Y es que, en virtud de la Primera Enmienda de la Constitución Estadounidense y la Libertad de Expresión, los responsables de esos centros no pueden hacer nada para impedir que los adultos usen los ordenadores para visualizar páginas de alto contenido sexual, informa el New York Post.
Por lo tanto, la idea es que alineadas a la Constitución norteamericana las bibliotecas públicas defienden la libertad de expresión y consideran que impedir el acceso a cualquier contenido estaría en contra de dicho principio.
Sin embargo, los opositores a la idea sostienen que así como la pornografía nunca formó parte de las colecciones “pre-internet” en papel tampoco debería poder verse a través de la computadora.