Lustradora quetzalteca le saca brillo a la vida al superar adversidades

Ingrid Marisol Galindo Salguero, de 37 años, lustra zapatos en el parque central de Quetzaltenango, donde es conocida por la amabilidad con la que atiende a sus clientes y donde también llama la atención de quienes creen que ese trabajo es exclusivo de los hombres.

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Ingrid Marisol Galindo Salguero lustra zapatos en el parque central de Quetzaltenango, actividad con la que lleva el sustento para sus tres hijos. (Foto Prensa Libre: María José Longo)
Ingrid Marisol Galindo Salguero lustra zapatos en el parque central de Quetzaltenango, actividad con la que lleva el sustento para sus tres hijos. (Foto Prensa Libre: María José Longo)

Galindo trabaja de 8.30 a 14 horas y durante ese tiempo comparte espacio con otros 15 lustradores, todos hombres. Todos los días viaja en bus 13 kilómetros desde Cantel, para llevar a su puesto de trabajo.


Recuerda que en principio era ama de casa, pero hace unos años enviudó y se vio en la necesidad de buscar un trabajo.
“Busqué algo formal, pero no encontré, las personas se fijan mucho en el físico antes que en el deseo que uno tiene de trabajar”, dijo Galindo.

Ante la falta de ofertas laborales, su padre le cedió su puesto de lustrador en los horarios antes descritos, lo que ella tomó como un retó que decidió enfrentar, pues de sus ingresos dependen sus tres hijos.
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“Me crie a la par de mi papá, así que cuando tuve la oportunidad la aproveche, hay personas que discriminan y no les gusta que una mujer les lustre, pero otras me felicitan por mi trabajando”, dijo Galindo.

Reconoce que ser parte de los trabajadores informales es difícil, principalmente porque no tiene un ingreso económico seguro. “Algunos días son Q35 y otros Q50 -los que gana-”, dijo Galindo, mientras daba brillo a los zapatos de uno de sus clientes.

Ese dinero lo invierte en la educación, alimentación y otros gastos de sus tres hijos adolescentes. “No es suficiente, no alcanza, y por eso cuando hay oportunidad también descargo camiones, lavo carros, cargo bultos de maíz y papa y apoyo en mudanzas”, comentó.
 
Agregó que está agradecida por tener la oportunidad de trabajar en el parque, aunque le gustaría gozar de un salario mensual estable, seguro social o una pensión para cuando muera, pues está enferma del corazón y le preocupa el futuro de sus hijos de 12, 13 y 15 años.
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“Me gustaría que ellos tuvieran un futuro diferente, que estén mejor, con buen trabajo, que sean médicos o ingenieros. A pesar de las limitaciones ellos estudian, porque sueño muchas cosas buenas para mis hijos”, comentó Galindo.

Mientras Galindo lustrar zapatos, su padre vende periódicos y su madre frutas en bolsa.

“Cuando no hay trabajo lloro, porque algunos días mis hijos quisieran comer pollo, pero no puedo dárselos”, relató Galindo, quien asegura que lo más importare es saber afrontar las dificultades de la vida para salir adelante y ser feliz.
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Galindo dice que, aunque muchas personas admiran su esfuerzo, hay quienes la critican, porque junto a sus padres trabajan en el parque.

“Dicen que parece un mercado, pero qué vamos a hacer si tenemos necesidad”, dijo Galindo.

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