Migrantes toman más riesgos para evadir los cada vez más estrictos controles fronterizos

Autoridades confirman un incremento del número de decesos y llamadas pidiendo auxilio o que reportan a migrantes desaparecidos.

Muertos frontera sur estados unidos
Un oficial de la CBP camina frente a una señal de alerta que esa unidad ha colocado a lo ancho de amplios puntos desérticos en el sur de EE. UU. para auxilio de los migrantes. (Foto Prensa Libre: Sergio Morales)

El teléfono sonaba insistentemente, un agente fronterizo de EE. UU. responde. Del otro lado de la línea un guatemalteco lloraba, con desesperación pedía auxilio. Tenía días de que no recibía noticias de su hijo que había migrado a aquel país, ya no se había comunicado con él y temía lo peor.

Llamadas de este tipo son cada vez más frecuentes en la línea telefónica del Programa de Migrantes Desaparecidos (MMP, en inglés) de la oficina de Aduanas y Control Fronterizo (CBP, en inglés) de EE. UU., cuyos responsables afirman que el negocio del coyotaje se ha deshumanizado a tal punto que las personas son vistas “como mercancía” o peor aún “como basura”.

En su intento por internarse en EE. UU. los migrantes se enfrentan a múltiples obstáculos. Primero es cruzar el río Grande, luego caminar muchos kilómetros por áreas escabrosas —para no ser detectados— hasta llegar a algún punto de una carretera donde deben ser llevados a su destino en vehículo, regularmente un camión, para salir de las 100 millas desde la frontera, que es donde tiene jurisdicción la CBP.

Pero las autoridades fronterizas han reforzado los controles también en carreteras lo cual ha complicado el trabajo de los traficantes de personas, quienes para evitar que los migrantes sean sorprendidos los exponen a muchos riesgos, más de los que enfrentaban antes.

Un ejemplo de ello ocurre en Falfurrias, ciudad del condado de Brooks, Texas, a 76 millas de McAllen, en donde abundan amplísimas áreas inhabitadas semidesérticas donde muchos migrantes han perdido la vida.

Atravesada por la autopista 281 que divide en dos el país, desde Brownsville, frontera con México, hasta Canadá, el paso por esta ciudad es casi obligatorio para internarse por EE. UU.

muertos frontera sur de EE. UU.
Extensos e inhóspitos valles en Falfurrias, donde los migrantes son obligados a caminar para no ser detectados por la Patrulla Fronteriza. (Foto Prensa Libre: Sergio Morales)

 

Unos kilómetros antes de llegar a Falfurrias se encuentra la garita de revisión donde obligadamente son inspeccionados todos los automotores. Debido a que desde hace unos años atrás la CBP cuenta con mejor tecnología, comenzaron a detectar a muchos indocumentados dentro de vehículos, dentro de cajuelas, en cajas o en dobles fondos.

Después de pasar días en “casas de seguridad” de los coyotes, con poca agua y comida, estos esperan el momento propicio para transportar a los migrantes dentro de camiones, y los obligan a bajarse varios kilómetros antes del punto de revisión para que caminen hasta kilómetros después de este y así evitar ser detectados.

Esta práctica ha traído como consecuencia decenas de muertos en los últimos años. Tan solo en el 2019, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) reportó que 497 personas fallecieron en su intento de cruzar la frontera sur de EE. UU., 53 adicionales a los reportados en el 2018, y 80 más que en el 2017.

Más muertes

 

Mientras que el Ministerio de Relaciones Exteriores repatrió a 135 cuerpos de guatemaltecos el año pasado que murieron mientras migraban al norte, un aumento del 40% respecto al 2018. Asimismo, recibió 70 alertas por desaparición. Estas cifras confirman que el viajar de forma irregular a EE. UU. puede terminar en tragedia.

El terreno por donde caminan los migrantes para esquivar los puestos de registro es muy hostil. Es arenoso, lo cual hace más dificultoso dar un paso, hay animales venenosos como serpientes o escorpiones, escasa vegetación y poca sombra.

El terreno por donde se movilizan los indocumentados es arenoso lo cual hace más dificultoso cruzarlo. (Foto Prensa Libre: Sergio Morales)

 

Con solo caminar 150 a 200 metros sobre ese terreno el cuerpo se resiente. El día que Prensa Libre visitó el área había mucho frío; sin embargo, en la época calurosa pueden registrarse temperaturas de 37 a 40 grados centígrados lo cual hace que la humedad y el calor sea insoportable.

