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El redescubrimiento de la fe en la era digital: ¿Qué motiva a algunos jóvenes a acercarse a la religión hoy en día?

Lejos de ser una herencia incuestionable, la juventud transforma la fe en una elección consciente que busca sentido, comunidad y propósito.

Lisboa (Portugal), 04/08/2023.- Pope Francis with the actors that performed the Stations of the Cross on Meeting Hill at Parque Eduardo VII in Lisbon, Portugal, 04 August 2023. The Pontiff is in Portugal on the occasion of World Youth Day (WYD), one of the main events of the Church that gathers the Pope with youngsters from around the world. (Papa, Lisboa) EFE/EPA/ANDRÉ KOSTERS / POOL

Durante su papado, Francisco I se destacó por ampliar y popularizar la presencia digital del Vaticano en redes sociales. Fotografía del archivo de la Jornada Mundial de la Juventud en el 2023. (Foto Prensa Libre: EFE)

El domingo por la mañana, mientras buena parte de su generación duerme o se dedica a otro tipo de actividades, Gustavo Bances ya está en movimiento. Como secretario ejecutivo nacional de la Pastoral Juvenil Católica de Guatemala, su agenda no distingue entre descanso y misión. Podría estar haciendo otra cosa, algo más acorde con su momento profesional y sus metas personales. Pero no. Está ahí, coordinando y acompañando a otros jóvenes católicos que buscan a Dios.

"Estoy en un momento trascendental donde me pasan cosas muy claras, muy concisas, que me demuestran que Dios está ahí", dice Bances. "Esa fe que nació en casa sigue existiendo".

La suya no es una historia aislada. En Guatemala, una nueva generación de jóvenes navega una paradoja: vive en el mundo más interconectado, acelerado y escéptico de la historia y, aun así, elige quedarse, regresar o buscar, dentro de la fe, algo que el algoritmo no puede ofrecer.

El punto de cambio

Para muchos jóvenes creyentes existe un punto de quiebre: no es el momento en que dejaron de ir a la iglesia por obligación, sino el instante en que decidieron quedarse por convicción.

Bances recuerda que ese momento fue un retiro de tres días, donde todo lo que había escuchado desde niño tomó forma real. "Lo viví, lo sentí y me convencí. Y desde ese momento hacia acá, nunca he tenido duda de que lo puedo encontrar, de que lo puedo sentir", en su religión, afirma. Desde entonces, cada actividad y cada espacio de encuentro en torno a su fe han sido una decisión propia.

José Daniel Guoz Rodas, cristiano evangélico activo en los ministerios de alabanza, multimedia y jóvenes de su iglesia, vivió algo similar.

Reconoce que, en algún momento de su adolescencia, ir a la iglesia "era a la fuerza". Pero comenzó a leer la Biblia por iniciativa propia, especialmente el Nuevo Testamento, y algo cambió. "Cuando entendí lo que Jesús en verdad hizo, fue ahí donde pasé de ir por obligación a ir por deseo", explica.

Su bautismo, en el 2019, fue el sello de esa transformación, el punto desde el cual comenzó a involucrarse activamente en los ministerios de su comunidad.

Brandon Chinchilla, representante de estaca de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, había sido bautizado de niño por influencia de su abuela. Pero fue cuando decidió prepararse para una misión de 24 meses en Monterrey, México, que su fe pasó de herencia a elección consciente.

"Pude realmente enfocarme en profundizar mi conocimiento sobre Jesucristo. Al aprender acerca del servicio y de acercarse a Dios, muchas cosas cambiaron en mi vida personal y en mis relaciones", comparte.

Para los jóvenes, la comunidad representa un valor clave. Un espacio de apoyo, propósito y conexión humana. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)

La cotidianidad de la fe

Lo que distingue a estos jóvenes no es simplemente que asistan a un servicio religioso cada semana, sino que su fe opera como brújula en decisiones que atraviesan distintos ámbitos de su vida.

Guoz Rodas estudia en una universidad donde convive con personas con estilos de vida distintos al suyo, pero no se aísla. Para él, la fe no es un compartimento reservado para el domingo; más bien, está presente en cómo elige su carrera, cómo toma decisiones y cómo se relaciona con los demás. "El mensaje de Jesús es que vayamos y seamos luz en medio de toda esa oscuridad", señala.

Chinchilla, por su parte, trabaja apoyando la formación de misioneros y estudia en Brigham Young University. Cuando piensa en una relación de pareja, busca a alguien con creencias afines, porque en su iglesia el servicio es algo que se vive en comunidad y requiere del apoyo mutuo. La fe, en su caso, no solo guía sus decisiones individuales, sino que también define el tipo de comunidad y de vida que quiere construir.

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La dualidad generacional de la fe

Los tres coinciden en algo que la observación cotidiana confirma, y es que en su entorno los jóvenes que practican activamente una fe son minoría.

Bances comenta con franqueza que, en su entorno, quienes creen y viven su fe son “contados con los dedos de una mano”.

Este fenómeno no solo ocurre en la religión católica, pues Chinchilla también lo ha visto desde adentro. "He estado acostumbrado a ver a muchas personas llegar y muchas personas también ya no llegar", comenta.

