Colectivo MadreSelvaAl mal tiempo, buena cara
No es facil escribir el articulo final del 2001. En General, no fue un año bueno.
Todas y todos tenemos presentes el huracán que golpeó a Petén, la fuga de 78 de los reos más peligrosos del país, la impunidad con que se mueven algunos de los delincuentes más audaces, la subida de la carga tributaria, la corrupción imperante, la caída de los precios del café, el azúcar y el ajonjolí; la sequía en Camotán y Jocotán, el atentado del 11 de septiembre, la caída del presidente de Argentina.
Cosas que pasaron dentro del país y otras que sucedieron fuera nos afectaron seriamente.
Y el año que viene no se ve fácil. Estamos en un peligroso camino de deterioro social, económico y ecológico. Pero no quiero despedir el 2001 con un pensamiento negativo.
Para que las cosas cambien de rumbo en Guatemala, las y los ciudadanos tenemos que participar.
Eso implica algo más que ir a depositar un voto cada cuatro o cinco años, o alegar o aplaudir por lo que hace el gobierno de turno.
Vamos a tener que aprender cómo ser mejores ciudadanos, si queremos un país mejor. El tamaño de la responsabilidad varía, dependiendo del ciudadano.
Los miles y miles de ciudadanos y ciudadanas que apenas se alimentan, y que no saben siquiera leer y escribir tienen una responsabilidad relativamente pequeña.
En cambio aquellas y aquellos que toda la vida han tenido alimentación adecuada, acceso a servicios de salud y una educación superior, tienen una responsabilidad mayor. Con sólo ese sector de la sociedad guatemalteca decidido a participar en mejorar las condiciones de nuestro país, otro gallo cantaría.
Yo escribía, al principio de este artículo, que no quería despedirme del año con un pensamiento negativo.
Voy a hacerlo pensando que la fuerza natural de esta tierra, tan generosa y exuberante, nos llenará de la energía necesaria para trabajar armoniosamente en el rescate de Guatemala.
Tenemos que empezar por decidirnos a trabajar en conjunto, reconociendo, apreciando y respetando nuestras diferencias: sumando nuestras fortalezas y minimizando nuestras debilidades.
Vamos a vencer el miedo, la desconfianza y la indiferencia. Vamos a atrevernos a soñar que podemos recuperar nuestra capacidad de vivir en armonía, entre nosotras y nosotros mismos, y con la Tierra.
Quienes habitamos el país de la eterna primavera vamos a participar en la construcción de un hogar digno, para hombres y mujeres de maíz. ¡Feliz Año 2002!.