Fútbol Nacional
De madrugar en Cobán a brillar en Liga Nacional: la historia de Diego Chen Chocooj
Entre estudios, sacrificios y madrugadas silenciosas, Diego Chen, jugador de Cobán Imperial, construye un camino de disciplina y esperanza que inspira a toda una generación.
Diego Chén ha sido muy disciplinado para poder sobresalir académicamente como con su club Cobán Imperial. (Foto Prensa Libre: Douglas Suruy Franco).
Todos los días, cuando la neblina aún abraza las montañas de Cobán y el aroma a café empieza a colarse por las calles, Diego Chen Chocooj ya está de pie. La cabecera altaverapacense apenas despierta y él ya persigue su sueño. Antes de que salga el sol, su jornada comienza con una convicción silenciosa, pero poderosa: superarse. No solo como futbolista, sino como estudiante, como hijo y como ejemplo para otros jóvenes que miran el balón como una esperanza.
Su historia no se escribe únicamente con goles, sino con madrugadas, sacrificios y una voluntad que no se dobla. Desde los 5 años se prometió llegar a ser profesional. A esa edad en la que muchos sueñan sin medida, Diego decidió creer en serio. Y el 2 de noviembre del 2025, ese niño encontró recompensa cuando debutó en la Liga Nacional con Aurora, respaldado por la confianza del técnico Sebastián Bini.
“Gracias a Dios, después de cumplir varias etapas, tuve la oportunidad de debutar en la Liga Nacional. Es algo que le agradezco al profesor Sebastián Bini por darme la confianza. Ese día contra Aurora quedó como un momento especial”, recuerda con gratitud.
Se consolida
La llegada del uruguayo Martín García no cambió su esencia: la fortaleció. Diego no quiso quedarse con la etiqueta de promesa. Trabajó en silencio, se ganó un lugar en el once titular y comenzó a cumplir el sueño de sus padres, quienes siempre creyeron antes que nadie.
“Desde muy niño me nació el sueño de ser futbolista profesional, sobre todo para cumplir el sueño de mis padres, que querían ver a uno de sus hijos jugar en el equipo de sus amores. Gracias a Dios, juntos lo estamos cumpliendo”, compartió con emoción.
Su primer gol, contra el campeón Antigua GFC, en la contundente victoria 5-1, no fue solo un festejo más. Fue la confirmación de que la perseverancia da frutos. “Gracias a Dios, ya tuve la oportunidad de anotar mi primer gol. Fue algo muy especial, y agradezco a los profesores y a mis compañeros por la confianza para sentirme cómodo y dar lo mejor de mí”, afirma.
Disciplinado
Pero su grandeza no termina cuando sale del estadio. Entre entrenamientos y viajes, cursa el quinto de Perito Contador en la Escuela Nacional de Ciencias Comerciales. Sabe que el futbol puede ser pasajero, y por eso abraza los estudios con la misma disciplina.
“Yo sé que el futbol no es para siempre y debo prepararme. Sueño con ser un gran empresario. Agradezco a mis profesores por apoyarme cuando debo salir a entrenar y al club por motivarme a no dejar los estudios. Gracias a Dios, me está yendo bien en ambos lados”, dice convencido.
Su camino incluyó procesos juveniles en Cobán Imperial y un paso formativo por Deportivo Carchá, donde debutó en la Liga Segunda División con 17 años. Cada etapa fue una prueba superada; cada obstáculo, una lección.

Buen hijo
En casa también aprendió el verdadero significado del esfuerzo. Ayuda a su padre, Rolando, en la venta de pilas, cemento y pisos, y acompaña a su madre, Olga Marina, quien trabaja en una tortillería, incluso llevando la masa al molino. Allí, lejos de las cámaras, se forja su carácter.
“Es un gusto ayudar a mis padres. Gracias a Dios, hemos salido adelante, y por mi parte seguiré luchando por ellos”, comenta, con humildad.
Prensa Libre lo acompañó desde la salida de clases hasta el estadio José Ángel Rossi para el duelo contre Municipal. Entre abrazos, sonrisas y palabras de aliento de maestros y compañeros, quedó claro que Diego no solo representa a un club, sino a una comunidad que ve en él un ejemplo de constancia y esperanza.
Sueña con vestir la camisola de la Selección Nacional de Guatemala y, algún día, jugar en el extranjero. Pero mientras ese futuro llega, su presente es trabajo, fe y disciplina. Diego Chen Chocooj demuestra que la superación no es un golpe de suerte, sino una decisión diaria; que la resiliencia no se anuncia: se vive.


