Por México fue bastante tranquilo. Atravesé en bus y en varios taxis hasta llegar a la frontera. Lo difícil es atravesar el desierto. Se sufre mucho. Hay que llevar suficiente comida y agua, para aguantar. Aunque en esta época dicen que no hace tanto calor, sí había mucho.
¿Le alcanzaron las provisiones? ¿Cuánto tiempo estuvo en el desierto?
No, a pesar de que llevaba una maleta de 60 libras, con comida para unos ocho días, pero se me terminó, estuve tres días, pero a veces uno trata de ayudar a otros que llevan poco o nada.
¿Piensa volver a intentarlo?
Tengo miedo, pero tengo a mi familia allá, a mi esposa y a mis dos hijas. Tenemos una vida hecha. Mis hijos estudian, hablan inglés, y son estadounidenses. No puedo dejar a mi familia. Mi mayor temor es que regresen también a mi esposa de allá. Imagínese, a como dé lugar tengo que llegar de vuelta, y por supuesto que lo voy a intentar.
¿A qué se dedicaba usted en Estados Unidos? ¿Cómo se dio su deportación?
Yo trabajaba en la construcción. Llegué allá cuando tenía 16 años. Me casé y tuve dos hijos. El año pasado me detuvo Migración y me deportaron en septiembre. Al estar en Guatemala junté dinero y regresé en mayo. Luego me deportaron.
¿Ha pensado regresar y traer a su familia para Guatemala?
Están muy pequeñas. Una tiene 8 años y la otra, 6. Ellos tienen otra cultura y yo nunca he trabajado en Guatemala. Además, tendría que arreglar muchos papeles, sus pasaportes y no sé qué otras cosas más. Tal vez cuando crezcan un poco más y puedan comprender lo que nos pasa.
¿Recomendaría a otros que intenten llegar a EE. UU.?
Los que no tienen familia allá mejor que no lo intenten, es muy riesgoso y no vale la pena.