Los Estados como hacedores de las caravanas migrantes

Cada vez las personas migran más a EE. UU. para buscar el bienestar y la seguridad que no encuentran en sus países.

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Una migrante llora junto a su hijo luego que la Policía disolviera la caravana de miles de personas que bloqueba  una carretera en Vado Hondo, Chiquimula. (Foto Prensa Libre: EFE)
Una migrante llora junto a su hijo luego que la Policía disolviera la caravana de miles de personas que bloqueba una carretera en Vado Hondo, Chiquimula. (Foto Prensa Libre: EFE)

Desde octubre de 2018, una serie de caravanas han puesto en jaque a los gobiernos del Triángulo Norte de Centroamérica, México y EE. UU. acostumbrados a una migración irregular más silenciosa a la cual no se le solía poner tantas barreras.

Poco a poco Guatemala, Honduras y El Salvador han sido testigos de cómo ha crecido la cantidad de sus ciudadanos que viven en EE. UU. al punto que hoy en día, según datos del Centro de Investigaciones PEW (PRC, en inglés), más de 4.6 millones de migrantes de estos tres países radican en la Unión Americana.

De la misma forma, los gobiernos han visto crecer vertiginosamente las remesas familiares y de hecho algunos países hasta destacan positivamente esas cifras porque mantienen estable las macroeconomías.

Pero con la llegada de Donald Trump a la Presidencia, en enero de 2016, comenzó a complicarse la entrada a EE. UU. de los migrantes que ahora, en forma de movilizaciones masivas tratan de conseguir su objetivo: ser admitidos en ese país.

Las primeras caravanas fueron bien recibidas por la población e incluso por autoridades, pero a raíz de las presiones ejercidas por EE. UU. todo cambió y ahora, con la crisis del coronavirus de justificación, son reprimidas.

¿Quién es el responsable de esta tragedia humana?

Analistas y migrantes coinciden en señalar que se han efectuado cambios para desmantelar a los Estados que han quedado a merced de la corrupción y al verse cooptados no les interesa procurar por el bienestar de sus ciudadanos.

Estados corruptos

El analista independiente Jorge Wong comenta que el origen de esta situación que viven nuestros países tiene que ver con la forma “corrupta” cómo se fundó el Estado en 1821, por lo cual es un hecho histórico que no se puede cambiar en cuatro años de un gobierno.

Al contrario, los partidos políticos son parte de ese sistema corrupto que al llegar al poder debe pagar favores políticos, se drenan los recursos y no se escoge a las mejores mentes para hacer planes de desarrollo en favor de los más desfavorecidos.

Para mantener el sistema corrupto, enfatiza Wong, a los gobiernos tampoco les ha interesado educar a la población porque “un voto consciente no los va a favorecer”. Si a esta historia, se le agregan las crisis políticas, el coronavirus y los desastres naturales “pues es la tormenta perfecta para que ocurra todo esto”, subraya.

Miles de migrantes hondureños intentaron pasar hacia México, pero las fuerzas de seguridad de Guatemala se los  impidieron. (Foto Prensa Libre: EFE)

Wong es de la opinión que estos países deberían refundar sus políticas de Estado basados en la lucha contra la corrupción para ver avances en 10, 20 o 30 años, aunque no eso no será fácil.

El analista critica que ni los gobiernos de los países ni organismos regionales, como el Sistema de Integración Centroamericana (Sica), hacen propuestas para solucionar las crisis de estos países donde la gente migra no solo por la falta de oportunidades o inseguridad, sino por la profunda decepción de que no se ven cambios en el futuro cercano.

“No pasa nada y es lamentable. No se escucha nada, es penoso saber que los ciudadanos de esos países no le importan a nadie, ni a los gobiernos de sus países ni a los organismo internacionales”, cuestionó.

Estados débiles

Para Úrsula Roldan, directora del Instituto de Investigación y Proyección sobre Dinámicas Globales de la Universidad Rafael Landívar, la tragedia humana de la migración es el resultado estados débiles que no han sido capaces de generar políticas sociales y de servicios fuertes en salud y educación, por ejemplo.

