Cuando la maternidad no ocurre como se esperaba: infertilidad, adopción y cómo muchas mujeres reconstruyen la idea de ser madres
La maternidad puede empezar entre diagnósticos, tratamientos y decisiones que transforman la vida de muchas mujeres.
La maternidad puede convertirse en una larga búsqueda, marcada por diagnósticos, tratamientos médicos y pérdidas silenciosas. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)
Hay mujeres que lo planean desde jóvenes. Hay otras que nunca lo buscan y un día simplemente ocurre. Y hay quienes lo desean con una claridad que no alcanza para convertirlo en realidad de la manera que imaginaron.
Para ellas, la maternidad empieza de otra forma: con una prueba de embarazo en las manos y una espera que, para algunas, dura minutos y, para otras, se extiende por años. Esa espera se convierte en consultas médicas, procedimientos, papeleos y revisiones.
Nadie le avisa a una mujer el día exacto en que la maternidad deja de ser una decisión para convertirse en una búsqueda. Ocurre despacio, entre ciclos que pasan, estudios que se acumulan y diagnósticos cargados de palabras técnicas que, en el fondo, dicen lo mismo: no será fácil o no ocurrirá como lo imaginaron.
Pero cuando la espera termina, llega la felicidad, junto con otros retos que están dispuestas a asumir.
Cuando el cuerpo no responde
Sucely Hernández se casó con una certeza: primero terminar sus estudios; después, su carrera; luego, viajar. Los hijos podían esperar. Lo que no calculó fue que, cuando decidió que era el momento, su cuerpo ya llevaba años guardando un secreto doloroso.
“Empecé el proceso, y me di cuenta de que realmente no podía quedar embarazada y no sabía la razón”, recuerda. Su ginecóloga le hizo estudios y visitó una clínica de fertilización. Pero fue por referencia de un amigo que llegó, junto con su esposo, al consultorio de un médico que les habló distinto. Él escuchó su historia, revisó sus exámenes y le dio un diagnóstico claro, pero con solución. Hernández padecía endometriosis severa.
La endometriosis es una enfermedad en la que tejido similar al del útero crece fuera de él, afecta otros órganos y, con frecuencia, la fertilidad.
El médico Emilio Novales, ginecólogo obstetra especialista en infertilidad y director fundador del Centro Procrea, atiende casos de ese tipo a diario. Explica que es una de las causas más comunes de infertilidad femenina en Guatemala y que muchas mujeres la padecen sin saberlo durante años, acostumbradas al dolor menstrual que nunca debió ser normal.
“Una paciente con endometriosis hay que dividirla en dos: ¿quiere embarazo o no quiere embarazo?”, señala. Cuando sí se desea, la primera herramienta es tratar la enfermedad.
En el caso de Sucely, el tratamiento fue quirúrgico. El médico encontró residuos de endometriosis en el intestino, la vejiga y el útero. También había fibromas. Todo fue retirado.
Luego vino una advertencia: tenía tres meses para quedar embarazada de manera natural antes de recurrir a medicamentos que le exigirían pasar un año sin intentarlo.
Dos meses después de la cirugía, un día por la mañana y antes de una cita de estética, tomó una prueba casera casi sin querer. El resultado la dejó paralizada, sola en su baño, sin saber si creer lo que veía. No le dijo nada a su esposo por miedo a un falso negativo. Fue con una compañera de trabajo a confirmar el resultado con un análisis de laboratorio. Esperó unas horas y, al abrirlo en la soledad de su carro, el resultado volvió a ser positivo.
Hoy, su hijo tiene 3 años. “Me hace ser más humana”, dice Sucely. “Me hace recordar que la vida, con pequeños detalles, es maravillosa”.

