CatalejoMuchos accidentes se pueden evitar
ESTE ES UN ARTÍCULO difícil de escribir. Lo es porque quiero referirme al accidente sufrido por un avión de Atlantic Airlines, ayer hizo una semana, en cual entre las víctimas estaba mi cuñado Héctor Adolfo Ruiz Godoy, un verdadero hermano y un hombre por quien siempre sentí una mezcla de afecto y de admiración. Un hombre valioso, sereno, sin vicios, capaz en su campo de la ingeniería química, agudo en su análisis, polifacético en sus conocimientos y en sus capacidades. Murió, como también los pasajeros y el piloto de ese fatídico vuelo, no sólo porque el destino de todos estaba sellado para esa mañana, sino porque se cumplió ese viejo dicho según el cual los accidentes son el resultado de una serie de acciones y de decisiones equivocadas o, al menos, muy riesgosas. Y eso aumenta el dolor por muertes fácilmente evitables.
MUCHAS SON LAS preguntas sin respuesta, cuando se encuentran verdades irrefutables. El historial de ese tipo de aviones, de fabricación checa, no es bueno. Son y han sido inseguros. Por esa causa en otros países no los dejan volar. Punto. Esa es la interrogante imposible de comprender. Luego vienen las otras: por qué el piloto aceptó volar en ese avión, por qué le es permitido volar en Guatemala, por qué no se puede tener la certeza de una actuación absolutamente garantizada en la seguridad de los ocupantes, por qué otra vez se debe esperar una tragedia como esta, con su resultado de dolor y de lágrimas, para despertar la atención pública en el hecho fundamental de la seguridad de los aparatos aéreos, por qué Aeronáutica Civil se ha convertido en el centro de informaciones contradictorias respecto de su efectividad y profesionalismo…
EN GENERAL, GUATEMALA es un país donde la seguridad es tomada muy poco en cuenta. No existe una cultura de seguridad, especialmente en los usuarios y eso explica, por ejemplo, por qué utilizan los servicios de autobuses sobrecargados, o de conductores poco preparados, o incapaces de entender algunas mínimas verdades acerca de la física, del espacio mínimo para parar, etcétera. Y el accidente del martes trae también al tapete el tema del uso de maquinaria y de aparatos de transporte público de modelos ya obsoletos o de marcas no cien por ciento confiables, aun en el caso de recibir todo el mantenimiento debido y aconsejado. El señalamiento de descuido por la seguridad le encaja en realidad a todos los guatemaltecos, y por eso es válido calificarlo como una característica lamentable de nuestra manera de ser.
OTRO TEMA RELACIONADO directamente es el de los seguros. Es necesario obligar a toda empresa de transporte aéreo, terrestre o acuático, a tenerlos a fin de responder en algo a la tragedia de la pérdida de un ser querido, lo cual muchas veces afecta para siempre a los familiares, sobre todo esposas, hijos, madres y padres. Los accidentes son parte de la vida, sin duda alguna. Muchas veces la fatalidad, el error humano, las condiciones inesperadas, se confabulan para una tragedia. Pero cuando esto no ocurre y, lejos de eso, se comprueba la corrección de las maniobras de quienes están al mando de los vehículos, es necesario encontrar responsables por negligencia, o por cualquier otra causa directamente relacionada. Por ello, tanto a los seguros como a las responsabilidades civiles se les debe dar aquí la importancia otorgada en otros países.
NADA NI NADIE devolverá la vida a las víctimas. El dolor de perder a la hija, al hermano, al esposo, al hijo, al padre, no se compensa con nada. Pero al menos puede quedar la tranquilidad de tomar acciones para evitar nuevas tragedias. Y ese es el motivo por el cual escribo hoy. A todos los deudos les presento mis condolencias. De este drama los guatemaltecos debemos sacar, por fin, una lección: mientras no le pongamos a la seguridad de todo tipo la atención necesaria, serán muchas familias más las afectadas constante y fatalmente por dolorosas experiencias como esta. Pido a Dios nos dé a todos los deudos la entereza para comprender sus designios, pero también la determinación de trabajar porque en nuestro país la seguridad de los vehículos de todo tipo sea una realidad, no como es ahora: un texto olvidado a quien pocos toman en cuenta.