La desesperación en Wilmington, el barrio latino de Los Ángeles inundado de camiones y contenedores por la crisis en las cadenas de suministro

El polvo y el ruido constante no son solo una incomodidad sino que dice que están perjudicando la salud de su familia.

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Imelda Ulloa en la puerta de su casa en Wilmington frente a la constante fila de camiones.
Imelda Ulloa en la puerta de su casa en Wilmington frente a la constante fila de camiones.

“Este sitio nos está matando”.

Ella llegó a este vecindario al lado del puerto de Los Ángeles hace 24 años desde Jalisco, México. Pero cuenta que desde hace dos años ya no puede salir porque las calles están invadidas por camiones y contenedores.

“A mi marido le diagnosticaron hace unas semanas asma. Le cuesta respirar. Está mal. Nadie nos oye, nadie se compadece”, añade Ulloa mientras rompe en llanto.

Calle de Wilmington con camión.
Analía Llorente

BBC Mundo recogió testimonios similares entre los vecinos de Wilmington, una comunidad mayoritariamente de origen hispano. Dicen que están marginados.

“Importamos demasiado”

Los puertos de Los Ángeles y Long Beach -ubicados uno al lado del otro en el sur de California- reciben el 40% de las importaciones de Estados Unidos.

Y casi todos los años se rompe el récord del año anterior en la recepción de cargamentos.

Puerto de Los Ángeles el 15 de abril de 2022.
Getty Images
Imagen aérea del puerto de Los Ángeles el 15 de abril de 2022.

En 2021, el volumen del puerto de Los Ángeles fue de 10,7 millones de contenedores. Eso representó un 13% más con respecto a 2020.

Mientras, el año pasado el puerto de Long Beach recibió 9,4 millones de contenedores, un 15,7% más que en 2020.

En Estados Unidos importamos demasiado. Todo lo que se ve en el comedor, las sillas donde nos sentamos, ropa, zapatos, teléfonos, etc., vienen de otros países y entran por el puerto de Los Ángeles”, detalla Gabriela Medina, Directora de distrito en el equipo de Joe Buscaino, concejal de Wilmington en la ciudad de Los Ángeles.

“Solo en febrero de 2022 hubo 80.000 contenedores más que en el mismo mes del año anterior. Y una compañía que típicamente maneja unos 100 contenedores al día, hoy está moviendo el doble o casi el triple”, añade a BBC Mundo.

Contenedores apilados frente a los trenes en Wilmington.
Analía Llorente
Contenedores apilados frente a los trenes en Wilmington.

“Desafortunadamente, como sociedad, en más de 150 años de estar moviendo contenedores, no hemos encontrado diferentes maneras para transportarlos. El único modo es por barco y luego los ponemos en las vías de tren o en camiones”, describe Medina.

La pandemia de covid-19 complicó la situación, provocando la llamada “la crisis de los contenedores”.

Esta supuso una escasez de espacio disponible en los buques para transportar productos de Asia a Occidente, atascos en los mayores puertos internacionales, los cierres temporales de algunas terminales marítimas chinas debido a las estrictas medidas para controlar la pandemia o la falta de camioneros para transportar los contenedores, entre otras consecuencias.

Durante varios meses en 2021 y a principios de 2022, se formaron filas récord de buques de carga fuera de los puertos de Los Ángeles y Long Beach principalmente porque no había personal para descargarlos.

En un día de enero de este año hubo hasta 109 barcos esperando para atracar. Antes de la covid, era inusual que más de uno tuviera que esperar a la vez.

Una imagen satelital muestra los buques con contenedores esperando fuera del puerto de Los Ángeles en septiembre de 2021.
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Imagen de buques de carga esperando fuera de los puertos de Los Ángeles y Long Beach en septiembre de 2021.

En marzo, las filas comenzaron a ser menos largas, en parte gracias a un aumento en la velocidad de la carga y descarga en las terminales de los puertos de Los Ángeles y Long Beach.

Según datos proporcionados por la ciudad de Los Ángeles, solo seis empresas cuentan con permiso para almacenar y mover contenedores en los depósitos de Wilmington.

Y existen al menos una veintena de casos judiciales contra compañías que están moviendo y almacenando contenedores sin estar habilitadas para hacerlo.

El incremento en el movimiento de contenedores afecta de forma directa a la comunidad de Wilmington.

Un viejo problema

Wilmington tiene más de 230 años de antigüedad y en 1909 se unió a la ciudad de Los Ángeles, dos años después de la fundación del puerto de la ciudad californiana.

Vista aérea de Wilmington en febrero de 2022.
Getty Images
Vista aérea de Wilmington en febrero de 2022.

Según las autoridades locales, en el último siglo el puerto ha tenido un crecimiento espectacular, sin que se realizara una planeación urbana adecuada para separar físicamente la zona industrial de la residencial.

“Al vivir en el corazón del puerto más grande de Estados Unidos, los residentes de Wilmington han estado lidiando con los impactos de la industria del movimiento de mercancías durante décadas, pero ha empeorado con el reciente aumento de la demanda de mercancías que llegan al puerto de Los Ángeles debido a la pandemia”, explica el concejal Joe Buscaino.

“Wilmington también está lidiando con una mala en los últimos 50 años que permitió que se construyeran barrios residenciales alrededor de empresas industriales. No hay soluciones sencillas ni rápidas para resolver este problema”, dice en un correo electrónico a BBC Mundo.

