La sana administración de nuestras economías personales y/o nuestra(s) empresas(s), en el largo plazo, indiscutiblemente, da buenos frutos; es posible que afrontemos épocas difíciles, nuestra tesorería se apriete e incluso sufra algún menoscabo nuestro patrimonio, pero si hemos sido previsores y muy responsables en nuestras decisiones, lo más probable es que salgamos del temporal bache, y finalmente emerjamos con éxito.
Este proceso y esta relación de causa-efecto, se repite también en las naciones, de hecho no se han registrado crisis económicas de larga duración que no tengan explicación o causas, es decir el colapso de una economía, el empobrecimiento de su pueblo, las crisis, están siempre vinculadas a gestiones erróneas, malas decisiones, irresponsabilidad y negligencia.
Sobre el particular, resulta paradójico que mientras una irresponsable administración de los recursos económicos de una familia produce divorcios, y una relajada gestión gerencial produce despidos, los responsables de las pérdidas masivas, generadas por pésimas gestiones económicas de país, nunca pagan la factura, más bien permanecen impunes sin ningún castigo, y ello provoca que gobierno tras gobierno, la calidad de los servidores públicos -en su mayoría- sea precaria.
Normalmente las gestiones económicas, permanecen parcialmente ocultas, pues los tecnócratas y políticos a cargo, deciden que es lo que conviene mostrar al gran público y por ende también, que conviene ocultar.
De esa cuenta, no sería raro que si se preguntase a los guatemaltecos que saben de la economía de su país, la mayoría se refiera solamente a cosas como: tasas de interés, inflación, tipo de cambio, impuestos crecientes y precios de los combustibles.
¿Por qué ocurre esto? Pues simplemente porque esos son los temas tratados a luz pública por los burócratas, eso es lo que conviene políticamente hablando.
Ahora bien, todos sabemos que el seguimiento a las variables indicadas, no representa dar seguimiento o conocer como está realmente la economía, por el contrario, una administración seria y una divulgación responsable, debiera poner al guatemalteco interesado en informarse, en un contexto económico, mucho más real de su país.
Uno de los temas que permanece oculto para las mayorías y empezaremos a tratar hoy, es la evolución de nuestra balanza comercial.
De acuerdo a la gráfica, mientras se refleja un crecimiento moderado de nuestras exportaciones, las importaciones han crecido -en términos generales- de forma vigorosa, de allí surge el distanciamiento sostenido de las dos curvas que se pone de manifiesto en 1990 y se agudiza conforme pasan los años, provocando ya al finalizar el 2003, un saldo negativo que supera los US$ 3,500 millones.
Pero si esa es la magnitud de la disparidad ¿Por qué el fenómeno aparentemente no nos afecta? Y ¿Es realmente negativo este comportamiento o el país puede continuar siendo perpetuamente deficitario, sin afrontar ningún problema?
Es obvio que hasta ahora el indeseable desajuste no ha causado problemas, principalmente porque el nivel de Reservas Monetarias Internacionales sería suficiente para financiar más de cuatro meses de importaciones, lo cual de acuerdo a un criterio técnico indica que el nivel de reservas es adecuado, ahora bien, dejar allí el análisis es caer en lo simplista, por ello, en próxima oportunidad analizaremos, el origen del crecimiento de nuestras reservas, y también será necesario introducir en el análisis, el incremento de la deuda externa del país.
El gran tema es que la responsabilidad de la administración sana de una economía, implica la observancia, seguimiento y ajuste constante del panorama completo, pues éste es el que nos puede brindar la satisfacción de que estamos bien, o poner las luces amarillas necesarias para realizar ajustes… las facturas siempre se pagan.
-Presidente Certeza Consulting, S.A. www.certezaconsulting.com.