La pareja se separó el año pasado, tras 21 años de relación, y en una primera prueba de paternidad, realizada en noviembre, el hombre descubrió que el hijo mayor no era de él sino de otro residente del pueblo.
A continuación, la Justicia austríaca llevó a cabo pruebas de paternidad con los otros tres vástagos, que tampoco resultaron ser del que se creía su padre.
Por eso, el austríaco víctima de esta infidelidad exige de su excompañera el pago de 100 mil dólares (unos 800 mil quetzales) por los costes de juguetes, formación escolar, vacaciones y otros desembolsos durante el tiempo que convivió bajo el mismo techo la pareja.
Según el rotativo austríaco, el hombre propone además que todos los padres tengan que someterse a una prueba de paternidad durante el primer año de vida de sus hijos, ya que sólo así se podrán evitar casos como el suyo, agrega el rotativo austríaco.