Roberto Monroe
Analía Llorente
Roberto Monroe dice que Wilmington es una comunidad marginada.

En Wilmington viven cerca de 60.000 personas, mayoritariamente con raíces hispanas.

“Hay muchos indocumentados, algunos desde hace 30 años, que no saben que tienen derechos y que hasta ahora no tenían conciencia de que tenían poder de voz” para reclamar por lo que están viviendo, dice Roberto Monroe un activista de origen mexicano que trabaja como estilista en el barrio.

Wilmington está rodeado por una zona industrial, pero sus calles y casas son como las de cualquier barrio residencial del sur de California.

Cartel de prohibido camiones en Wilmington.
Analía Llorente

Si bien existe una prohibición para que los camiones de grandes dimensiones circulen por allí, esto sucede de todos modos.

“Todos los días es lo mismo. El coche de mi hijo parece una piñata por los bollos” hechos por el paso de los camiones, dice Alma, quien llegó a Wilmington desde México hace 8 años y vive sobre una de las calles más transitadas.

Lo que antes era una actividad de 11 a 18 horas de lunes a viernes, en la actualidad se transformó en un tránsito las 24 horas todos los días.

Aunque los domingos se puede descansar un poco”, asegura Alma, quien está cansada de esta situación porque no puede salir al patio por el ruido ensordecedor de los camiones, ni colgar la ropa porque se le llena de polvo.

Incluso los mismos vecinos colocaron barricadas y carteles para mostrar su rechazo al paso de los camiones.

Cartel de No Trucks (sin camiones) junto a barricadas.
Analía Llorente

“Los niños ya no pueden jugar aquí. Esto hace 20 años lucía muy diferente”, afirma Gina Martínez, presidenta del Consejo Vecinal de Wilmington.

“Un lugar seguro para todos”

La unidad de policía del puerto de Los Ángeles que patrulla el barrio dice que hace todo lo posible para proteger a los vecinos, aunque deja claro que no puede impedir que se descarguen y carguen camiones.

“Aumentamos nuestro patrullaje de vigilancia del área y hacemos cumplir la ley cuando es necesario”, asegura a BBC Mundo el sargento Glenn Twardy, de la policía del puerto de Los Ángeles.

Camión pasando frente a una casa en Wilmington
Analía Llorente

Según explica, en las calles de Wilmington patrullan nueve oficiales motorizados y desde noviembre pasado se empezó a llevar un registro de las infracciones.

Al ser consultado sobre si su patrullaje tiene algún efecto, Twardy afirma que han visto una disminución en la circulación de camiones en la zona, aunque aclara que esto también respondería a que el Departamento de Transporte de Los Ángeles incrementó el monto de las multas, que pueden superar los US$200.

“No estamos aquí para detener el comercio ni para sancionar a los conductores. Solo queremos que sea un lugar seguro para todos. Los camiones deben utilizar los caminos designados y esos caminos no incluyen vecindarios donde los niños juegan o las personas cruzan las calles”, enfatiza el sargento Twardy.

Contenedores apilados frente a las casas.
Analía Llorente
Contenedores apilados frente a las casas.

Pero los vecinos aseguran que no ven esos controles.

“Yo siento que nadie nos ayuda. ¿Por qué no paran, porque somos latinos, porque somos menos?”, se pregunta Imelda Ulloa.

Posibles soluciones

Roberto Monroe dice que en Wilmington hace años sufren este problema porque están marginados.

“Se nos ve como una comunidad pobre, pero no lo somos, trabajamos. No tenemos ayuda porque no somos de primera categoría. No nos toman en serio como residentes“, asegura.

Algunos vecinos reclaman que se habilite una calle fuera del área residencial para que circulen por ella exclusivamente los camiones con contenedores. Otros piden directamente que bloqueen las calles de Wilmington.

Imelda Ulloa barre frente a su casa.
Analía Llorente
Imelda Ulloa dice que barre el frente a su casa tres veces al día.

La Asociación de Gobiernos del Sur de California (SCAG), la Ciudad de Los Ángeles, el puerto de Los Ángeles y al Departamento de Transporte de California realizaron un estudio de mitigación del transporte de mercancías que recomendó varias soluciones.

Entre las propuestas a corto plazo están la inclusión de rotondas, el cierre de algunas calles, la implementación de callejones sin salida, la creación de un fondo para mitigar la contaminación de los camiones en las zonas residenciales y la formación de grupos de trabajo para hacer cumplir las normas de tránsito locales, entre otras medidas.

Para el largo plazo, la oficina del concejal Buscaino solicitará más de US$90 millones de los recursos estatales y federales para mejorar la infraestructura en cruces ferroviarios del vecindario y crear zonas industriales híbridas para facilitar la convivencia de los usos industriales y residenciales.

Contenedores apilados frente a las casas.
Analía Llorente

Mientras tanto, la ciudad ofreció a los vecinos sistemas de filtración de aire para el exceso de polvo y ventanas dobles para aliviar el impacto sonoro del paso de los camiones.

“La conclusión es que el estado y el gobierno federal tienen la jurisdicción y la financiación para implementar soluciones a largo plazo”, asegura Buscaino.

Los residentes de Wilmington no merecen cargar con los efectos más negativos del consumismo estadounidense”, concluye.


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