Áreas rurales son las más vulnerables ante la aparición del coronavirus en Guatemala

La pobreza, los altos niveles de desnutrición crónica en la población infantil, la falta de servicios básicos y de salud convierten a las poblaciones rurales en áreas vulnerables ante la aparición del nuevo coronavirus en Guatemala. Expertos recomiendan atenderlas sin demora.

Las poblaciones rurales están en mayor riesgo ante la aparición del covid-19 en Guatemala. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)
Las poblaciones rurales están en mayor riesgo ante la aparición del covid-19 en Guatemala. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

Las medias de restricción impuestas hasta ahora por el presidente Alejandro Giammattei en todo el país, como el cierre de fronteras y el aislamiento social, van encaminadas a contener la propagación del nuevo coronavirus en Guatemala. En Latinoamérica ya lo hacen países como Bolivia, Brasil, Costa Rica, Ecuador y El Salvador.

Ganar tiempo para ralentizar el contagio del covid-19 es necesario, pero la condición de pobreza en que vive seis de cada 10 guatemaltecos y la desnutrición crónica que afecta a uno de cada dos niños menores de cinco años, sumado a la falta de servicios de salud, principalmente en las áreas rurales, incrementa la vulnerabilidad del país para ganarle la batalla al virus, que ya cobró su primera víctima mortal, hay cinco casos confirmados y más de 300 personas en aislamiento.

Este es un virus nuevo y no se tiene una experiencia previa de cómo se comportará en el país, prácticamente estamos aprendiendo de él desde hace cuatro meses, cuando China anunció sus primeros casos en diciembre pasado.

“Podemos suponer que (en Guatemala) encuentra una población bastante amplia sobre la cual hacer efecto, sobre todo por las condiciones de pobreza en que vivimos, entonces, es probable que afecte a un grupo considerable de personas vulnerables”, indica el médico Alejandro Samayoa, experto en Inmunología y Microbiología.

Se tiene la creencia de que las personas de las áreas rurales no se verán afectadas por el nuevo coronavirus debido a que viajan poco al extranjero, sin embargo, esta población suele migrar a otros departamentos en busca de trabajo o viajan a la capital por negocios o comercio, lo que también las pone en riesgo, dice Hugo Icú, médico que colabora con la Asociación de Servicios Comunitarios de Salud (Asecsa).

En las áreas rurales, donde vive cerca de 6.87 millones de guatemaltecos -reporta el Censo Poblacional 2018-, la mayoría sufre entre ocho y nueve privaciones en promedio, según el Índice de Pobreza Multidimensional 2019, como acceso a servicios de salud, cuidado prenatal y acceso a agua.

La población que reside en las zonas lejanas a las urbes son las más vulnerables ante la aparición del covid-19. Aunque para la antropóloga Aura Cumes puede que tarde en llegar a las áreas rurales, ya que la mayoría de los casos en el mundo se han ubicado entre las grandes concentraciones de personas, cuando llegue, “la población indígena y rural” estaría en mayor riesgo, debido a que su condición de salud no es favorable para enfrentarse con eficacia a este nuevo virus.

Ese deterioro no solo es producto de la desnutrición crónica -alcanza niños y a población adulta-, el cual ocasiona que su sistema inmune esté débil, también contribuyen los padecimientos relacionados con afecciones respiratorias y digestivas, y enfermedades crónicas como la diabetes, que se encuentra entre las primeras causas de mortandad entre la población rural e indígena del país.

Atención cercana

En las aldeas, los caseríos, las comunidades que están escondidas entre las montañas, la atención primaria en salud se convierte, entonces, en la mejor herramienta para que la población no se contagie del covid-19. Sin embargo, este servicio tiene sus falencias y es necesario reforzarlo.

Las comunidades rurales “son quienes menos reciben servicios públicos, salud, educación, vivienda y eso se va a vislumbrar más en este momento. Han estado inaccesibles a servicios mínimos por cuestiones geográficos, pero también culturales, en donde el Estado no llega o llega poco y seguramente eso va a hacer mella en una crisis de esta naturaleza”, refiere Icú.

Según la Agenda de Desarrollo: Salud y Nutrición 2019, del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (Cien), los servicios de salud pública no cumplen con características clave como accesibilidad y cobertura. La entrega del servicio está fragmentada y segmentada, y son las zonas remotas rurales donde es más evidente.