Ante el cerco policial y del Ejército muchos hondureños optaron por regresar a su país. (Foto Prensa Libre: EFE)

Considera que el final de los conflictos armados en la región que golpearon más a El Salvador, Guatemala y Nicaragua, se perdió la oportunidad de un nuevo comienzo, pero las naciones no se guiaron por los acuerdos de paz y más bien se dedicaron a impulsar políticas de privatización y de reducción del gasto público.

Luego, el crimen organizado aprovechó ese debilitamiento de las democracias para cooptar el sistema y como producto de ello no existen partidos políticos, sino “maquinarias electoreras que eligen a un falso líder que llevan a un caudillo” para continuar con el sistema.

“Somos una bomba de tiempo y eso es lo que expresan las caravanas. La guerra tuvo efectos desastrosos y no aprendimos”, puntualizó Roldán.

La analista afirma que EE. UU. debe apoyar la lucha contra la corrupción, impunidad y crimen organizado, y no perseguir a los migrantes, que al final de cuentas son un efecto no una causa del problema.

Además, debe respaldar con financiamiento fuerte la reconstrucción social y económica de las comunidades, pero en coordinación con actores locales que en verdad representen a los territorios expulsores de migrantes.

Soldados reprimen a los integrantes de la caravana. (Foto Prensa Libre: EFE)

Mirada migrante

Líderes migrantes en EE. UU. mostraron su rechazo porque aseguran, un Estado expulsor de su población, como Guatemala, ahora se ha convertido en uno que reprime a aquellos que buscan oportunidades en otros países.

“Los migrantes no son culpables, son víctimas de estados fallidos donde operan los monstruos de mil cabezas robándose la salud, la educación y el desarrollo, creando una fábrica de pobreza infinita que los fuerza al exilio. Es indignante”, expuso Walter Batres, migrante que radica en California.

Guillermo Castillo, líder guatemalteco en Ohio, indicó que reprochó que “no existe ningún compromiso serio de ningún ejecutivo, legislativo, judicial, municipal, academia, tanque de pensamiento, iglesia, líderes comunitarios, ni empresarios de hablar en serio sobre razones y soluciones a la migración”.

“Las caravanas solo desnudan el drama de quienes intentan migrar. Requiere coraje salir y arriesgarse a desaparecer, ser secuestrado, violado, mutilado, atentado o morir en el intento, antes de morir sin hacer nada al respecto”, exclamó.

Algunos indicadores

Los países del Triángulo Norte de Centroamérica comparten los mismos problemas, por esa razón figuran en posiciones muy similares en el Informe de Desarrollo Humano 2020, en los puestos 124 en el caso de El Salvador; 127, Guatemala; y Honduras 132.

Casi la mitad de los hondureños viven en pobreza y uno de cada cinco en la pobreza extrema. (Foto Prensa Libre: Érick Ávila)

En cuanto a violencia, por ejemplo, las tasas en 2019 por cada 100 mil habitantes fueron: Guatemala, 21.5; El Salvador, 36.5, y Honduras 43.6.

En cuando a educación el Banco Mundial (BM) muestra que la matriculación de primaria de niños bajó del 2010 al 2019, 14% en Guatemala; en Honduras viene en picada desde el 2003 al 2019 con un descenso de 17.3%. El Salvador también registra una caída de 21.21% del 2007 al 2018.

En cuanto a pobreza, revela que esta aumentó de 56% a 59.3% del 2000 a 2014 en Guatemala, mientras que en Honduras apenas se redujo 49.8 a 49.3 de 2017 a 2018. El Salvador ha mostrado cierta mejoría, puesto que redujo este indicador, según datos oficiales del BM, del 34.9% al 22.8% del 2015 al 2019.

Respecto a la pobreza extrema, definida por el BM como las personas que viven con US$1.90 al día o menos, esta se sitúa en Guatemala en 8.8%; en Honduras, 16.9% y en El Salvador en 1.5%.