CATALEJOLos efectos de un ataque

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ALGUNAS FECHAS quedan grabadas en la memoria debido a marcar el acontecimiento de hechos personales o históricos inolvidables. El cuatro de febrero de 1976 será recordado siempre por quienes vivimos el terremoto. Algo similar ocurre con el 11 de septiembre. Todos recordaremos qué estábamos haciendo esa fecha del inicio de una nueva etapa histórica, en la cual quedó dolorosamente clara la imposibilidad de las sociedades abiertas y democráticas para contrarrestar la acción de los fanáticos de cualquier signo, pero también los terribles efectos dentro de esas democracias cuando sus poblaciones se hallan de pronto frente a frente con un enemigo imposible de describir y calificar, y muy difícil de comprender, porque para ello es necesario cambiar el esquema mental y emocional del mundo con valores occidentales.

ERA UN RETO A LA credulidad la escena dantesca de los aviones llenos de pasajeros inocentes lanzados intencionalmente contra dos de los edificios símbolo del capitalismo occidental. Los ojos del ser humano de principios del tercer milenio, acostumbrados a ver constantemente en el cine y la televisión toda clase de explosiones en las películas, reaccionaron con horror porque esta vez no era ficción, sino una realidad grotesca, capaz de despertar los más complejos y contradictorios sentimientos y de poner a prueba en forma contundente la validez de nuestros criterios ideológicos o políticos. Habíamos todos visto en directo el nacimiento de una nueva etapa en la historia, con la cual la etapa de la Guerra Fría ideológica había quedado ya oficialmente enterrada, para abrir una nueva y terrible Guerra Fría religiosa.

LO OCURRIDO hace un año demostró una evidente globalización de los odios y rencores engendrados hace cientos de años. Durante mucho tiempo fueron peleados por jinetes de camellos y caballos armados de alfanjes. Luego vinieron los aviones caza y ahora el espectro de una guerra nuclear entre vecinos en el Medio Oriente ya no es una posibilidad de ciencia ficción, sino muy real, así como la de una guerra bacteriológica regada por el mundo gracias a los medios inmediatos de comunicación personal, específicamente los aviones comerciales y la facilidad con la cual en menos de 24 horas se puede estar físicamente en cualquiera de las partes del globo terráqueo. Es la aldea global en una nueva manifestación terrorífica, inesperada, imposible de solucionar porque por desgracia no se puede regresar a la vida del estilo anterior.

LAS ACTUALES generaciones, ahora jóvenes, deberán enfrentarse a un tipo de división no superado por los avances de la revolución industrial: la división religiosa utilizada como explicación o justificación a eliminar físicamente a los creyentes de otros credos, considerados por lo tanto infieles. Es la comprobación más clara de los fundamentalismos absurdos, de la dirección de un conglomerado social con base en dogmas de fe en los cuales la vida humana es poco o nada respetada cuando se les interpreta de manera simplista. Todo esto obliga a la creación de un frente contra estos fanáticos religiosos cuya existencia misma se convierte en un atraso en el desarrollo humano verdadero y por lo tanto intrínsecamente unido a la separación entre el gobierno de lo terrenal y el relacionado con la vida más allá de la muerte.

DESDE EL 11 DE septiembre del 2001, el mundo sufrió un cambio de rumbo cuyos efectos completos aún es muy temprano para medir. Por ejemplo, cuánto retrocedieron los valores democráticos en las democracias occidentales, donde ahora se realizan prácticas consideradas totalmente superadas por la historia. La sociedad estadounidense cambió también en forma profunda y sus reacciones han sido en muchos casos similares a las de otras sociedades sujetas a un ataque indiscriminado. Desde hace un año, ya ninguno de los conflictos del mundo es ajeno a nadie. Como señalara Nostradamus en alguna de sus profecías, del Oriente vendrá el nuevo enemigo. Como siempre ha ocurrido, la sangre de los inocentes clama por justicia, pero es enorme el riesgo de convertirlo en venganza y con ello de reiniciar el viejo círculo vicioso.

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.