“Guatemala es paraíso de lenguas”

Los mejores investigadores que se han enfocado en el estudio de las crónicas en lenguas mayas son extranjeros. El antropólogo lingüista Sergio Romero es, probablemente, el único guatemalteco que ha dedicado la mitad de su vida a estudiar estos valiosos pero escasamente conocidos documentos, la mayoría de los cuales se encuentran resguardados en otros países.

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Pese a que ha vivido más años en el extranjero que en Guatemala, su pasión son los idiomas mesoamericanos. Se fue a estudiar el bachillerato a los 15 años a Singapur. Luego vivió dos años en Panamá, donde trabajó en comunidades indígenas ngäbe, y desde el 2001 radica en Estados Unidos, donde es profesor en la Universidad de Texas en Austin.

El investigador, de 43 años, lamenta que pocos connacionales, incluso antropólogos, no hablen ninguna lengua maya. “Conozco estadounidenses, italianos, un peruano y un congoleño que hablan q’eqchi'”, dice. Considera que el aprendizaje de idiomas mayas es una “experiencia espiritual, además de intelectual, que cambia la visión que uno tiene de Guatemala, ya que comenzamos a sentir lo que siente el otro”. Habla con fluidez k’iche’, q’eqchi’ y kaqchikel, y tiene amplios conocimientos del yucateco, ixil, awakateko, ch’orti’ y náhuatl.

¿En qué circunstancias se originaron las primeras crónicas indígenas?

Este tema se ha tratado poco en Guatemala, debido a que no hay mucho apoyo a la investigación histórica humanística, en especial, de lenguas indígenas. Este trabajo es difícil, requiere muchos conocimientos de Historia, Antropología, Lingüística y Filología. Las crónicas son un producto que describe cómo se llevó a cabo la Conquista, al adoptar los pueblos indígenas la escritura del alfabeto latino. Tienen una gran profundidad histórica y abarcan toda Mesoamérica.

Desde el punto de vista literario, son documentos híbridos que emplean técnicas de escritura de origen europeo y contenidos de discurso prehispánicos. Fueron escritas no solo como recuento histórico, sino que representaron un papel importante durante la Colonia, ya que mediante las cuales los gobernantes se podían legitimar ante los españoles, ya que les otorgaban prerrogativas y privilegios. Por ello, durante los siglos XVI y XVII se escribieron tantas crónicas. No se puede leer una crónica indígena como si fuera española. Es interesante cotejar la descripción de un mismo hecho histórico en cada una de ellas, porque se complementan. Las crónicas indígenas nunca se publicaron, en cambio las españolas sí.

¿De qué año data el documento más antiguo?

Es difícil decirlo. Por ejemplo, el Memorial de Tecpán-Atitlán se refiere a eventos que ocurrieron antes de la Conquista, con lujo de detalles, como la rebelión contra el rey K’iq’ab’ en Q’umarkaj en 1454. Uno de los escribas era un adolescente de 14 años cuando entró Pedro de Alvarado en Iximché. A diferencia de los jeroglíficos mayas, que tienen un pobre contenido, las crónicas son más ricas y tienen variedad de tipos de discurso.

Ahora que lo menciona, ¿qué sucedió con el ch’olano —lengua en la que se escribieron los jeroglíficos mayas—?

Aún se hablan dos lenguas cholanas: el ch’orti’ y el chol, que se habla en Chiapas. Los pueblos cholanos acalaes y manchés fueron los que más se resistieron a la Conquista y no se doblegaron hasta finales del siglo XVII, cuando fueron obligados a asentarse en la Franja Transversal del Norte, donde desaparecieron como consecuencia de batallas y enfermedades traídas por españoles. Pero sobrevivieron los chortíes, a quienes se les forzó a vivir en Cobán, donde aprendieron el q’eqchi’ como segunda lengua y con el paso del tiempo dejaron de hablar el chol.

¿Cómo fue la separación del protomaya?

El protomaya es una hipótesis de reconstrucción. Se puede postular que las 33 lenguas mayas tienen un ancestro común y los lingüistas lo establecen mediante cognados —dos palabras de distintas lenguas que tienen la misma etimología—. El protomaya da una idea, pero no podemos saber exactamente cuándo se originó. Han transcurrido cinco siglos y las diferencias entre el k’iche’ con el que se escribió el Popol Vuh y el actual son mínimas.

¿Les interesaba a los pueblos mayas hablar el español?

En la Colonia había gran diversidad lingüística y diferentes niveles de contacto con los españoles. Los pueblos del altiplano estuvieron bajo un régimen político y religioso especial, en el que no había cabida para los españoles, por lo que tenían poco contacto con ellos, exceptuando a los frailes dominicos o franciscanos. En cambio, en el oriente y la costa, zona de producción de productos de exportación, los pipiles, nahuas, lencas y xincas se relacionaban con los españoles.

¿En qué géneros se escribieron?

Son documentos complejos y se pueden discernir distintos géneros literarios, como ocurre con el Popol Vuh, cuyo principio y final se escribieron de manera diferente. Además de las crónicas, había cartas, títulos de tierra y pastorales, que contenían homilías, libros de confesionarios, gramáticas y diccionarios. Por ejemplo, la Theologia Indorum, de 170 páginas, es un valioso documento en k’iche’, a pesar de tener contenido cristiano. Aunque aparecen autores criollos como frailes, seguramente se compartió su escritura con nativos.

¿Y la poesía?

Las crónicas tenían cierta forma de construir la estética del idioma; hay un ritmo poético. Está en el lenguaje oral más que en el escrito. Cuando se lee en voz alta se detecta la poética.

¿Cuál era el perfil del cronista indígena?

Buena pregunta. En las crónicas más antiguas podemos asegurar que eran miembros de los linajes gobernantes. Cuando la nobleza indígena perdió sus prerrogativas, a finales del siglo XVII, cambió el perfil y el escribano era miembro de la élite, y para los siglos XVIII y XIX era un puesto rotativo.

¿Cómo adaptaron la fonética latina?

Los mayas estaban acostumbrados a escribir en el sistema logosilábico de los glifos, y no les costó adoptar la tradición alfabética latina. Además, tuvieron muy buenos maestros: los dominicos y franciscanos se esmeraron en enseñarles la forma de escritura. Los mayas actuales tratan de estandarizar sus lenguas, por lo que con frecuencia acuden a las crónicas para encontrar léxico, metáforas y elementos poéticos que hoy se pierden o han desaparecido.

¿Cuál es el futuro de las lenguas mayas?

La mayoría de lenguas mayas tiene asegurado su futuro en por lo menos dos o tres generaciones. Sin embargo, la educación bilingüe está en ciernes y apenas se le da apoyo. En las comunidades sí hay interés, pero no hay recursos para incorporar las lenguas a un ámbito académico o político. Además, no hay en Guatemala lugares donde se enseñen de manera intensiva y rigurosa.

En lugar de aprender idiomas mayas, la gente se pone a estudiar inglés, francés o italiano, pero no tiene con quién practicarlo, a menos de que viaje lejos. Guatemala es un paraíso de lenguas, y son nuestras. Si la gente aprendiera alguna, podría practicarla dentro del país con los hablantes. Cada dos años traigo a mis alumnos de Estados Unidos a que practiquen su q’eqchi’, y ni siquiera saben español.

Conferencia

El 25 de junio, a las 18.15 horas, Romero dictará la conferencia Mito e idioma en las crónicas indígenas de Guatemala, en la Academia de Geografía e Historia, 3a. avenida 8-35, zona 1.