El 2020 es el año de las mujeres

En 1995 se acordaron compromisos de alcance histórico para el empoderamiento de las mujeres y las niñas y para la igualdad de género. Adriana Quiñones, representante de País, ONU Mujeres Guatemala, hizo este análisis especial para Prensa Libre.

Cientos de mujeres participan en una marcha para conmemorar el Día Internacional de la Mujer en la ciudad de Guatemala, este 8 de marzo de 2020. (Foto Prensa Libre: Esbin García).
Cientos de mujeres participan en una marcha para conmemorar el Día Internacional de la Mujer en la ciudad de Guatemala, este 8 de marzo de 2020. (Foto Prensa Libre: Esbin García).

A 25 años de uno de los más importantes hitos para el avance de los derechos de las mujeres a nivel global –la Plataforma de Acción de Beijing– las guatemaltecas han enfrentado un doble desafío.

Primero, han utilizado sus experiencias, conocimientos y luchas para generar importantes contribuciones a la agenda global por los derechos de las mujeres, con contribuciones innovadoras en ámbitos como la construcción de paz y la respuesta integral a la violencia contra las mujeres. Pero, y al mismo tiempo, siguen enfrentando importantes obstáculos que les impiden vivir, en su día a día, la igualdad de oportunidades que dichas agendas globales prometen y que todavía no se materializan en el país.

En el marco del Día Internacional de la Mujer, 8 de marzo, es importante valorar estos esfuerzos y apalancarlos para construir un futuro de justicia para todas las mujeres y niñas, garantizando al mismo tiempo que el país cuente con los cimientos para construir desarrollo para sus familias, comunidades y la sociedad en su conjunto.

Son derechos humanos

 

En la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en septiembre de 1995, representantes de Guatemala y otros 188 países lograron, después de intensos debates, acordar compromisos de alcance histórico para el empoderamiento de las mujeres y las niñas y para la igualdad de género.

Como resultado, la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing fueron adoptadas como el consenso global para la promoción de los derechos de las mujeres, un instrumento que reconoce que la plena realización de los derechos de las mujeres y las niñas es piedra angular del desarrollo, la democracia y la paz.

En la Declaración, los gobiernos se comprometieron a “garantizar a todas las mujeres y las niñas todos los derechos humanos y libertades fundamentales, y tomar medidas eficaces contra las violaciones de esos derechos y libertades; adoptar las medidas que sean necesarias para eliminar todas las formas de discriminación contra las mujeres y las niñas, así como suprimir todos los obstáculos a la igualdad de género y al adelanto y potenciación del papel de la mujer”.

La Plataforma fue la manera en que la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) –que ha sido llamada la carta magna de las mujeres– pudiera contar con su propia ruta de acción. Y con una asistencia sin precedentes –más de 17 mil en espacios oficiales y más de 30 mil en espacios paralelos–, Beijing fue un espacio verdaderamente histórico en el reconocimiento del papel que tienen las mujeres como requisito para cumplir con las aspiraciones de desarrollo de los países.

Beijing permitió que las activistas de todo el mundo sumaran esfuerzos, que pudieran acercarse a los Estados para desarrollar mecanismos nacionales para el adelanto de las mujeres, desde el Ejecutivo, a través de comisiones legislativas, o direcciones en dependencias especializadas en la administración pública y el poder judicial. La premisa era y sigue siendo que los derechos de las mujeres son, simplemente, derechos humanos, y los avances que se han generado desde entonces demuestran que el compromiso político permite generar mejoras sustanciales en la vida de las mujeres y niñas.

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Construcción de paz

 

Cada país ha traducido la plataforma en cambios concretos específicos a su contexto.

Una de las contribuciones más importantes de los movimientos de mujeres en el país parte de la demanda pública de mujeres sobrevivientes del conflicto armado por el respeto a los derechos humanos. Las mujeres guatemaltecas han destacado por su liderazgo en los procesos de diálogo, negociación y construcción de paz, promovidos por organizaciones que surgen a mediados de los años noventa.

Beijing estableció en 1995 que “La paz local, nacional, regional y mundial es alcanzable y está inextricablemente vinculada al adelanto de la mujer, que constituye una fuerza fundamental para la dirección de la comunidad, la solución de conflictos y la promoción de una paz duradera a todos los niveles”, un hecho que mujeres guatemaltecas como las Abuelas de Sepur Zarco han constatado con sus esfuerzos de construcción de la justicia.

Tras finalizar los 36 años de conflicto en Guatemala, mujeres q’eqchi’es que vivían en una pequeña comunidad cercana al puesto avanzado de Sepur Zarco reclamaron la violación sistemática y la explotación y esclavitud a la que fueron sometidas, además de la desaparición, detención o asesinato de sus maridos y familiares.

Este no fue un proceso sencillo, porque para las mujeres afectadas implicó un proceso de sanación personal, primero, y posteriormente un proceso de organización y diálogo colectivo que derivó en la judicialización de su caso y el uso de su voz y testimonio para buscar justicia.