El duelo silencioso
No todos los casos terminan con una prueba positiva. Para muchas mujeres, el camino hacia la maternidad a través de tratamientos médicos es una sucesión de esperanzas y decepciones de las que pocas veces se habla en voz alta.
Regina Villagrán, psicóloga especializada en maternidad y doula, describe este proceso como “un duelo que se vive de manera silenciosa”. Desde el momento en que llega un diagnóstico de baja fertilidad, muchas mujeres comienzan a cargar con una pérdida que el entorno social no reconoce ni valida.
“La infertilidad puede generar un impacto emocional profundo porque toca una esfera muy personal, incluso profunda, que es la identidad”, explica Villagrán. A esto se suman los cuestionamientos del entorno: cuándo van a ser mamás, quién las va a cuidar cuando sean grandes, por qué esperaron tanto, etcétera.
Novales coincide en que la postergación de la maternidad es uno de los factores que más ha cambiado el perfil de sus pacientes. En los últimos 20 años, la edad promedio de las parejas que llegan a su clínica subió de 33 a 38 años.
“La fertilidad de las mujeres es limitada”, advierte. La tasa de fecundabilidad de los óvulos disminuye de forma notable a partir de los 35 años, un dato que, según dice, debería enseñarse desde el colegio.
Los tratamientos disponibles van desde la inseminación artificial hasta la fertilización in vitro, cada uno indicado según el diagnóstico específico de la pareja.
Para Villagrán, lo más importante en estos procesos es no transitarlos en soledad. “Mientras más información se tenga del diagnóstico, mejor lo vas a poder abordar”, dice. Y agrega: “Estamos sometidas a un duelo una y otra vez y puede ser en un período muy corto de años”.

Tratamientos de fertilidad
Según el médico Emilio Novales, la infertilidad es causada por múltiples factores biológicos, enfermedades o el estilo de vida. Entre los más comunes figuran la edad materna avanzada, la endometriosis, la adenomiosis, el síndrome de ovario poliquístico (SOP) y hábitos como el sobrepeso, el sedentarismo, el estrés y el consumo de tabaco o alcohol, que influyen negativamente en la capacidad reproductiva.
Los tratamientos de fertilidad generalmente se dividen en dos:
Baja complejidad
Estos procedimientos son más sencillos y económicos, y buscan facilitar la fecundación de forma más natural.
- Coito programado: Consiste en orientar a la pareja sobre sus días fértiles. A menudo se utilizan inductores de la ovulación —pastillas o inyecciones— para asegurar que el óvulo se libere en el momento adecuado para tener relaciones sexuales.
- Inseminación artificial: Se utiliza cuando el esperma necesita ayuda para llegar al óvulo o tiene movilidad levemente disminuida. El semen es “capacitado” —lavado y concentrado— en el laboratorio para luego ser colocado directamente en el útero durante el día de la ovulación.
Alta complejidad
Se recurre a estos procedimientos cuando los métodos de baja complejidad fallan o existen obstrucciones tubáricas, endometriosis severa, factor masculino grave o edad materna avanzada —más de 38 o 39 años—.
- Fertilización in vitro (FIV): A diferencia de la inseminación, aquí se busca producir una mayor cantidad de óvulos —entre 10 y 15— mediante medicamentos inyectados. Los óvulos se extraen del cuerpo mediante una punción bajo sedación y se fecundan con el esperma en un laboratorio.
- ICSI (inyección intracitoplasmática de espermatozoides): Es una técnica avanzada de fertilización in vitro en la que, bajo el microscopio, se selecciona el espermatozoide ideal y se inyecta directamente dentro del óvulo. Se utiliza especialmente cuando el hombre tiene bajo recuento o mala movilidad espermática.
- Transferencia embrionaria: Tras la fecundación, los embriones se vigilan en incubadoras especiales hasta alcanzar el estadio de blastocisto —día 5—. Luego, se transfiere uno o un máximo de dos embriones al útero para lograr el embarazo.
Los tratamientos suelen durar entre uno y tres meses, dependiendo de cada caso individual. El objetivo principal es lograr un embarazo único y sano, evitando los riesgos de prematurez asociados a los embarazos múltiples.

