracar un vehículo blindado de transporte de valores en la ruta entre Escuintla y Taxisco es el más reciente caso del asedio criminal en la ruta CA-2, que conecta las fronteras de El Salvador y México, que constituye un importante paso logístico para el transporte de mercancías, materias primas, exportaciones y combustibles, así como transporte de pasajeros y vehículos particulares. La amenaza abarca sus tramos occidente y oriente, aunque también los entronques hacia el puerto Quetzal.

A través de este espacio se ha exhortado a las autoridades de seguridad y a la Policía Nacional Civil a actuar de manera distinta para lograr resultados diferentes en la lucha contra la criminalidad, ya sea común u organizada. Valga señalar a partir de esos términos que la delincuencia organizada es cada vez más común y la común parece estar cada vez más organizada.

Eso se puede observar en el caso mencionado: los malhechores, que, según testigos, serían unos siete, utilizaron un camión de volteo y otro de carga para colisionar y atrapar a la unidad de valores, pero también atravesaron dos autobuses sobre la ruta, para obstaculizar la llegada de fuerzas policiales. Afortunadamente, los guardias de valores activaron sus protocolos de seguridad y resistieron el tiempo necesario para ser rescatados. Además, hubo una respuesta rápida de autopatrullas que obligó a los atracadores a escapar, pero eso no consuela a nadie.

Es como decir que el gato llegó y se escaparon las ratas, que más temprano que tarde volverán a salir a roer lo que puedan. El acto denota observación, planificación y también obtención de los vehículos involucrados: todo ello debió dejar múltiples indicios que deberían conducir a capturas.

Es necesario que la fuerza policial transforme estrategias de dudosa utilidad como los retrógrados retenes que solo entorpecen el tránsito y cuyos resultados reales nunca se conocen, y cuando se tienen, son más bien magros para insumir tanto recurso. Apenas ayer la PNC reportaba en su perfil de la red social X que había instalado puestos de registro en al menos cuatro departamentos, en los cuales se confiscó una pistola con permiso vencido.

Esos operativos siguen casi la misma tónica desde hace 70 años; la única variante es el cotejo de identificación digital con la base de datos. Sí, esta clase de movimientos tiene una razón de ser: inmediatamente después de un hecho de alto impacto, mas no como algo estático y visible desde lejos. Aun así, en la CA-2 sur suelen instalarse agentes policiales para detener vehículos al azar, prácticamente en el mismo punto. Los atracos a transporte de carga y de combustibles ocurren, por lo regular, en la ruta a Puerto Quetzal y también en la CA-2 Occidente, por lo cual la forma de monitorear la seguridad del área debería tener más astucia, integrar más tecnología y datos de inteligencia, para lograr capturas fundamentadas y procesos judiciales ejemplares.

Por supuesto, el asunto va más allá del actuar policial, pues también los jueces deben aplicar las leyes con respeto a derechos, pero con firmeza, sobre todo en los tiempos violentos que padece la ciudadanía honrada. Recientemente, en el área entre Santa Lucía Cotzumalguapa, Escuintla, y Cocales, Suchitepéquez, se han suscitado ataques armados e intentos de atracos registrados en videos difundidos en redes sociales. El gran problema de sucesos como el de Taxisco es que denotan una pérdida de temor de los malhechores a la justicia, porque la perciben débil, ineficiente e incluso asequible.

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