CATALEJO

Votante escogió la inexperiencia

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COMO LO INDICARON varias encuestas, entre ellas la de Prensa Libre, Jimmy Morales, el recién llegado a la política nacional, se convirtió ayer en el presidente de Guatemala del 2016 al 2020. Los electores de nuevo asistieron a las urnas en un porcentaje menor al de la primera vuelta, pero los porcentajes se mantuvieron en las proporciones señaladas por las mediciones previas a la elección. El 69.95% obtenido por el ganador equivale a sólo una tercera parte de los empadronados, dato cuya validez más evidente es recordarle a quien sustituirá a Alejandro Maldonado la existencia de una voz silenciosa de ese 46.68% de personas desapegadas a la oferta política ganadora.

NACE UNA SITUAción peculiar. En la última medición de Prensa Libre, su mayor atractivo (28% de los encuestados) es ser nuevo en política, y por lo tanto sin antecedentes. Y su principal desventaja, según otro 34%, es carecer de experiencia. En el caso de Sandra Torres, cuya carrera política parece haber terminado, su nota negativa mayor —26%— se refiere a considerarla vinculada a la corrupción, y su principal ventaja (para el 46%) es su apoyo a los programas sociales. Pero el 21% de los encuestados no pudo indicar una ventaja entre los oponentes (25% en el caso de Torres), y el 48% y 41%, respectivamente, supo señalar alguna desventaja de ambos. Se trataría entonces de un salto al vacío decidido por los participantes.

MORALES TIENE AHORA numerosas opciones. Dos de ellas son la necesidad de dar pruebas fehacientes de su independencia de sectores militares de una vieja guardia vinculada directamente con los gobiernos castrenses, o declararse abiertamente un civil con espíritu de soldado. Otra opción se refiere a su relación con la iglesia evangélica —sector difícil de determinar fuera de su calidad de “no católica”— con la cual sus vínculos llegaron al punto de haber logrado un foro donde se pudo vislumbrar por algunos una repetición del error cometido por Ríos Montt y Serrano, quienes mezclaron, a veces en forma grosera, a la religión con la política partidista. Son sólo dos de las dudas con las cuales está envuelto el mandatario electo ayer.

A LOS VOTANTES NO PAreció importarles la falta de un plan de gobierno o el riesgo de no poder hacer nada en el Congreso a causa de sus pocos diputados. No por eso deja de ser problema, porque además y debido a su insistencia en actuar en base a criterios cristianos —utilizada esta palabra en su verdadero sentido, no el políticamente correcto de hoy— cualquier mentira tendría mayores y serios efectos en su credibilidad. Y a partir de ahora ya no podrá evadir respuestas a preguntas directas, pero además debe estar preparado para recibirlas porque la prensa independiente continuará su tarea pesquisidora, de la cual él ha dado muestras de irritación. Tiene 78 días para entrar al gran teatro de la realidad nacional, donde la comedia no cabe.

SANDRA TORRES FUE VÍCtima de su pasado, cuando ejerció de facto la presidencia, en vista de la poca capacidad de su entonces consorte. Representó al pasado, a esa etapa de cuatro gobiernos integrados por personas cada vez peores por su aprovechamiento indebido de los puestos públicos. Por ello no sería lógico continuar en una participación política con el fin de reintentar llevarla a la primera magistratura. Podría hacerlo, pero sería contumacia. Tendrá mucho tiempo para buscar las razones para el fracaso de su trabajo, cuyas áreas oscuras entre los últimos ocho y cuatro años le granjearon una mala imagen: su derrota, además de personal y partidista, es simbólica, porque cierra un capítulo histórico de mal uso de la política y abre otro ojalá diferente.

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.

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