Una vieja práctica

Junto a las protestas para erradicar la corrupción, la ciudadanía también exigía al Congreso terminar con la práctica del transfuguismo; pero contrario a esa petición, los primeros pasos de la octava legislatura han sido más de las viejas prácticas.

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Según información de la Dirección Legislativa del Congreso, tan solo 24 horas después de haber asumido, 48 legisladores ya eran tránsfugas. Ellos representan el 30.57 por ciento del total de congresistas juramentados el jueves último.

Además, ya surgieron bloques legislativos nuevos: Progresista, Alianza Ciudadana y Movimiento Reformador —partido—, y al menos cuatro diputados se declararon independientes y no integran ninguna bancada, por ahora.

Los partidos más afectados son Libertad Democrática Renovada (Líder) y el exoficialista Partido Patriota (PP), que quedaron debilitados luego de haber sufrido una estampida de legisladores, ya que los tres nuevos bloques son integrados en su mayoría por tránsfugas de esas dos organizaciones políticas.

Pese a que prácticamente un tercio de quienes forman el Pleno ya salieron de los partidos que los postularon, es muy probable que en los próximos días haya más movimientos, sobre todo de cara a la integración de la nueva Junta Directiva y a la debacle de Líder.

Pesos y contrapesos

Luego de la desbandada en algunos bloques, el grupo que queda como la fuerza mayor es la Unidad Nacional de la Esperanza; sin embargo, al contar con 33 diputados, siempre necesitará acuerdos con otras agrupaciones para conseguir como mínimo los 80 votos necesarios para impulsar una agenda. Por lo pronto, ya tiene la Directiva.

Para aprobar decretos urgentes, que requieran del beneplácito de no menos 105 legisladores, el cabildeo deberá ser más intenso y los bloques mayoritarios se verán obligados a buscar el apoyo de las pequeñas bancadas.