En total, 28 menores viven con sus madres en el COF. Algunos de ellos son acogidos por sus familiares durante unos días, para que conozcan el mundo exterior o para celebrarles su cumpleaños, y después los devuelven al presidio.
Otros niños saldrán dentro de poco porque no pueden permanecer en ese lugar después de los 4 años, según lo estipula el Reglamento del Sistema Penitenciario.
Pero no todos los hijos de las reclusas tienen la misma suerte, pues muchos no reciben visitas ni conocen más que el interior del penal, por lo que, cuando salen, se muestran temerosos.
Claudia Pascual, trabajadora social del COF, refirió que el 29 de noviembre último llevaron a los niños al Zoológico La Aurora, pero durante todo el viaje estuvo más atenta de Sofía, 3, ya que era la primera vez que salía.
No asimilaba estar lejos de su madre y no quería subirse al autobús ue los llevó, y era evidente su temor hacia lo desconocido, y no quería levantarse de su asiento”, dijo.
Pascual expuso que algunos de los menores no reciben visitas porque sus familiares residen en la provincia, por lo que pasan las fiestas de fin de año con su madre, privada de libertad.
Trabajo
La mayoría de mujeres obtienen algunas ganancias mediante los trabajos que efectúan en el penal, como elaboración de conos para una empresa de helados, limpieza y empaque de frijol o doblando cajas que luego se utilizan para despachar hamburguesas.
El COF cuenta con una guardería donde los niños pueden permanecer de 8 a 15.30 horas, mientras sus madres trabajan. Pero no todas pueden hacer lo mismo y sus labores se tornan más difíciles cuando están en periodo de lactancia, ya que deben laborar con el niño en brazos.
Una entrevistada contó que teme de dejar a su hijo en la guardería porque los niños mayores agreden a los pequeños.
La despedida
Marisol, 33, fue condenada a 50 años de prisión por asesinato; lleva 5. No recibe visitas y su única compañía es su hija, Sofía, 3. Llora cuando piensa que llegará el día en que su nena cumplirá 4 años y deberá entregarla a familiares que residen en Chiquimula.
“La vida aquí es muy dura. Dios es el único que la mantiene viva a una”, enfatizó.
Rina Valenzuela, una de las encargadas de la guardería, afirma que no puede evitar el llanto cuando ve a los pequeños atravesar la puerta de salida, consciente de que algunos no volverán.
Las condiciones del reclusorio no son las más apropiadas para que los niños vivan, debido a que todas las mujeres permanecen en pequeños módulos y no hay privacidad para que compartan con sus hijos.
Floridalma Elis, 24, padece de diabetes y tiene que cumplir una condena de seis años por extorsión; lleva tres. Por ahora cuida a su hijo David, 2, y asegura que cuando salga recibirá apoyo de su esposo, que recién quedó en libertad, por el mismo delito. Afirma estar arrepentida.
Édgar Camargo, director de Presidios, expuso que para el 2014 planifican la construcción de otro módulo para las internas, con el apoyo de una entidad internacional, y la mejora de las condiciones laborales de las que trabajan. Empresas podrían apoyar distribuyendo o encargando productos artesanales que ellas fabrican.
Juan, 3, dijo muy sonriente que para Navidad quiere más regalos, entre estos un carrito. Fernanda, 4, una muñeca; y Dulce, 3, tímidamente se escondió en una casita formada con plástico.
Cuando nos marchábamos del COF, Cristian, 3, quiso despedirse y nos acompañó hasta la puerta de salida. Extendió su mano derecha y mientras se cerraba la puerta logró decirnos adiós.