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Julio cerró con déficit de lluvia, que en cinco departamentos llegó al 75%
Desde mayo se observa una disminución de las lluvias; sin embargo, julio es el mes con el mayor déficit de la temporada 2026.
Julio es el mes con el mayor déficit de lluvia de la temporada 2026 y las condiciones persistirán durante el resto del año, según análisis de Agua Consulta. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)
La lluvia que cayó durante julio estuvo por debajo de lo esperado. Se registró un déficit del 35% en la mayor parte del territorio guatemalteco; sin embargo, hay departamentos como Chiquimula, Jutiapa, Santa Rosa, Escuintla y Suchitepéquez donde llegó al 75%, y en algunos puntos del mapa el déficit alcanzó el 85%, según Agua Consulta, entidad que realiza análisis meteorológicos e hidrológicos del país.
En julio la lluvia se ausentó durante 18 días, a excepción de Petén, Alta Verapaz, Izabal, la parte alta de Baja Verapaz y algunas áreas de Huehuetenango y San Marcos, donde en promedio dejó de llover durante 13 días. El cálculo es que hubo entre cinco y nueve días consecutivos sin precipitaciones.
Dicha información surge de los resultados que arrojan las estaciones de la Red Nacional del Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh), analizados por Claudio Castañón, de Agua Consulta.
La temporada lluviosa se atrasó este año y, si a esto se suma que las precipitaciones en julio han sido insuficientes, el resultado es una sequía moderada que afectó al 61.31% del país, es decir, un área de 66 mil 764.09 kilómetros cuadrados del territorio guatemalteco. Mientras que 13 mil 22.24 kilómetros cuadrados (11.96%) presentaron sequía severa y 242.81 kilómetros cuadrados (0.22%) registraron sequía extrema.
“Desde el 20 de junio se observa un déficit de lluvias, principalmente en la costa sur, bocacosta, meseta central, oriente y occidente. El mes de junio es uno de los que llueve más, pero ni siquiera se alcanzó el nivel de la normal climática. Hubo días en los que llovió bastante, pero no de forma regular ni homogénea. En tanto que julio, influenciado por la canícula, la disminución es más marcada a nivel nacional”, indica Walter Bardales, analista en hidrología.
Agrega que, en Petén, Alta Verapaz e Izabal, las precipitaciones han sido más constantes; sin embargo, no alcanzan los niveles normales. Esto se evidencia al analizar los años 1990 y 2020 —período de 30 años para establecer la climatología de referencia—, en los que se registraron entre 175 y 270 milímetros de lluvia, mientras que este año el reporte oscila entre 120 y 175 milímetros.
Bardales señala que estas condiciones están influenciadas por el fenómeno el Niño, que se prevé sea “más extremo” de lo que históricamente se ha registrado, lo que se evidenciará conforme avancen los meses. Ya se prevé que agosto y septiembre sean meses con lluvia deficiente. Aunque haya precipitaciones en octubre, estas serán mínimas.
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“Según los modelos, el Niño extremo puede estar entre noviembre y enero. El fenómeno podría finalizar entre mayo y julio del 2027. Esto implicaría un inicio irregular de la época lluviosa el próximo año”, agrega.
Al respecto, un informe del Centro de Estudios Ambientales y Biodiversidad, del Instituto de Investigaciones de la Universidad del Valle de Guatemala, indica que durante el segundo semestre del 2026 el fenómeno el Niño persistirá con temperaturas por arriba del promedio y lluvias irregulares en la mayor parte del país.
Señala que la canícula en agosto será “débil” y que las precipitaciones se recuperarán en septiembre. El punto máximo de la temporada lluviosa se registrará en octubre, con riesgo de inundaciones, crecidas súbitas de ríos y movimientos en áreas vulnerables de la bocacosta, la Franja Transversal del Norte y el Caribe. Mientras que de diciembre a marzo se consolidará la estación seca, con lluvias escasas en el norte y prácticamente nulas en el resto del país. Las temperaturas serán “ligeramente” superiores a lo esperado.
Impacto en cuerpos de agua
Las condiciones repercutirán en una disminución del caudal de los ríos durante la próxima temporada seca, lo que afectará el riego de cultivos, la generación hidroeléctrica y las zonas forestales, pues la falta de humedad en los bosques incrementa el riesgo de incendios entre febrero y abril.
El primer impacto de esta sequía meteorológica ocurre en los cuerpos de agua. Se observa una reducción en el caudal de los ríos, lagos, lagunas, embalses y niveles freáticos, principalmente en los pozos someros o artesanales que los agricultores usan para riego.
Los más perjudicados, agrega Bardales, son los agricultores de subsistencia, que muy probablemente perdieron sus cultivos de maíz y frijol. Quienes tienen acceso a riego son los que obtienen sus cosechas.
María Fernanda Rivera, ministra de Agricultura, refiere que este año se han presentado cuatro anomalías climáticas: atraso de la época lluviosa, precipitaciones poco efectivas para el sector agrícola, canícula prolongada y la presencia del fenómeno el Niño.
Por estas condiciones indica que la primera cosecha de maíz y frijol está comprometida, al punto de que frenó a muchos agricultores para realizar la siembra.
Los afluentes de la vertiente del Pacífico son los más afectados por la escasez de lluvia. Para este 6 de agosto, el reporte del Insivumeh indica que el 40% de los ríos en los que existe una estación hidrológica en esa vertiente están por debajo del nivel. En la lista figuran Salamá (Quetzaltenango), Icán, Sís, Coyolate y Madre Vieja (Suchitepéquez), así como Meléndrez (San Marcos).
En la vertiente del Golfo de México también se observa un impacto negativo en los ríos Azul y Selegua (Huehuetenango), Machaquilá (Petén) y Xococ (Baja Verapaz).
Los informes de Agua Consulta también indican que julio fue el segundo mes con menos lluvia del año en la capital y el más caluroso.