En 2016, este caso sin precedentes concluyó no solo con una sentencia que reconoce los hechos ocurridos, sino con la concesión de dieciocho medidas de reparación transformadora para las sobrevivientes y su comunidad. Para las Abuelas, como para muchos de los movimientos que han traducido la Plataforma de Beijing a cambios reales en la vida de sus comunidades, la justicia pasa por establecer la verdad y demandar que lo ocurrido no se repita, pero también incluye una demanda por realmente “vivir la justicia”: garantizar educación para las niñas y niños de su comunidad, acceso a la tierra, a la salud y poner fin a la pobreza extrema que su comunidad ha sufrido durante generaciones.

Dicho de otro modo, subsanar las desigualdades es un medio para alcanzar la paz y también el resultado de los esfuerzos por construirla.

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Llamado

 

Otra contribución igualmente relevante ha sido la de visibilizar la violencia contra las mujeres y colocar en la agenda pública la respuesta integral que debe ofrecerse ante este tipo específico de violencia, basada en las desigualdades que existen entre hombres y mujeres.

A raíz de varios casos paradigmáticos de violencia, los movimientos empezaron a construir propuestas para sancionar, atender, investigar y prevenir delitos como el femicidio y otras formas de violencia contra las mujeres. Articularon con las entidades estatales y las diputadas al Congreso la consolidación de un contingente de mujeres que apoyaban la adopción de la Ley contra el Femicidio y Otras Formas de Violencia Contra las Mujeres, que se aprueba en 2008 y que se acompaña de otros instrumentos de última generación para el avance de los derechos de las mujeres.

Fue un momento clave en la historia, que se basó en las necesidades particulares que se identificaron a través de casos como los de María Isabel Véliz Franco, Claudina Isabel Velásquez Paiz y otros, así como de la ruta crítica que sus familiares siguieron en la búsqueda de la justicia, y que abordan la suma de obstáculos que el propio Estado debe atender para tratar con la debida diligencia, pertinencia y respeto adecuado a las distintas formas de violencia contra la mujer que ocurren en el país.

De este paquete de leyes, que responde a las exigencias actuales y a los avances en materia de derecho penal, se desprende el establecimiento de mecanismos institucionales para el abordaje del femicidio y otras formas de violencia contra las mujeres, como lo son los Órganos Jurisdiccionales Especializados en Femicidio, otras formas de Violencia contra la Mujer, Violencia Sexual, Explotación y Trata de Personas, y propuestas como el Modelo de protocolo latinoamericano de investigación de las muertes violentas de mujeres por razones de género (femicidio), que es un aporte guatemalteco para fortalecer la investigación penal sobre estos casos en toda Iberoamérica.

Más de siete millones de mujeres hay en Guatemala, según el Censo 2018. (Foto Prensa Libre: Esbin García)

 

Esto colocó a Guatemala en un sitio de vanguardia con relación a las leyes para la sanción de la violencia contra las mujeres en el mundo que, como se enuncia en la Plataforma de Acción de Beijing, impide el logro de los objetivos de igualdad, desarrollo y paz, y además vulnera, menoscaba o impide a las mujeres gozar de sus derechos y libertades fundamentales.

Generación Igualdad

 

Si bien hay avances destacables para garantizar los derechos de las mujeres, el aniversario de la Plataforma de Acción de Beijing es un momento clave para tomar pulso a los desafíos que todavía deben enfrentarse y que impiden que la igualdad sea una realidad palpable para muchas mujeres.

Tenemos a más de la mitad de las mujeres guatemaltecas por fuera de los mercados laborales, con apenas 40% de participación en la fuerza laboral. Ganan menos que los hombres en casi todos los ámbitos –una situación que se agrava cuando vemos la situación de las mujeres rurales y mujeres indígenas. Y es más probable que trabajen en empleos más vulnerables e inseguros, donde no tienen acceso a seguridad social ni salario mínimo, colocándoles en una situación más vulnerable a ellas y a sus familias.

En América Latina, en 19 países en los que se han realizado encuestas, las mujeres invierten el doble o triple de horas que los hombres en el trabajo no remunerado.

Además, Guatemala ocupa el puesto 18 —de 19— entre países latinoamericanos en participación política de mujeres. En la última elección, fueron electas solo 31 mujeres como diputadas al Congreso, 19.38% de las 160 curules. En los mismos comicios se eligió a 3.2% de mujeres alcaldesas, con 11 mujeres electas en 340 municipios.

Fortalecer su liderazgo en espacios de toma de decisión es crucial para atender la situación de las mujeres y escalar el impacto de sus contribuciones a nivel social.