“Los coyotes les dicen que van a caminar solo dos horas unos 100 metros, pero la realidad es que les puede llevar varios días caminar más de cinco millas —ocho kilómetros—”, refiere la oficial de CBP Elizabeth Gamez, supervisora del programa MMP, quien confirma que “a diario” los consulados reportan casos de personas perdidas.

Lo peor es que para no ser detectados, los migrantes no usan los caminos, sino que prefieren adentrarse más en los extensos terrenos, por lo cual después unos minutos u horas se pierden y no saben para donde caminar.

La CBP ha colocado en diferentes puntos semidesérticos cercanos a Falfurrias señales de auxilio que tienen un código que un migrante puede reportar para que den con su ubicación si es que aún lleva su teléfono con batería.

Si no, también hay torres de emergencia en donde al llegar pueden oprimir un botón que activará una señal en un mapa interactivo en poder de los oficiales del Programa para que lleguen en su auxilio.

Cruzar el río Grande es otro de los riesgos a los que se enfrentan los migrantes. En la fotografía, un oficial de la CBP custodia uno de los pasos ciegos. (Foto Prensa Libre: Sergio Morales)

 

Claro está, al hacer esto el indocumentado estará dispuesto a entregarse a las autoridades —cuando estaban a poco de librarse de ellos—, para que lo procesen por haber ingresado sin autorización a EE. UU., pero esto muchas veces ya no les importa cuando ven de cerca a la muerte, en medio de la nada, sin comida ni agua.

“Las organizaciones ilícitas se están aprovechando de la necesidad de estas personas porque les ofrecen hacer realidad un sueño. Aunque ahora las llamadas están bajas cuando empieza a hacer calor aumentan porque las personas se deshidratan y caen”, enfatiza Gamez.

En qué consiste

 

La oficial de CBP explicó que el programa MMP consiste en cuatro acciones: prevención, ubicación, identificación y reunificación. Todas las acciones para evitar la muerte de los migrantes corresponden a los primeros dos puntos.

En cuanto a la identificación comenta que toman las huellas dactilares o muestras de ADN de los cuerpos para identificarlos lo antes posible, en un trabajo que hacen junto con los consulados, para luego —el último punto— facilitar la entrega de los cuerpos a las familias.

El caso del guatemalteco

 

No pocas de las alertas de desaparición tienen un final trágico.

El caso del guatemalteco citado al principio fue uno de ellos. Gamez relató que el joven tenía 22 años y que viajó a EE. UU. porque quería reunirse con su madre. El coyote, prosiguió la oficial, se comunicó con el padre y le dijo que habían dejado a su hijo abandonado porque se desmayó.

La CBP ha instalado torres de auxilio donde los migrantes pueden llegar y presionar un botón para entregarse a las autoridades, aunque en ese punto ya están cerca de librarse de la jurisdicción de ese cuerpo policial. (Foto Prensa Libre: Sergio Morales)
La oficial Elizabeth Gamez explica a periodistas cómo funcionan las torres de alerta. (Foto Prensa Libre: Sergio Morales)

 

“El papá le rogó al coyote que por favor llevara a su hijo a un hospital que él iba a pagar, pero el coyote le respondió ‘cómo crees, no puedo, tengo que mover mi mercancía, por uno no voy a perder a los otros 13’”, cuenta Gamez.

“Yo soy madre y no me puedo imaginar estar en esa situación en la que dejan a tu hijo abandonado como si fuera basura. No me lo puedo imaginar implorando al coyote para que no lo abandonara”, recalca.

Al cabo de unos días el joven fue hallado muerto y una semana después identificado con el consulado de Guatemala. Finalmente, su cuerpo fue enviado de regreso a su país.

Formas crueles

 

El hacer caminar largas distancias a los migrantes se suma a una lista de riesgos que las bandas de traficantes de personas los hacen pasar en el trayecto por el Valle del Río Grande.

Otra forma, añaden oficiales fronterizos, es hacerlos cruzar el río en pequeñas balsas para cuatro o cinco personas las que cargan hasta con 15 o 20. Muchos, incluidos niños, han fallecido ahogados porque los avientan al agua, aunque no sepan nadar.

Los coyotes también introducen personas en las cajuelas de los vehículos y los conducen así durante largos trayectos, también cargan camiones con cientos a pesar del riesgo de que puedan morir deshidratados y hacinados, como de hecho, ha sucedido.