CatalejoGeorge Harrison
QUIENES ESTAMOS en la quinta década de la vida, sin duda sentimos una sensación especial, mezcla de tristeza y de nostalgia, con la noticia del fallecimiento de George Harrison. Nunca lo conocimos personalmente, pero mencionar su nombre, como el de John Lennon, Paul MacCartney y Ringo Starr, es llevarnos al recuerdo de los Beatles. Para las nuevas generaciones, estos nombres talvez significan poco, o nada. Pero para quienes éramos quinceañeros en los tan lejanos años sesenta del siglo pasado, constituyen una especie de ícono de una etapa juvenil en la cual empezaron a manifestarse, aunque tímidamente, algunos signos de rebeldía, ejemplificados en la música y estilo de un cuarteto inglés llamado a revolucionar la música del mundo occidental.
ERA UN MUNDO tan simple… la nuestra era una generación nacida después o en los últimos años de la Segunda Guerra Mundial y empezaba a manifestar rechazo por los valores de un mundo sumergido en la Guerra Fría. Eramos todos tan jóvenes, ellos desde su natal Liverpool y el resto de la población occidental, pero también éramos tan inocentes. Y por eso la rebeldía era también inocente e hizo a muchos abrazar causas ideológicas con entusiasmo e idealismo y talvez con menos cerebro. Duraron poco como grupo musical, pero su efecto aún perdura y se les puede calificar como los músicos más influyentes del siglo pasado, por su efecto en el estilo de vida de toda una generación.
POR ESO, CON LA partida de Harrison, como con el asesinato de Lennon, en 1980, toda nuestra generación muere un poco. El mundo cambió y también los grupos musicales, cuyos excesos en algunos casos los descalificaron. Los Beatles ya son parte de la historia, como lo son las ilusiones y muchos de los ideales de ese tiempo. Al compararlos con lo ocurrido posteriormente, se les puede ver en toda su sencillez casi infantil, sobre todo en su primera etapa. Talvez la brevedad de su vida como grupo es el gran secreto para su continuación en la historia. Una cosa es cierta: mientras los ahora cincuentones vivamos, la música de los Beatles se mantendrá viva y sonriente.
Ayudar a vivir
DESDE HACE ALGUNOS días, Pepsi y Pollo Campero desarrollan una campaña de recaudación de cinco millones de quetzales, para contribuir con el presupuesto de funcionamiento de la Unidad Nacional de Oncología Pediátrica, UNOP, localizada en el Hospital Roosevelt e integrada por la Asociación Ayúdame a Vivir y el Ministerio de Salud, y en servicio desde abril del 2000, con atención a 700 niños con cáncer y con promedio de 17 casos nuevos mensuales. Es un lugar donde hay esperanza para niños enfermos, y porque tienen esa esperanza, resulta muy importante contribuir para darle la oportunidad de vida a sus pequeños pacientes. Lo veo como un imperativo moral.
LA UNOP NECESITA 21 millones de quetzales para sobrevivir. El ministerio aporta 6: la fundación, 4; la rifa Pepsi-Campero hará lo posible para recaudar otros 5. Y el resto debe ser obtenido por medio del programa de padrinos. Es un plan muy ambicioso, pero sin duda atractivo para darle a quienes adquieran boletos de las rifas de dos casas, automóviles y una serie de premios muy atractivos. Por aparte, es necesario lograr el interés de nuevas personas para adherirse como voluntarios a esta lucha contra una de las enfermedades más dolorosas en la niñez, pero ahora con altos porcentajes de lograr cura si el niño empieza su tratamiento a tiempo. Cuando eso sucede, se convierte en una lucha desigual, pero con una posibilidad muy sólida de vencer a la muerte.
CONVERSANDO CON un amigo, me mencionó una forma novedosa de ayudar a este plan y al mismo tiempo quedar bien con amigos y familiares con un regalo navideño barato. El compró varios números y se gastó cien quetzales con ello. Luego los repartió entre familiares y personas allegadas, a quienes les da la oportunidad de ganar alguno de los premios. Si no ganan nada, de todos modos el regalo no pierde su validez. Y si ganan, él se sentirá muy contento por haber sido el vehículo por el cual a alguien le sonrió la suerte. En estos tiempos, un regalo de diez quetzales difícilmente pueda ser recordado toda la vida. Pienso hacer lo mismo y sugiero a mis lectores hacerlo.