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En el Corredor Seco se ven obligados a migrar

“Aquí todo, todo, todito se perdió”, dice Josefina Vásquez, una mujer que vive en una aldea de Jocotán, Chiquimula, al referirse al maíz y frijol que su familia sembró en mayo y que esperaba cosechar en septiembre, pero que se secó luego de una prolongada canícula. 

Por Sergio Morales

Los agricultores de ese municipio, así como del resto que se localizan en el Corredor Seco de Guatemala, ven con tristeza y preocupación cómo el sustento de sus familias fue fulminado por 52 días de ausencia de lluvia durante julio y agosto, y cómo muchos de sus integrantes han optado por la migración como la única alternativa para sobrevivir.

Tanto Josefina como otros pobladores de Potreros, aldea de Jocotán, coinciden en que toda la vida han sufrido por las sequías, pero que la del 2018 es la peor que han atravesado.

Antonio Pérez tiene un hijo que migró a EE. UU. Es otro agricultor de Jocotán y asegura que en Potreros algunas de las 160 familias que habitan la aldea —totalmente dependiente de la agricultura—  perdieron en algunos casos toda la cosecha. 

En años con lluvia normal, continúa explicando Pérez, produce 22 quintales de maíz que le alcanza para todo el año para las cinco personas que integran su núcleo familiar. Ahora solo obtendrá unos cinco quintales.

Pérez lamenta que los años previos al 2017 hubo tres seguidos en los que hubo sequía y los problemas se han acumulado. 

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Buscan soluciones

La desesperación de no tener comida hace que las familias busquen otras opciones. Primero venden sus animales, luego buscan trabajo en otras aldeas, comunidades y por último buscan viajar a EE. UU. 

“Lo que vemos acá es que la mayoría de las familias están migrando, mucha gente hacia Estados Unidos, para ayudarse, de lo contrario ¿qué hacen?”, se pregunta el agricultor.

Este campesino que lucha por salir adelante con su esposa y otros tres hijos cuenta que en Potreros “la mayoría de los hombres ya migró. Son pocos los que hay”, y ahora también están migrando mujeres y algunas con sus niños. 

Antonio Pérez, de la Aldea Potrero, en Jocotán, Chiquimula, muestra las pérdidas de sus cultivos luego de la canícula de este año. (Foto Prensa Libre: Erick Avila)
Antonio Pérez, de la Aldea Potrero, en Jocotán, Chiquimula, muestra las pérdidas de sus cultivos luego de la canícula de este año. (Foto Prensa Libre: Erick Avila)

Reconoce que la demanda por migrar ha disparado los montos que cobran los coyotes y de pedir Q35 mil en 2004 ahora hay quienes pagan hasta Q80 mil por intentar la travesía.

Las familias son pobres, por lo que conseguir el dinero para pagar al coyote tampoco es una tarea fácil y se lo juegan todo.

“Es penoso, pero la gente hipoteca su casa y por último su terrenito”, reconoce Pérez.

Lo lamentable, agrega, es cuando no logran llegar a EE. UU. “Aquí hay gente que no tiene donde vivir porque —los coyotes— les dan las tres oportunidades y si no logran pasar ahí se perdió todo”, dice.

El peor año

Josefina Vásquez preside el Consejo Comunitario de Desarrollo de Potreros. Tiene dos hijos que migraron a EE. UU. y coincidió con Pérez al indicar que la sequía del presente año es la peor que han sufrido.

Al consultarle qué harán las familias para salir adelante contesta con un sincero “no sé”.

Las esperanzas, por el momento, están puestas en que el frijol que sembraron a finales de agosto pueda cosecharse; sin embargo, aunque ese grano requiere menos agua que el maíz, temen que también se pierda porque restan muy pocos días para que finalice la época de lluvia y esta continúa irregular.

Vásquez considera que la migración hacia EE. UU. también se ha incrementado por las sequías prolongadas. “Por el momento estamos pensando cómo vamos a hacer para pasar este tiempo, sin cosechas, sin nada…”, dice. 

También en Jalapa

Calixto Agustín es un agricultor de Piedras Negras, San Pedro Pinula, Jalapa. Sentado en el corredor de su humilde vivienda de bajareque y piso de tierra, y acompañado de su esposa e hijos reconoce que la situación “está difícil”.

