EDITORIAL
Península de esperanza
En su conformación geográfica, Guatemala tiene una sola península y es llamada Punta de Manabique, esa formación natural tan característica del mapa nacional y a la vez tan poco conocida debido al difícil acceso, la ausencia del Estado y el clima agreste. Es área limítrofe con Honduras, país con el cual se comparte un verdadero paraíso, una joya natural que se intenta preservar para las futuras generaciones a través de un proyecto que ha recibido apoyo del programa Euroclima, de la Unión Europea.
El objetivo es claro: crear el primer corredor biológico binacional, un proyecto que involucra a una veintena de comunidades en las cuales habitan entre 6 y 7 mil personas, que se dedican mayoritariamente a la agricultura y el aprovechamiento forestal. Tales actividades tenían una incidencia creciente en el deterioro ecológico de esta zona protegida, lo cual a su vez no marcaba mejores posibilidades de desarrollo. Es así como surge la iniciativa de capacitar a los comunitarios en la restauración del bosque tropical, incentivos forestales, ecoturismo y aprovechamiento sostenible de recursos.
La región de Punta de Manabique fue, en tiempos coloniales, un territorio explorado con la intención de establecer allí un puerto marítimo debido a su posición estratégica. Sin embargo, no fue posible debido al difícil acceso por tierra, sobre todo por las intensas lluvias y terrenos pantanosos. En el siglo XIX hubo nuevos intentos por trazar un canal que permitiera el traslado de trozas de madera, pero tampoco tuvo viabilidad. Dicha aventura tuvo, valga decirlo, un sorprendente hallazgo. Durante el dragado de un canal entre San Francisco del Mar y la bahía La Graciosa, el ingeniero holandés J. A. van Braam encontró una tablilla de jade con la efigie grabada de un gobernante, y en el envés, glifos que hacían referencia al año 3113 antes de Cristo: la más antigua datación de calendario maya conocida hasta la fecha. Se desconoce cómo llegó hasta allí tal pieza, pero deja entrever que desde tiempos prehispánicos esa región era ya escenario de intensa actividad de comercio y ocupación.
No obstante, en aquel tiempo se calcula que el 70% del país tenía cobertura boscosa, una proporción que hoy se ha reducido a la mitad y sigue disminuyendo. Se hace necesario proteger los pulmones sobrevivientes como Punta de Manabique, la Biosfera Maya, Sierra de las Minas y los remanentes de bosque repartidos en el altiplano occidental.
En el caso específico de Manabique, abarca un área de 151 mil hectáreas, con gran riqueza de flora y fauna, que podría ser un verdadero imán de ecoturismo, una península de esperanza en el desarrollo sostenible, bajo la modalidad de experiencias comunitarias, pero con altos estándares de servicio, para lo cual es necesaria la capacitación constante, la inversión en infraestructura básica de atracaderos y el fortalecimiento de la vigilancia ambiental y policial. Sin embargo, hay que decirlo, para cubrir un área de 151 mil hectáreas, este proyecto solo cuenta con 12 guardabosques. El aporte europeo implica un reto para las autoridades que tanto presumen la riqueza natural del país en foros extranjeros. Es tiempo de hacer cosas diferentes para resultados mejores.