“Tenemos comida para ocho días”, la aldea más lejana de Huehuetenango sigue aislada tras la tormenta

Desde hace más de quince días, alrededor de 200 comunidades en Alta Verapaz, Izabal, Quiché y Huehuetenango permanecen aisladas e incomunicadas debidos a los estragos causados por la tormenta tropical Iota.

Personas ayudan a trasladar aun adulto mayor ante la falta de carreteras que comunican a la aldea Palo Grande, en Chiantla. (Foto Prensa Libre)
Personas ayudan a trasladar aun adulto mayor ante la falta de carreteras que comunican a la aldea Palo Grande, en Chiantla. (Foto Prensa Libre)

Mientras los diputados en el Congreso de la República discuten cuál es la mejor forma de aprobar la prórroga del estado de Calamidad para asegurar que los recursos sean bien utilizados, las 135 comunidades que se mantienen incomunicadas cuentan los días que les quedan de alimento.

“No sabemos qué va a pasar ahora, va a estar duro para nosotros esta Navidad”, dice el William Mérida, maestro de educación primaria de la aldea Palo Grande, en Chiantla, una de las aldeas que quedó sin comunicación debido a la destrucción del camino por los derrumbes provocados por la tormenta Iota el pasado 19 de noviembre.

A pesar de que en dos ocasiones les han llevado alimentos vía aérea, los suministros se les están acabando. Las tiendas de la comunidad están desabastecidas y los sembradíos están muertos debido a las inundaciones.

Racionalizando al máximo la comida, William dice que tienen alimento para ocho o diez días. A partir del 14 de diciembre es casi imposible visualizar cómo las 160 familias que viven ahí harán para comer si la ayuda no vuelve a llegar.

Esta comunidad es la más lejana de Huehuetenango, está a 205 kilómetro de la cabecera departamental y a más de un día de camino. Sin derrumbes son 17 horas de viaje, pero ahora que la montaña se partió y bloqueó el paso, son 30 horas de camino. De esto, las últimas horas se deben hacer a pie, abriéndose paso entre la selva.

 

“Aquí empiezan los derrumbes como a 10 minutos de la comunidad. Ahora estamos entre barrancos, la destrucción bastante grande”, agrega William.

Aunque el restablecimiento de las vías es urgente, la gente se resignó a que no podrán comunicarse por vía terrestre hasta dentro de dos meses, por eso Sergio Alonzo, de la Asociación de Organizaciones de los Cuchumatanes (Asocuch) pide que se vuelva a habilitar el puente aéreo para mantener abastecidas a las comunidades.

Sin embargo, los frentes fríos que permanecen en el país no ayudan a que se puedan habilitar estos puentes aéreos, explica David de León, vocero de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred).

De León dijo que la suspensión de la ayuda a través de helicópteros depende exclusivamente del clima, por lo que no pudo decir qué día podrían reestablecerse los vuelos.

Por su parte, Alonzo también pide que los alimentos enviados sean arroz, maíz, frijol, azúcar y agua potable. “El alimento que ingresó fue muy básico, en las bolsas venían leche chocolatada, pero ellos querían maíz o cosas sólidas que les puedan llenar”, explica.

Alonzo menciona que la situación en el norte de Huehuetenango es crítica. Las pocas comunidades que tenían energía eléctrica se quedaron sin este servicio y, menciona, que las antenas de telefonía también empezaron a fallar.

“El gobierno central no ha medido la magnitud de lo que está pasando en la Sierra de los Cuchumatanes”, menciona al explicar que la gente está desperada y que ha decidido empezar a abrir caminos con las manos para que pueda pasar algún vehículo”.

 

Pero la situación en las 15 aldeas que se mantienen aisladas en Huehuetenango, no es ajena a las más de 150 comunidades en Alta Verapaz, Quiché e Izabal que permanecen en las mismas condiciones desde hace más de dos semanas según el Comité para el Alivio del Hambre de Oxfam.

Para ser escuchados, los líderes comunitarios de Campur, Alta Verapaz, tuvieron que viajar a la capital esta semana para pedir al gobierno central que reubique a las 470 familias que se quedaron sin vivienda.

El paisaje en Campur, conformada por 88 aldeas, cambió de ser una comunidad viva con negocios locales y vivienda, a una laguna muerta. Las personas en el lugar se resignaron a que el agua no bajará, observaron cómo se han creado nuevos nacimientos de agua y ahora solo se transportan a través de lanchas.

“En algunas partes el agua está bajando, pero en el mero centro de la comunidad donde están todos los comercios y negocios el agua sube entre 50 y 60 centímetros que cada noche y no baja”, dijo Sebastián Chub que cuenta cómo cerca de su casa salió una cascada.

“No hay posibilidades de drenar el agua, donde está mi casa salió una cascada. Hay una torre de Tigo que quedó inundada, se miran solo cuatro gradas”, agregó.

Según la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred), son 1 millón 794 mil 671 personas las afectadas por las tormentas Eta e Iota. Además, son 135 las aldeas incomunicadas que deberán recibir la ayuda prioritaria al ser aprobada la prórroga del estado de Calamidad.

Inundaciones en la aldea Campur, San Pedro Carchá, Alta Verapaz. (Foto Prensa Libre: Byron García)