CATALEJO
75 años de defender la libertad de prensa
La Asociación de Periodistas de Guatemala (APG) celebrará hoy sus 75 años. En todo ese tiempo se ha distinguido por ser la entidad de prensa no solo más antigua, sino más representativa de los hombres y mujeres dedicados a la difícil, peligrosa, incomprendida y siempre amenazada libertad de emisión del pensamiento. Nació el 10 de abril de 1947, como resultado de la intentona del régimen encabezado por el doctor Juan José Arévalo por coartar esas libertades, en un error inesperado del gobierno nacido gracias a las elecciones de 1945, luego del fin de la dictadura del general Jorge Ubico. Los periodistas de entonces realizaron reuniones previas en la sede del diario El Imparcial, y, convertidos en asociación, aumentaron su peso específico en el país.
' Quienes no pueden o no quieren entender la importancia social de la prensa, rechazan cualquier tipo de actividad periodística.
Mario Antonio Sandoval
La Ley Mordaza no nació y esa fue la primera victoria de la APG. Hace 15 lustros solo existía el periodismo escrito, y el radioperiodismo había tenido una breve vida con el Diario del Aire, en el cual participaba Miguel Ángel Asturias, uno de sus fundadores. También lo fue de la APG. De los periódicos existentes en esa fecha sobreviven el Diario de Centro América, oficial, y La Hora, recientemente convertido en un medio electrónico, cuyo fundador, Clemente Marroquín Rojas, fue el primer presidente de la entidad. Esta fecha se conmemora también en un marco de amenazas a la libertad de prensa y de expresión, lo cual permite comprobar cómo ciertas lacras subsisten y debe ser constante la lucha en su contra, por ser los gobiernos hostiles a ese derecho ciudadano.
Tal lucha ha tenido consecuencias trágicas. Como es fácil de entender, en una entidad gremial como la APG ha habido siempre representantes de variados espectros políticos y económicos, pero la entidad en sí no tiene como papel principal el apoyo a ningún tipo de feligresía política. La sangre de los apegistas se ha regado en múltiples ocasiones, víctimas tanto de los gobiernos represivos como de las agrupaciones guerrilleras en la época del doloroso conflicto armado interno. Las lágrimas de las viudas y los huérfanos de semejantes violaciones al derecho a la vida son iguales. Ahora el ambiente está enrarecido porque el gobierno actual, sobre todo el mandatario, reacciona con violencia verbal y gesticulaciones cuando los reporteros lo cuestionan por sus decisiones.
La importancia de la APG en la defensa de los periodistas se manifiesta hoy en día en sus protestas por los abusos sufridos por los periodistas de provincia, ahora expuestos a la acción criminal de grupos politiqueros de autoridades locales o del crimen organizado. La violencia contra la prensa ya no tiene a la capital como su principal escenario, pero sí persiste en cabeceras y municipios de los departamentos, y defender a los periodistas causa honra a la entidad. Hace unos años se instaló un monumento a la libertad de prensa en la Avenida de Las Américas con los nombres de quienes han muerto asesinados. Alguien preguntó qué se haría si se llenaba la plancha de mármol. “Ponemos pasar a la siguiente lápida”, dijo un colega de humor negro.
Tuve el honor de presidir la entidad en dos ocasiones, de lo cual me siento orgulloso porque fue el resultado del deseo de numerosos colegas de distintas corrientes de pensamiento. En 1970, con dolor y lágrimas, pude ver a Isidoro Zarco, asesinado por la guerrilla frente al estadio entonces llamado Mateo Flores. Siempre me dolió la muerte violenta de tantos periodistas, porque las verdaderas víctimas de la libertad de prensa son las esposas, hijos y padres de estos comunicadores, víctimas de la intolerancia, propia de quienes consideran el asesinato de hombres y mujeres de prensa como una posibilidad de reacción ante la labor periodística cuando les afectan sus intereses ideológicos, políticos y económicos. Por eso hago un fraternal y emocionado homenaje a su memoria.