Pero, ¿por qué se alejan? Las razones son múltiples, pero los jóvenes coinciden en que los distractores son infinitos, el juicio social pesa más que nunca en la era digital y la exigencia de vivir una fe coherente en un mundo que lo registra todo se ha vuelto más costosa.

Además, existe un factor importante: la sensación de no pertenecer y no sentirse identificado con alguna creencia religiosa. "Muchas veces se sienten como que no pertenecen, como que no les escuchan, como que no les ponen atención. Creo que esa es la razón por la cual muchas personas se han alejado", explica Chinchilla.

El teólogo José Pablo Juárez agrega una lectura más estructural. Desde su perspectiva académica, parte de la juventud no se aleja de Dios, sino de la institución como tal. "Nos estamos enfocando más en la línea espiritual que en lo religioso. Muchos jóvenes no quieren estar sujetos a que les estén mandando", observa.

En ese espacio florecen otras expresiones y otras creencias distintas a la religiosidad popular.

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Las iglesias enfrentan el desafío de transformarse en la forma sin alterar el fondo para seguir siendo relevantes ante nuevas generaciones. (Foto Prensa Libre: Juan Diego González)

Reinvención o pérdida

La iglesia, sostienen los entrevistados, no puede permanecer estática si quiere seguir siendo relevante. "La reinvención hoy es constante. Como una empresa de tecnología que, si no se reinventa cada medio año, no existe. La interacción con un joven es así", describe Bances.

El reto, sin embargo, no es sencillo, ya que es necesario cambiar la forma sin alterar el fondo. "La doctrina no cambia, los fundamentos no van a cambiar, pero la forma en que intentas acercarte sí puede transformarse a la realidad", explica Bances.

Lo que antes funcionaba —sentar a un joven una hora a rezar o a leer la Biblia en silencio—, hoy difícilmente abre una puerta. "Hoy tiene que ser dinámico, práctico y rápido. Te la tienes que inventar para estar en un punto de equilibrio que te permita no perder lo que es, pero quizás llegarle".

Guoz Rodas apuesta por las redes sociales como canal de conexión. Junto con un amigo, comparte contenido cristiano en redes sociales y ha comprobado que el mensaje llega cuando se presenta de manera distinta. "Cuando los jóvenes ven los videos que hemos subido, ven un evangelio distinto. No ven la religión, sino a Jesús", dice. Para él, el problema no es la tecnología, sino que el enfoque debería ser mostrar a Jesús como algo vivo y cercano, no como imagen estática de dogma.

Juárez, desde la teología, señala que las religiones que logran conectar con las nuevas generaciones son aquellas que escuchan, incluyen y caminan con el otro.

“El mensaje de Jesús es que vayamos y seamos luz en medio de toda esa oscuridad"

José Daniel Guoz Rodas, cristiano evangélico

Una vida espiritual

Sin embargo, más allá de la fe, los jóvenes valoran pertenecer a una comunidad. Ese sentido de pertenencia, la certeza de no estar solos y la experiencia de poder ayudar a alguien más es lo que les anima a seguir frecuentando estos espacios.

"Lo que más valoro es seguirme encontrando con Jesús y saber que le he ayudado a alguien", dice Bances. "Hay gente que se quedó por algo que yo hice, gente a la que le di una invitación y cambió su vida. Eso es algo grandísimo".

Por su parte, Chinchilla habla de la fortaleza cotidiana que ha encontrado en su fe. "El levantarme a diario y estar feliz es una decisión, pero mucho de ello lleva a Jesucristo. Si además de tener esas cosas puedo compartirlas con otra persona, eso es lo que me mantiene".

Guoz Rodas lo ve como una espinita de hacer algo. "Sé que hay personas que están perdidas. Y saber que tengo algo que puede ayudar... no puedo quedarme sentado".

El filósofo Eduardo Infante, en una columna de opinión publicada por la revista Retina, ofrece, quizás, la lectura más provocadora de este fenómeno. Lo que hay detrás del retorno juvenil a la fe, sostiene, podría deberse a un cansancio del vacío.

Tras décadas de relativismo e hiperindividualismo, una parte de la juventud ha descubierto que la libertad sin sentido es solo otra forma de esclavitud. Frente al "sé tú mismo" que impuso la cultura digital, algunos prefieren lo comunitario, el símbolo, el rito. "El alma no se llena con likes, ni el cuerpo con placeres infinitos, sino con presencia, comunión y trascendencia", escribe.

Juárez sostiene que, más allá del aspecto religioso, está el espiritual y esta intimidad que los jóvenes suelen encontrar en una creencia que les llena y va más allá de las pantallas y los algoritmos.

Es entonces cuando la juventud deja de ver la religión como un dogma heredado y “se convierte en un acto de resistencia: una afirmación del espíritu frente al vacío”, dice Infante, quien describe este acercamiento como un gesto revolucionario.

Las nuevas generaciones, criadas entre pantallas y algoritmos, están descubriendo, a su manera y desde distintas tradiciones, que creer en algo más grande que uno mismo sigue siendo, tal vez, el acto más contracultural de todos.

ESCRITO POR:

Belinda S. Martínez

Periodista de Prensa Libre del área de bienestar y cultura.