Agustín siembra en un terreno que renta en el vecino municipio de San Diego, Zacapa. Todos los días camina media hora por una angosta vereda para trabajar. Cuenta que las tierras de esa área son muy fértiles ya que dan dos cosechas al año, eso sí, todo depende de la lluvia. 

Este año ha sido uno de los más secos- Los pobladores de Piedras Negras y aldeas vecinas lo perdieron casi todo. En agosto sembraron de nuevo maíz, pero en septiembre llovió poco, por lo que, otra vez, la milpa está muy pequeña y si no llueve en octubre la cosecha se perderá otra vez.

El agricultor asegura que antes las sequías no eran tan seguidas. “Siempre ha afectado un año, y de ahí llueve seguido tres o cuatro, pero ahora cambió, está al revés porque un año llovió —2017— después de tres de sequía, y ahora —2018— otra vez no llueve”, se lamenta Agustín.

En Piedras Negras ante la falta de comida las familias también buscan huir de su pobreza, en busca de un lugar donde trabajar. 

Desde el 2014, justo cuando comenzaron los tres años seguidos de sequía, la gente comenzó a buscar nuevos horizontes, en EE. UU.

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“De Buena Vista y La Ceiba —otras aldeas de San Pedro Pinula— la gente se ha ido a EE. UU. porque ya no hay esperanza, ya que si se van a trabajar a otro lugar ganan muy poco”, expone Agustín.

Agustín indicó que, en estos días, un grupo de 70 personas partirá a EE. UU. algo que no ocurría en los años cuando la lluvia era regular.

Flavio Hernández, es un agricultor de Las Delicias, San Diego, Zacapa. También lamentó que pasará este año de cosechar 20 quintales a producir, si mucho, 25 libras.

“Aquí las tierras son buenas, pero con buen invierno”, sentencia Hernández.

Informe confirma auge

En 2017, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) elaboró un estudio que incluyó varios municipios del Corredor Seco de Guatemala, en donde anticipaba la tendencia a migrar a EE. UU. a causa de las sequías y el hambre.

El estudio explica que en el Corredor Seco se han reducido las oportunidades de empleo debido a la poca lluvia o sequía vinculadas al fenómeno El Niño.

Los cultivos se perdieron mientras que el trabajo por jornales es escaso en el Corredor Seco, lo que obliga a los campesinos a migrar. (Foto Prensa Libre: Erick Avila)
Los cultivos se perdieron mientras que el trabajo por jornales es escaso en el Corredor Seco, lo que obliga a los campesinos a migrar. (Foto Prensa Libre: Erick Avila)

“Existe una correlación significativa entre los déficits de precipitación —lluvia— desde 2014 a causa de El Niño —fenómeno climático— y el aumento de la migración irregular hacia los EE. UU.”, señala el estudio, por lo cual “se encontró un vínculo claro entre la inseguridad alimentaria y la migración”.

De acuerdo con evaluaciones que hizo el PMA entre 2014 a 2016 —años de sequía—, los pobladores del Corredor Seco identificaron como las principales causas de la migración “estar sin comida” (57 por ciento), “estar sin dinero,” (17 por ciento) y “pérdida de cultivos” (7 por ciento).

También revela que en los hogares con algún miembro de la familia que había migrado, la inseguridad alimentaria subió un 43 por ciento.

El estudio también concluye en que las deudas por migrar deben ser pagadas y los deportados endeudados muchas veces no pueden regresar a su casa porque los acreedores exigirán el pago de la deuda.  

Invisibilizan factor

El sacerdote José Luis González, integrante de la Red Jesuita con el Migrante, expuso que el cambio climático origina más migración, pero que los países industrializados intentan invisibilizar esa causa porque saben que son los principales responsables del problema.  Además, los mismos migrantes no están conscientes de que el cambio climático es un factor.

“Cuando uno es migrante climático, primero es desplazado interno o se va a la capital y luego de dos o cuatro años se va a otro país, en ese momento ya no es consiente que migró por el cambio climático y dice que lo hizo por pobreza”, afirmó González.

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