COLABORACIONESCreer o no en Santa Claus
Mesías del consumismo
Hay que recuperar el sentido cristiano de la Navidad.
Por: Álvaro Ramazzini*
Celebrar la Navidad supone una verdad obvia: soy cristiano, es decir, creo en Jesucristo y he decidido aceptar su propuesta de vida, convirtiéndome en su discípulo. A partir de esta afirmación, se entiende que la celebración de la Navidad es la conmemoración del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, el cual, de acuerdo con el texto bíblico: ?Nació en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes?.
Los textos bíblicos reafirman lo que es y debería ser el sentido genuino de la Navidad: la celebración alegre y gozosa del nacimiento del Salvador de la humanidad. Esto es lo esencial. Desafortunadamente, por diferentes razones, en Guatemala hemos perdido el sentido de lo fundamental en la celebración de la Navidad, y nos hemos quedado en lo superficial.
Lo esencial de la Navidad en la mentalidad de muchos guatemaltecos es pasarla bien, abusar de la bebida, gastar el dinero, que escasea para muchos, en regalos innecesarios, y punto final. Se ha trastocado la alegría de la salvación que el Señor Jesús nos ha traído con lo que es sencillamente pasarla bien.
Por otro lado, es triste constatar cuánto los guatemaltecos dependemos y nos dejamos influir por elementos de culturas ajenas, que destruyen valores esenciales y propios de nuestras culturas, que tienen raíces profundamente religiosas, esencialmente cristianas. Hoy en día, el Santa Claus de la Coca-Cola, de la telefónica Tigo, de los anuncios publicitarios, de las ventas en los comercios, crean un mundo falso e imaginario, que nada tiene qué ver con la profesión de fe en Jesús, el Salvador del mundo.
Ya no es el pesebre de Belén, ni la presencia amorosa de la Sagrada Familia, ni la adoración de los tres Reyes Magos al Niño Jesús, ni el exilio forzado a Egipto, lo que llena el pensamiento y el corazón de quienes nos llamamos cristianos, sino la figura del Santa Claus vestido de rojo, con su barba blanca y su típico trineo tirado por animales que ni conocemos en nuestra país, distribuyendo regalos a diestra y siniestra.
Estas realidades, para quienes nos consideramos cristianos, deben motivarnos a asumir un compromiso muy serio: recuperar el sentido cristiano de la Navidad en la sociedad guatemalteca, para que la propuesta de vida nueva que Jesús el Señor nos ofrece transforme nuestras vidas.
*Obispo de San Marcos
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El verdadero rostro de Dios
Para el pueblo evangélico no tiene ninguna importancia.
Por: Darío Pérez Ramos
Para encontrar el verdadero significado de la Navidad en la actualidad, debemos leer los relatos del nacimiento de Jesús en los Evangelios. ¿Qué aprendo acerca de Dios? Que Dios es humilde, accesible y valiente.
HUMILDE. Antes de Jesús, casi ningún autor pagano había utilizado ?humilde?. Sin embargo, los acontecimientos de la Navidad apuntan en forma inexorable hacia lo que parece una contradicción: un Dios humilde. El Hacedor de todas las cosas se hizo tan pequeño como un óvulo fecundado, apenas visible a simple vista. ?Se despojó a sí mismo; se humilló?, dijo el apóstol Pablo.
La visita de Dios a la Tierra se dio en un establo, sin disponer de un lugar dónde colocar al recién nacido, excepto un pesebre. El acontecimiento que dividió la historia y nuestros calendarios en dos partes, quizás tuvo más testigos animales que humanos. ¿Quién vio el espectáculo? Los que cuidaban los rebaños, de quienes ni siquiera se saben los nombres.
ACCESIBLE. Los hindúes ofrecen sacrificios en el templo. Los musulmanes se postran tanto que tocan el suelo con la frente. En la mayor parte de tradiciones religiosas, el temor es la emoción primordial cuando uno se acerca a Dios. Dios se presentó en forma sorprendente como un niño en un pesebre. En Jesús, Dios encontró una forma de relacionarse con los humanos que no conllevaba miedo.
VALIENTE. Fue muy valiente de parte de Dios dejar de lado el poder y la gloria para ocupar un lugar entre los seres humanos, que lo acogerían con la misma altivez y escepticismo. Hizo falta mucho valor para bajar a un planeta conocido por su cruda violencia, a una raza conocida por rechazar a sus propios profetas. La primera noche de Belén también exigió valor. ¿Cómo se sintió Dios esa noche, impotente como cualquier padre terrenal, al ver a su Hijo desnudo para enfrentarse con un mundo frío y duro? Me imagino que Jesús lloró, como cualquier niño, en la noche en que entró en este mundo.
SANTA CLAUS. En cuanto a la figura del viejito barbudo en traje rojo, blanca barba y mejillas rojas, creo que se ha vuelto un personaje navideño entre las personas que de alguna manera tienen ascendencia foránea. No necesariamente entre el pueblo guatemalteco, porque no tiene absolutamente nada qué ver con el nacimiento de Jesús. Para el pueblo evangélico no tiene ninguna importancia. Es un adorno más entre tantos en esta época.
*Presidente de la Alianza Evangélica