Otra forma de maternar
María Isabel Díaz Ruiz de Llarena es psicóloga clínica. Cuando se casó, en el 2018, sabía poco sobre su fertilidad, pero sí tenía una convicción: la adopción siempre había sido una opción que le atraía, incluso si hubiera podido tener hijos biológicos.
Los años pasaron. Los hijos no llegaron. Y entonces, en plena pandemia, su madre le mostró en el teléfono la foto de un bebé. Era un niño con una enfermedad cardíaca que había sido abandonado en un hospital.
“Cuando la vi dije: ‘Yo lo quiero’”, recuerda María Isabel. Luego le mostró la foto a su esposo. “Qué lindo ese bebé”, fue lo que él respondió.
Lo que siguió fue un proceso acelerado por la situación de salud del niño: visitas de trabajadoras sociales, audiencias y un edicto para localizar a la madre biológica, que nunca apareció. Finalmente, en el 2020, se formalizó la adopción de quien nombraron Ángel.
“Fue un bebé extraordinariamente feliz”, cuenta Díaz. “Para él, hasta ir al supermercado era motivo de fiesta”.
En febrero del 2023, Ángel falleció un mes antes de cumplir 4 años.
“Una de las cosas que me ayudó fue que yo, en el momento en que decidí aceptarlo, sabía lo que eso implicaba”, dice. Su madre le había preguntado directamente si estaba preparada para ese dolor. “Pensé: ‘Es eso o que Angelito no tenga una familia’”.
Después de Ángel, Díaz ya era otra persona. “Yo ya era mamá. Ya no podía vivir de otra manera”, recuerda.

El sistema detrás de la espera
En enero del 2024, Díaz y su esposo adoptaron a dos hermanos: Kira y Carlos Ezequiel. Habían pedido adoptar niños grandes, conscientes de que la mayoría de las familias quiere bebés y de que los niños mayores tienen menos oportunidades.
Esa realidad la confirma Edwin Mejicanos, director del Consejo Nacional de Adopciones (CNA). “La mayoría de familias que vienen quieren niños saludables de cero a dos o de 0 a 3 años”, explica. El problema es que encontrar un niño de esa edad que ya haya sido declarado adoptable por un juez es difícil.
Los niños que el CNA sí tiene disponibles de inmediato son los llamados prioritarios: mayores de 6 años, grupos de hermanos y niños con necesidades médicas o discapacidad.
El proceso es largo y técnico. Cuando un juez declara a un niño adoptable, el CNA lo evalúa integralmente —de forma psicológica, social, médica y legal— y busca entre sus familias certificadas a la más idónea.
La selección no la hace la familia, sino una junta técnica de emparejamiento integrada por psicólogos, trabajadoras sociales y abogados. “El niño selecciona a su familia a través de una junta técnica de emparejamiento”, resume Mejicanos. “No la familia selecciona al niño”.
Ese sistema fue diseñado así para evitar las irregularidades del pasado, cuando Guatemala fue señalada internacionalmente por adopciones irregulares, tráfico de niños y procesos notariales sin controles adecuados.
Actualmente el CNA registra 420 niños en condición de adoptabilidad, y la mayoría de ellos son prioritarios. Por su parte la institución también cuenta con un banco de 108 familias idóneas para ser seleccionadas como familia adoptiva.

Desde el punto de vista psicológico, Villagrán advierte que adoptar —especialmente a niños que ya vivieron institucionalización o situaciones traumáticas— exige una preparación emocional específica. “La adopción no se sostiene solo en el amor, sino en la capacidad de comprender, sostener y reparar”, afirma.
Díaz lo aprende en el día a día con Kira y Ezequiel. Kira es extrovertida, pero en ocasiones se frustra con facilidad, cuenta la madre. Ezequiel, en cambio, es tímido y rebelde. Ambos traían historias. Ambos necesitaban límites y también paciencia.
“Yo no tengo miedo de corregirlos, siempre con cariño, pero con firmeza”, dice. “Si yo me pongo a consentirles la rebeldía extrema, en lugar de salvarlos de esta emotividad, me pongo del lado de la emotividad”.
Hoy, Kira ya habla con confianza de su pasado. Le dice a su mamá cuando algo le hace daño. Antes de comer, en su oración, agradece por su familia. “Yo siempre soñé con unos papás que me quisieran”, le dijo un día a su madre.
Ser madre, manifiesta Villagrán, puede resignificarse cuando no ocurre por la vía esperada. “No es negar el deseo original, sino integrar lo vivido e incluir el duelo, el dolor, ese trauma y esa historia que te lastimó, y abrirse a otras formas de maternar”.
Esa resignificación no ocurre de golpe ni en silencio, más bien, ocurre en una sala de espera, en un quirófano, en un juzgado, en la espera. Ocurre cuando una mujer deja de preguntarse por qué no fue como debía ser y empieza a construir lo que sí tiene.
La maternidad, en cualquiera de sus formas, no comienza cuando nace un hijo. Comienza mucho antes, en el momento en que una mujer decide que vale la pena seguir buscando.

