EDITORIAL
Tesoro de Rabinal
La única pieza sobreviviente de teatro prehispánico, la Danza del tun, más conocida como Rabinal Achí, volvió a celebrarse en la festividad patronal de San Pablo Rabinal, Baja Verapaz, gracias a la devoción y la perseverancia del grupo de artistas locales, empeñados en mantener viva esta herencia, que fue declarada patrimonio cultural de la nación en el 2004 e inscrita en el 2008 en la Lista del Patrimonio Cultural de la Humanidad de la Unesco.
Aunque esta obra data de antes de la Conquista y representa el acre conflicto político entre los quichés y los rabinaleb, sus mayores enemigos actuales son el tiempo y la falta de recursos, puesto que el apoyo estatal se limita a promocionarlo en algunas redes sociales, mas no existen planes serios de divulgación previa para atraer a más visitantes que admiren su ceremonioso desarrollo.
Jaguares, águilas y doncellas bailan junto al príncipe sentenciado a muerte, pero a quien se le ha dado permiso para ir a despedirse de sus familiares, de sus ríos y de sus montañas, en un argumento que reúne valiosos indicios de la cosmovisión maya prácticamente imposibles de conocer con tanta originalidad a través de otros testimonios.
Cabe señalar que varios investigadores se han ocupado de estudiar sus textos, desde la versión transcrita por el abate Brasseur de Borbourg, en 1856, hasta la más reciente edición facsimilar hecha por el antropólogo francés Alain Breton y presentada en Guatemala a finales del 2019. Los comentarios coinciden en resaltar la inmensa riqueza que encierra cada frase, cada símbolo y cada coreografía, lo cual podría merecer no solo mayor promoción, sino también fomentar que más estudiantes conozcan su contenido o crear becas oficiales de investigación al respecto. Ciertamente la invitación no es a banalizar o convertir en simple objeto folclórico esta joya identitaria, sino a documentar, difundir y proteger su integridad; por supuesto, con la participación de sus actuales custodios y protagonistas.
Por otra parte, se hace necesario que un pueblo tan emblemático como Rabinal forme parte de las prioridades nacionales no solo en el campo del turismo, sino en planes de mayor productividad, mejoras en infraestructura y desarrollo educativo. Por ejemplo, existe una carretera asfaltada vía Salamá, pero la más corta desde la capital aún tiene varios tramos de terracería, algunos en muy mal estado, y que de ser optimizada podría facilitar el comercio y la llegada de más visitantes.
También existen otras danzas ancestrales mayas que corren el riesgo de perderse a causa de la transculturización, el abandono, las rupturas generacionales y la falta de apoyo de los gobiernos locales o centrales, que son corresponsables de su conservación. Es precisamente por ello que la declaratoria de patrimonio cultural no puede ni debe ser una etiqueta que se reparta antojadizamente como un galardón o una concesión política para congraciarse con ciertos grupos. Se trata de un compromiso ético, histórico y académico que implica el fomento de esfuerzos intelectuales y económicos para preservar las auténticas raíces del mosaico cultural guatemalteco.