Bien público

Bebidas azucaradas: amargas para la salud

Jonathan Menkos Zeissigjmenkos@gmail.com

Las bebidas azucaradas —gaseosas, jugos empacados, atoles líquidos y algunas presentaciones de leche— tienen un efecto nocivo para la salud, además del aumento de peso. Estudios publicados en revistas científicas especializadas muestran que estas bebidas aumentan el riesgo de obesidad, diabetes, síndrome metabólico, caries e hipertensión. Un estudio clínico realizado en la Universidad de California Davis refiere que las bebidas endulzadas con jarabe de maíz, de alta fructuosa, aumentan en la sangre el porcentaje de partículas que contienen “colesterol malo”, incrementando los niveles de ácido úrico y riesgo de enfermedades cardiovasculares. En Estados Unidos, las bebidas azucaradas han sido responsables de al menos dos millones de casos nuevos de diabetes en los últimos 10 años.

Un reciente trabajo realizado por investigadores de la Unidad de Cirugía Cardiovascular de Guatemala (Unicar) advierte de que el país enfrenta una doble carga de malnutrición, al convivir en los hogares altos grados de desnutrición y obesidad. De acuerdo con el estudio, se estima que el 37% de los adolescentes guatemaltecos tienen sobrepeso u obesidad; el 80% consume aguas gaseosas por lo menos un día a la semana. Asimismo, el consumo más alto se da en hogares pobres, en aquellos con menos acceso a agua potable, y en las escuelas públicas.

Tomando la información proveniente de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) 2014 y utilizando el Sistema Casi Ideal de Deaton —metodología que calcula elasticidades controlando las diferencias en la calidad de los bienes—, los investigadores de Unicar determinaron, entre otras, tres conclusiones valiosas para el debate nacional. Primero, la bebida en la que más gastan los hogares pobres y no pobres son las gaseosas. Segundo, un aumento del 10% en el precio de las gaseosas disminuiría su consumo en un 13.9%. Tercero, los resultados sugieren que la implementación de un impuesto a las bebidas azucaradas reduciría su consumo, especialmente de bebidas gaseosas.

Muchos países han tomado este camino para reducir el nocivo consumo de bebidas azucaradas, por lo que existe mucha evidencia a favor de un impuesto con tal objetivo. Por ejemplo, en México se puede constatar que el 100% del impuesto (1 peso por litro) recayó sobre el consumidor, lo que explica la caída en la demanda de estos productos, que se redujo entre un 6 y 12%. También se constatan reducciones en la prevalencia de obesidad.

Nueve estudios relacionados con la aceptabilidad de la medida —resumidos en una publicación de la revista Medwave, 2017. Septiembre/Octubre—, reportan niveles de apoyo a una medida fiscal sobre las bebidas azucaradas, que van del 36 al 60% de la población en general. Al estudiar la opinión de los actores involucrados, principalmente tomadores de decisión, la aceptación baja un poco respecto de la opinión general. Estos actores adujeron la necesidad de contar con estudios que profundicen en los impactos de dicha medida, sobre la economía, el empleo y la salud.

En Guatemala está vigente un impuesto a la distribución de bebidas. Desafortunadamente este impuesto no busca disminuir el consumo de bebidas azucaradas como estrategia de salud. Toca estudiar cómo implementar un impuesto para reducir el consumo de estos dañinos productos, pudiendo lograr otros dividendos como una recaudación destinada a mejorar el acceso a agua potable, fortalecer la salud pública y apoyar la reconversión de la industria de bebidas azucaradas hacia alimentos más sanos, buscando garantizar la inversión y los empleos de este sector.

jmenkos@gmail.com