Poner fin a la desigualdad, incluyendo la que existe entre hombres y mujeres, es un requisito para que los países avancen hacia el desarrollo sostenible. No hacerlo está frenando el cumplimiento de estos objetivos, no solo impidiendo el cumplimiento de las metas que más directamente dependen del empoderamiento de las mujeres, como la reducción de la violencia contra las mujeres, la prevención de los embarazos adolescentes y la mejora de la salud materna.

La violencia es uno de los flagelos que enfrenta la mujer Guatemalteca. En la fotografía una protesta en contra de los femicidios y otras formas de violencia contra la mujer. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL).

 

Al permitir que las mujeres sigan viviendo con enormes desigualdades, que les impiden aprovechar la totalidad de su potencial y de las oportunidades para mejorar su nivel de vida, la sociedad está desaprovechando los talentos y capacidades de la mitad de la población y, sin saberlo, perpetúa la violencia contra ellas en todas sus formas.

Es por ello que, en 2020, ONU Mujeres hace un llamado a todos los sectores sociales a reconocer la lentitud de los avances por la igualdad y el empoderamiento de las mujeres.

A nivel global, ha llamado a renovar los compromisos y articular el trabajo de las mujeres y sus organizaciones, con los hombres, las personas jóvenes, los Estados, la sociedad civil, el sector privado y todo el sistema de las Naciones Unidas para impulsar acciones que permitan generar avances irreversibles y transformadores por este objetivo común en los próximos cinco años.

A esto lo ha llamado la “Generación Igualdad” y pasa por la constitución de Coaliciones para la Acción que generen una ruta crítica de acciones para generar resultados.

En Guatemala, esto se traduce a que las mujeres pioneras que han contribuido a la generación de agendas globales por sus derechos humanos puedan también vivir mejor, con pleno goce de sus derechos y en condiciones de igualdad.

Fortaleza económica

 

Para llevar las historias y contribuciones de las mujeres guatemaltecas en los Foros de Generación Igualdad, es importante que todos los sectores que han promovido esfuerzos para facilitar el empoderamiento de las guatemaltecas se articulen y coordinen de mejor manera, para generar sinergias y facilitar avances acelerados e irreversibles.

De ahí que ONU Mujeres felicita el lanzamiento de la Coalición Nacional para el Empoderamiento Económico de las Mujeres, anunciada el pasado 5 de marzo, y con el que el Gobierno renueva su compromiso con colocar a las mujeres, niñas y adolescentes guatemaltecas al centro de su agenda de desarrollo.

Esta Coalición tiene tres ejes principales donde pueden generarse resultados de forma acelerada y con un impacto importante en la vida y autonomía de las mujeres guatemaltecas.

Su primer eje busca generar oportunidades económicas para las mujeres en los negocios, la empresarialidad y el empleo. De esta manera, se persigue ampliar el acceso a recursos productivos, a financiamiento, y a vincular los negocios liderados por mujeres con mejores oportunidades para crecer, escalar y participar más activamente en la generación de impacto social en sus comunidades.

Un segundo eje es el de la capacitación y educación técnica para el trabajo. No es grato ver cómo la brecha salarial entre hombres y mujeres es a nivel global de 23% y, en Guatemala, alcanza hasta 32%, por lo que se buscará facilitar la vinculación de mujeres con oficios no tradicionales que les permitan generar mayores recursos para sus familias.

Por ello es importante lograr una oferta de servicios de desarrollo de sus capacidades y habilidades, que a su vez les permitan participar en una economía dinámica y con oportunidades de crecimiento más sostenibles.

Finalmente, un tercer eje busca generar un balance entre la distribución del tiempo para aprovechar el potencial de cada una de las personas, estableciendo un sistema integral de cuidados para niños y dependientes, con el objetivo de que las mujeres puedan participar en la actividad económica plenamente.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Empleo e Ingresos de 2018, las mujeres ocupan su tiempo desproporcionadamente en actividades sin remuneración.

Estas incluyen el cuidado de enfermos (80% de mujeres), de adultos mayores (58%) y niños (93%), así como a los quehaceres del hogar (93%). Balancear de manera más equitativa el reparto de estas importantes cargas de trabajo, que a menudo no se reconocen ni valoran, también es una inversión estratégica para toda la familia, no sólo para las mujeres.

El Secretario General de las Naciones Unidas ha declarado que apoyar el progreso más rápido de las mujeres no es solo moralmente correcto, sino que la igualdad de género debe verse como requisito y como resultado del desarrollo sostenible en sus ámbitos económico, social y ambiental.

Y en un discurso reciente le añadió un carácter de urgencia y justicia, diciendo que “así como la esclavitud y el colonialismo fueron una mancha en siglos anteriores, la desigualdad de las mujeres debería avergonzarnos a todos en el siglo XXI”.

En el año de Generación Igualdad, trabajemos para cerrar las brechas entre hombres y mujeres, no solo cumpliendo una deuda histórica con las mujeres que han sostenido familias, comunidades y países enteros en sus hombros, sino visibilizando su riqueza y aprovechando todo su potencial.