Coronavirus: cuáles son las drogas que EE. UU. está probando contra el virus

El avance de la pandemia del coronavirus obliga a gobiernos y científicos a buscar una cura contra este mal.

El fosfato de Cloroquina se utiliza para el tratamiento de la malaria (Foto tomada de Infobae).
El fosfato de Cloroquina se utiliza para el tratamiento de la malaria (Foto tomada de Infobae).

La rápida propagación de la enfermedad hace que sea casi imposible pensar que una vacuna sea la solución a corto plazo, pues según especialistas, esta podría estar lista antes de que culmine el 2020.

Infobae informó que esa desesperación por hallar maneras de actuar ahora llevó a algunos médicos a preguntarse qué pasaría si, en vez de desarrollar una vacuna o una nueva droga, se utilizan medicamentos preexistentes para tratar este nuevo virus.

 

Algunos empezaron a trabajar en esa dirección desde hace más de un mes y han encontrado resultados realmente esperanzadores.

“La hidroxicloroquina es una droga para la malaria, que se usa también para una artritis muy seria, que es muy poderosa y está allí desde hace tiempo, así que sabemos que si las cosas no salen como lo planeamos no va a matar a nadie. Con una droga nueva eso no se sabe. Esta droga ha demostrado resultados muy alentadores. Vamos a hacer que esté disponible casi de inmediato”, anunció el presidente de EE. UU., Donald Trump.

La cloroquina fue descubierta en 1934 por el científico italo-alemán Hans Andersag.

Está en la Lista de Medicamentos Esenciales de la Organización Mundial de la Salud, que incluye a las medicinas más seguras y efectivas que se necesitan en un sistema de salud. Es utilizada esencialmente para prevenir y tratar la malaria y, ocasionalmente, se utiliza para la amebiasis que se produce fuera de los intestinos, la artritis reumatoide y el lupus eritematoso.

La publicación de Infobae explica que la hidroxicloroquina se diferencia de la cloroquina por la presencia de un grupo hidroxilo en el extremo de la cadena lateral.

Se considera que su actividad es similar a la de la cloroquina, y su uso actual es creciente, fundamentalmente debido a su mejor perfil de seguridad.

Tiene una farmacocinética similar, con rápida absorción gastrointestinal y se elimina por el riñón, explicó el doctor Lautaro de Vedia en un documento publicado hace unos días en el sitio web de la Sociedad Argentina de Infectología.

“Investigaciones diversas han demostrado que la cloroquina ejerce efectos antivirales a través de diferentes mecanismos”, agregó De Vedia—.

Estos antecedentes llevaron a investigadores de distintas partes del mundo a probar sus efectos sobre el coronavirus actual.

El balance provisional de las pruebas efectuadas es positivo.

“Dos equipos de investigación independientes encontraron que la cloroquina tiene actividad anti-SARS-CoV a nivel celular.

Los resultados de la Universidad de Lovaina, en Bélgica, mostraron que el fosfato de cloroquina puede inhibir la replicación del virus en la línea celular Vero E6 inducida por el SARS-CoV, con una concentración inhibitoria del 50%, cercana a la lograda durante el tratamiento de la malaria aguda.

Inhibe la replicación

Un estudio efectuado en los EE. UU. encontró que la cloroquina inhibe la replicación del virus al reducir la glucosilación terminal de los receptores de la enzima convertidora de angiotensina 2 (ACE2).

De hecho, los médicos chinos sabían del potencial de esta droga y la probaron en sus pacientes.

Los resultados en más de cien casos evidenciaron que la cloroquina ayuda a inhibir la exacerbación de la neumonía y acorta el curso de la enfermedad.

Pero lo más importante es que no se registraron efectos adversos serios en los pacientes.

También está en estudio una droga producida por Gilead, el Remdesivir, usada para otros propósitos, que parece tener muy buenos resultados para este coronavirus.

El remdesivir es una medicación antiviral, originalmente pensada contra el ébola, pero que resultó eficaz contra el MERS y otros coronavirus en estudios en laboratorio.

El presidente Trump justificó la necesidad de avanzar con las terapias antivirales ante la imposibilidad de que las vacunas que están en desarrollo puedan suministrarse a la población en el corto plazo.

 

 

 

 

 

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