Por cada 10 mil habitantes debería haber un centro de salud, proyección del Ministerio de Salud. De esa cuenta se requerirían 1 mil 490 centros a nivel nacional, debido a los 14.9 millones de habitantes que arrojó el último Censo Poblacional.

En el caso de los puestos de salud se necesitan alrededor de 5 mil, y hasta el año pasado se contaban 1 mil 223, de acuerdo al Sexto Monitoreo de la Venta de los Mil Días, de la Fundación para el Desarrollo de Guatemala (Fundesa). Una brecha de cerca del 80 por ciento para dar la cobertura necesaria en el área rural.

Cumes menciona que en el área rural los servicios de salud son precarios, no hay medicamentos, el personal es escaso y la distancia a las que están ubicados puede llevar a las personas a caminar entre una y hasta dos horas, tiempo medido por el monitoreo de la Fundación para el Desarrollo de Guatemala (Fundesa). Esto pone en riesgo la atención en una emergencia de Salud como la que enfrenta el país por el ingreso del covid-19.

La antropóloga también dice que en muchos lugares las personas acuden a los terapeutas mayas, con quienes resuelven muchos de sus problemas de salud, pero ellos también se encuentran ante un virus nuevo, y por lo tanto lo tratarán con las medidas que tienen a su alcance.

Enfocarse en la atención primaria en salud puede ayudar a que el impacto en la áreas rurales sea menor. Pero acá también se requiere de que el personal de salud se acerque a la población con mensajes en su lengua materna. “En este momento es necesario que haya una posibilidad de que la gente logre tener información en su mismo idioma”, refiere Cumes.

Icú dice que debido a que el coronavirus no tiene tratamiento, lo que hay que hacer en un primer momento es tener medidas de prevención, de promoción de la salud y con pertinencia cultura.

“El Sistema de Salud está organizado de manera desordenada y acá hay más plata y más esfuerzos en la atención tercería -hospitales-, en ese sentido hay poca inversión y atención en el nivel primario, y ante una situación como esta sí debería de haber una coordinación y armonía dentro de los factores de la salud comunitaria y también los recursos que se utilizan a nivel de la atención primaria en salud, pero desde las propias comunidades”, agrega Hugo Icu, médico que colabora con la Asociación de Servicios Comunitarios de Salud (Asecsa).

Frentes por cubrir

Una de las reiteradas recomendaciones por parte de las autoridades de Salud es el lavado de manos con agua y jabón, pero es en las áreas rurales donde el servicio es escaso.

Sin ir tan lejos de la capital, en poblaciones de El Progreso, hay lugares donde el vital líquido no llega a las casas hasta por espacio de tres meses. Uno de ellos es San Juan, en Sanarate.

“Se pide a la población que se tomen estas medidas y no hay agua, entonces, la gente se ve confrontada entre la realidad y las medidas que el Estado está pidiendo seguir”, dice Cumes. Ella es originaria de Chimaltenango, y allí también hay comunidades que no reciben el servicio con regularidad.

Son los gobiernos locales los que deben asumir la responsabilidad de suministrar el vital líquido a sus pobladores, dicen los expertos.

El Censo poblacional indica un promedio de 4.55 persona por hogar, aunque en las áreas rurales el número de habitantes en cada casa suele ser mayor.

Esto también podría complicar la propagación del virus, ante la medida de que se eviten los sitios hacinados, y podría representar un mayor riesgo para personas de tercera edad, que de acuerdo al comportamiento del covid-19 en los demás países esta es la población con alto índice de mortalidad.

En el país hay 837 mil 280 personas mayores de 65 años.

Samayoa señala que las medidas tomadas por el presidente Giammattei son apropiadas ante el aparecimiento del nuevo coronavirus en territorio nacional. Sin embargo, es necesario que cada guatemalteco se involucre y acate las recomendaciones hechas por las autoridades de gobierno, y aprender de lo que ha sucedió en otros países, como Italia y España, que viven una crisis aún cuando  estos países tiene un sistema de salud más fortalecido que el guatemalteco.

Para contener la tasa de infectividad lo más efectivo es el aislamiento y la protección persona”, refuerza el experto en Inmunología y Microbiología.

“Los que nos vuelve a recordar esta emergencia es que vivimos en una estructura complicada a la que es necesario colocarle atención. Ojalá que no ocurra, pero si llega el virus al área rural podría haber mayor posibilidad de muerte, incluso en niños”, reflexiona Aura Cumes, antropóloga.