Adopciones devuelven hogar a niños
Desde el inicio de sus funciones, en el 2008, el CNA ha integrado a dos mil 158 niños, niñas y adolescentes (NNA) y personas mayores de edad a un nuevo entorno familiar por medio de la adopción.
Del 2020 a la fecha, la institución ha completado 695 procesos de adopción, distribuidos de la siguiente manera:
- 2020: 118
- 2021: 121
- 2022: 113
- 2023: 107
- 2024: 110
- 2025: 102
- 2026: 24
El Equipo Multidisciplinario del CNA evalúa y selecciona a las familias idóneas para adoptar, las cuales entran a la fase de emparentamiento con la niñez que espera una familia.
Luego de conocer la historia del niño, su perfil médico y psicosocial, así como sus necesidades y características particulares, se identifican las familias que participarán en el emparentamiento, especialmente por su personalidad, dinámica familiar, fortalezas y capacidades parentales.
Con esa información, se selecciona a la familia idónea que mejor responda y satisfaga las necesidades y el perfil médico y psicosocial del NNA.

Nuevas reglas para la adopción en Guatemala
En marzo del 2026, la Corte de Constitucionalidad (CC) emitió un fallo que eliminó dos disposiciones específicas del reglamento 40-2010, que regula las medidas de protección a niños privados de su medio familiar.
Las disposiciones declaradas inconstitucionales establecían, primero, que la medida de abrigo en familia sustituta no podía exceder los seis meses y, segundo, que las familias sustitutas no podían solicitar en el futuro la adopción del niño que abrigaban.
Una familia sustituta es aquella que, sin tener vínculo biológico con un niño, lo acoge de manera temporal mientras se resuelve su situación legal. Estas familias son acreditadas por la Secretaría de Bienestar Social de la Presidencia.
Francisco Palomo, abogado y uno de los firmantes de la acción de inconstitucionalidad, explica que el fallo busca poner en primer lugar el interés superior del niño.
“Los menores no pueden estar cambiando de familia; sería contraproducente”, señala.
Para Palomo, obligar a los niños a rotar de familia sustituta cada seis meses generaba inestabilidad emocional y rompía vínculos afectivos ya formados.
El fallo, dice, permite analizar cada caso de forma individual y abre la posibilidad legal de que la familia sustituta, si reúne los requisitos, pueda adoptar al niño que ha cuidado.
Sin embargo, el CNA tiene una lectura distinta. Su director, Edwin Mejicanos, reconoce que la resolución debe acatarse, pero advierte sobre consecuencias que considera negativas para el sistema.
La principal es la posibilidad de que las familias sustitutas elijan, de facto, al niño que quieren adoptar desde el proceso de protección, antes de que el CNA haga su evaluación de idoneidad. “Las familias no pueden seleccionar a los niños que adoptan”, enfatiza Mejicanos.
Ese principio, dice, fue el eje sobre el que se construyó el sistema guatemalteco de adopciones tras el cierre de las adopciones notariales en el 2008, precisamente para evitar irregularidades.
Mejicanos también señala un riesgo práctico: si las familias sustitutas migran hacia la adopción, el programa de acogimiento temporal de la Secretaría de Bienestar Social podría quedarse sin familias disponibles y debilitar una figura que organismos internacionales como Unicef consideran clave para la desinstitucionalización de la niñez.


