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¿Por qué un sismo de 6 puede causar más daños que uno de 7? Geólogos explican por qué la magnitud no lo es todo
Los terremotos registrados en Guatemala y la región durante casi 15 años muestran que la magnitud no siempre determina la destrucción. Helen Morán y Víctor Tzorin, geólogos del SSG, explica qué factores influyen en el impacto.
Por lo menos 5 factores, a parte de la magnitud, influyen en el impacto de daños que provocan los movimientos sísmicos. (Foto, Prensa Libre: Hemeroteca)
Cuando ocurre un temblor, la magnitud suele ser el primer dato que genera preocupación entre los guatemaltecos. Sin embargo, la comparación de los principales sismos registrados en Guatemala durante casi 15 años demuestra que un movimiento de menor magnitud puede ocasionar más daños que otro más fuerte.
Un ejemplo de esta diferencia es el sismo de magnitud 6.8 registrado el 16 de febrero del 2022. De acuerdo con los datos de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred), aunque tuvo una magnitud menor que el terremoto ocurrido este 17 de julio, el evento provocó víctimas y daños en Guatemala.
Para entender mejor este hecho, Helen Morán, geóloga del Servicio Sismológico de Guatemala (SSG), explica que la magnitud no es el único elemento que determina el impacto de un evento sísmico.
“También influyen otros factores como la distancia entre la fuente sísmica y zonas pobladas, la profundidad, el tipo de suelo, la vulnerabilidad de las construcciones y características propias de la ruptura, como su dirección de propagación”, señala Morán.
La magnitud es solo una parte del riesgo
En el caso de Guatemala, la comparación entre los terremotos de los años 2012, 2014, 2017, 2022 y 2026 muestra que la cifra de magnitud no permite, por sí sola, anticipar el nivel de daños.
Un terremoto más pequeño puede ser más destructivo si ocurre cerca de zonas pobladas, mientras que uno de mayor magnitud puede generar menos afectaciones si se encuentra más distante.
Según los registros de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred), el terremoto del 7 de noviembre del 2012, con magnitud entre 7.2 y 7.4, fue el que dejó las mayores consecuencias humanas del período reciente en Guatemala. El evento provocó 95 fallecidos, 449 personas heridas y 38 mil 600 damnificadas. Dos años después, el sismo del 7 de julio del 2014, de magnitud 6.4, aunque menor en intensidad, también generó un impacto significativo: dejó 1 persona fallecida, 274 heridas y más de 10 mil personas afectadas por daños en viviendas, además de comunidades damnificadas en distintos departamentos del país.
Por otro lado, el terremoto del 7 de septiembre del 2017, de magnitud 8.2, aunque fue de mayor magnitud, pero dejó un saldo menor de daños, con según el registro oficial 219 personas damnificadas, 2 heridas y ningún fallecido. Si se analiza el sismo del 16 de febrero del 2022, de magnitud 6.8, ocasionó 3 fallecidos, 23 personas atendidas y 3 damnificadas. Mientras que el terremoto del 17 de julio del 2026, de magnitud 7.3, dejó 21 personas damnificadas, 1 herida y 0 fallecidos.
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Los datos anteriores evidencia que la magnitud por sí sola no determina el daño de un evento sísmico.
Epicentro del sismo el 17 de julio del 2026
La cercanía entre el lugar donde se origina un terremoto y las zonas pobladas es uno de los elementos más importantes para determinar el impacto.
Víctor Tzorin, también del SSG, explica que el terremoto ocurrido el 17 de julio del 2026, con magnitud 7.3, corresponde a un evento considerado grande.
Aunque tuvo una profundidad aproximada de 12 kilómetros, lo que significa que se originó relativamente cerca de la superficie, su región epicentral se ubicó a más de 100 kilómetros del territorio guatemalteco, por lo que la distancia redujo la intensidad del movimiento percibido en el país.
“Aunque fue un terremoto grande, la distancia respecto al territorio guatemalteco contribuyó a que el impacto fuera menor”, explicó Tzorin.
En contraste, el evento de 2022 ocurrió mucho más cerca de las costas guatemaltecas, por lo que generó una mayor percepción del movimiento y más incidentes.
Cinco factores que determinan el daño de un sismo
Entre Tzorin y Morán comparten, según su experiencia, que para evaluar el impacto de un sismo es necesario analizar la combinación de, por lo menos, cinco factores, a parte de la magnitud, estos son: ubicación, profundidad, tipo de suelo, características de la ruptura y vulnerabilidad de las construcciones.
Profundidad del evento
La profundidad también influye en cómo se siente un terremoto.
Los eventos más superficiales suelen generar movimientos más intensos en la superficie, debido a que existe una menor distancia entre el punto donde se libera la energía y las zonas habitadas.
Sin embargo, los expertos explican que la profundidad debe analizarse junto con otros factores, ya que un terremoto profundo y cercano puede tener más impacto que uno superficial pero distante.
Tipo de suelo
En este aspecto, Morán comenta que el terreno sobre el que se encuentran las comunidades también puede influir en la intensidad del movimiento: “ algunos tipos de suelo pueden amplificar las ondas sísmicas, haciendo que la sacudida sea más fuerte en determinadas áreas”.
Vulnerabilidad de las construcciones
Los analistas del SSG, comentan que la calidad de las viviendas, edificios e infraestructura es otro factor determinante.
Dos comunidades ubicadas a una distancia similar de un epicentro pueden presentar daños diferentes si una cuenta con construcciones más resistentes y otra con estructuras más vulnerables.
Dirección de propagación de la ruptura
La forma en que ocurre la ruptura dentro de la falla también influye en cómo se distribuye la energía liberada.
Según estos dos especialistas, la propagación de las ondas sísmicas puede concentrar mayor movimiento hacia determinadas zonas, generando diferencias en la intensidad percibida.


