EDITORIAL

Buena diplomacia en Washington

Los embajadores guatemaltecos tienen tres formas de salir de sus puestos: por renuncia, por destitución y, la tercera, por remoción, una forma elegante de dejar un puesto, a veces a petición propia. Por aparte, las despedidas diplomáticas significan que el país anfitrión y los colegas del cuerpo diplomático tienen una buena imagen del trabajo realizado.

Este fin de semana terminará, por remoción, la permanencia como embajador en Washington de alguien que desempeñó bien su tarea y que debió encarar exitosamente varias crisis complejas y distintas. Se trata de Julio Ligorría Carballido, quien durante dos años representó al Estado de Guatemala ante la Casa Blanca, tiempo que declaró en su momento a este periódico que iba a estar al frente de la representación diplomática más importante del país.

El saliente embajador es un caso atípico dentro de la diplomacia guatemalteca. Ajeno al servicio público, su profesión por treinta años como consultor político y administrador de crisis a nivel internacional le dio una perspectiva diferente de lo que debía hacer una representación nacional ante Washington. Fue diferente en su forma de actuar, asumiendo una actitud proactiva para interactuar en salvaguarda de los intereses nacionales, actitud que se tornó en una silenciosa aprobación de sus detractores. Logró el Embajador representar a Guatemala tal y como otros países lo hacen, despojándose de la tímida discreción que ha caracterizado a muchos de sus antecesores, atreviéndose a tocar las puertas del Senado, del Congreso y de las diversas estructuras donde se juega la política que afecta nuestros intereses como país.

A su llegada, el senado estadounidense le pidió que se resolvieran unas 400 adopciones internacionales de niños guatemaltecos por familias de ese país, tema que fue resuelto con prontitud y apego a las leyes. Solo quedan por resolver cinco casos. Igual fue el tratamiento a la exigencia del poderoso Comité de Apropiaciones del Senado, que exigió a la banca multilateral que presionara a Guatemala por el tema del resarcimiento a las víctimas de Chixoy, acción que estaba pendiente y que ya quedó resuelta, gracias a las buenas influencias con el presidente de entonces, lo cual fue reconocido en el pleno del Senado por el senador Patrick Leahy.

Se sumó la inesperada crisis creada por los miles de niños migrantes no acompañados, la cual fue enfrentada por la Embajada guatemalteca asumiendo el liderazgo regional, de tal suerte que la semana pasada el embajador guatemalteco fue premiado, en ausencia, en Cancún, con el premio denominado Reed Latino 2015, por la forma rápida y correcta del manejo a esa crisis humanitaria.

Se unió además la crisis por la negativa inicial del gobierno anterior para extender el período de la Cicig y los escándalos de corrupción que dieron al traste con la ex vicepresidenta Roxana Baldetti y arrastraron a un importante grupo de funcionarios, entre ellos el presidente Otto Pérez Molina. A Ligorría le tocó un camino difícil, complejo, del cual salió con dignidad para él y el país. Washington aprecia al Embajador y se le dará una despedida en Blair House, residencia dedicada a hospedar y despedir a jefes de Estado, en una simbólica y merecida decisión.

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