A Solskjaer siempre le quedará su mágica noche en París

El 6 de marzo de 2019 el Manchester United firmó, sin ellos saberlo, una especie de condena para sus intereses a medio plazo. Esa noche, en un partido rocambolesco, eliminaron al París Saint Germain de la Liga de Campeones, lo que le valió a Ole Gunnar Solskjaer su fichaje como técnico permanente, y al equipo un periodo de muchas sombras y pocas luces.

El noruego Ole Gunnar Solskjaer al final del duelo de UEFA Champions League ante el Paris Saint-Germain en el Parc des Princes. (Foto Prensa Libre: AFP)
El noruego Ole Gunnar Solskjaer al final del duelo de UEFA Champions League ante el Paris Saint-Germain en el Parc des Princes. (Foto Prensa Libre: AFP)

Aquella fue la mejor noche de Solskjaer como técnico de los ‘Diablos Rojos’ y precisamente fue la última antes de asumir el cargo. Comenzó a entrenarlos como entrenador interino tras el despido de José Mourinho a finales de diciembre de 2018, pero pocos confiaban en que se pudiera mantener mucho, dada la presión que existía sobre un United que ya por entonces sumaba seis años sin ganar la Premier.

Pero su estatus de leyenda, junto a una permanente sensación de que siempre se salvaba en el último minuto y cuando más lo necesitaba, justo como en su etapa de jugador, le aferraba al banquillo. Así ha sido capaz de esquivar durante casi tres años los cuchillos que le apuntaban y le señalaban como una de las causas por las que el Manchester United, pese a las inversiones de los últimos años, ha sido incapaz de dar el paso adelante que sí han logrado sus máximos rivales del Manchester City, con Pep Guardiola, el Liverpool, con Jürgen Klopp, y el Chelsea, con Thomas Tuchel.

Todos ellos confiaron en grandes entrenadores y todos ellos han llegado al éxito. El United no. Como si les diera pena tomar la decisión de expulsar al hombre que les dio la Copa de Europa del Camp Nou ante el Bayern de Múnich. Interpusieron lo sentimental antes que lo deportivo y el equipo ha sido incapaz de lograr lo que se le requiere al Manchester United. Competir y títulos.

Su falta de mano en la estrategia y la sensación de que no existía un plan B ni una forma de jugar definida mostraban las carencias del técnico, que se veía más cómodo con el equipo por detrás en el marcador, lo que le permitía lanzar todo su poderío en ataque contra la meta del rival. Así se libró de un posible despido cuando Old Trafford les abucheaba al descanso de un partido que cedían con el Atalanta por 0-2.

Peor fue el 0-5 contra el Liverpool hace unas semanas, por la humillación que supuso, o el 0-2 contra el Manchester City previo al parón internacional, por la impotencia de medirse a un equipo al que no sabes ni cómo meter mano. Solskjaer ya estaba sentenciado tras ese duelo. No podía ser que el United, perdiendo 0-2 en casa y con 45 minutos por delante, fuera incapaz de disparar una sola vez a portería.

Ni siquiera el efecto Cristiano Ronaldo, que le ha salvado la cabeza en varias ocasiones, ni los fichajes de relumbrón como Raphael Varane y Jadon Sancho, al que ha maltratado en el banquillo, han girado el rumbo de un Solskjaer que ha sido un entrenador de rachas. Acumulaba varios partidos malos, se salvaba por un chispazo y vuelta a empezar. Tampoco tener el apoyo y respecto de los jugadores ha actuado como salvavidas.

Las palabras de David de Gea este sábado, tras la derrota por 4-1 contra el Watford, le dejaban completamente roto. “He sentido vergüenza. El Manchester United no puede jugar así”, dijo el español.

Por no querer despedir a Solskjaer antes, el United ya perdió la oportunidad de firmar a Mauricio Pochettino antes de que este se fuera al PSG. También vio pasar a Antonio Conte, que finalmente se fue al Tottenham Hotspur. Esta vez por fin se decidieron a dar el paso adelante, justo cuando no hay ningún entrenador de gran nombre en el mercado y el que hay, Zinedine Zidane, no parece dispuesto a venir.

Así terminan los tres años de Solskjaer en Old Trafford, tres años que amenazan su estatus de leyenda del club y que ponen una interrogación, otra más, sobre la gestión del equipo por parte de la directiva y de la familia ‘Glazer’.

Y todo porque aquel 6 de marzo, el disparo de Diogo Dalot pegó en la mano de Presnel Kimpembe y Marcus Rashford marcó desde el punto de penalti. Lo que aquel día celebraron los ‘Diablos Rojos’, clasificarse a cuartos de final y eliminar a un gran rival como el PSG, una especie de vuelta a la gloria, fue en realidad un caramelo envenenado. Una sentencia a medio plazo. A Solskjaer, al menos, siempre le quedará aquella noche en París.