Catalejo

Abuso de derechos obligará a limitarlos

Las leyes, los derechos, la idea del amparo, y demás, necesitan ser actualizados según las nuevas características de la sociedad humana.

El abuso de un derecho se puede calificar como la exagerada utilización de una libertad individual en detrimento de otra persona o comunidad. Debe ser así porque el derecho de un individuo no siempre puede estar por encima del de la sociedad. Si no se ponen límites, habrá más libertinaje. Hoy, grupos anónimos convocaron a un paro nacional para protestar por el inevitable precio de la gasolina. El lunes habrá otro, de los transportistas, porque se niegan a colocar piezas para limitar la velocidad del transporte pesado y autobuses. No tienen justificación. Uno porque el aumento se debe a la guerra en el Medio Oriente, y los embotellamientos alcanzan cotidianamente a cientos de miles de ciudadanos a causa de la tensión causada por el tránsito sin control.

Los derechos humanos están siendo utilizados en forma abusiva, y eso obliga a ponerles algunas limitaciones.

No se puede saber quién decidió realizar este abuso, por estar escondido en la cobardía de la impunidad utilizando las redes sociales como vehículos de informaciones cuyos efectos económicos también alcanzan a todo el país. Deben ser considerados entonces, al serlo, acciones ilegales por el simple hecho de ocurrir por razones no justificadas. El Estado dispone de instrumentos para evitar estos abusos anónimos, y al utilizarlos actúa dentro de la Constitución y las leyes de menor jerarquía. Uno de ellos es el Estado de Excepción, gracias al cual se suspende el derecho a manifestar sin violencia. Este término necesita de una división en su significado: ser activa (ruda y agresiva) o pasiva (pacífica). Las circunstancias actuales obligan a este nuevo criterio.

En ambos casos se necesita pensar con este mismo criterio a los derechos humanos individuales. Los abusos al emplearlos son siempre agresivos aunque también sean pasivos. Quienes impiden el paso de vehículos como protestas, afectan a otros grupos sociales al causarles molestias como llegar tarde al trabajo, perder el avión o llegar a un hospital. Quienes los organizan deben estar identificados y tener autorización, o ser legalmente responsables porque el hecho de dirigir una institución social como por ejemplo las agrupaciones laborales, sindicalizadas o no. Si alguien muere a causa de un paro, o debido a carreras entre pilotos, o entre carros particulares, el hecho se debe calificar como homicidio derivado de la imprudencia criminal, imprevisión y avaricia.

La limitación a los derechos no necesariamente se contradice con el concepto de éstos, pero obliga a pensar en cómo y cuándo emplearlos sin afectar al conglomerado o a otras personas, y reduce su uso. La libertad de expresión, por ejemplo, tiene limitaciones especificadas en una ley constitucional, pero ésta especifica y define los delitos cometidos por su mal uso, además de haber un Tribunal de Honor cuya labor es decidir si hay injuria, calumnia o difamación. La libertad sindical necesita ser analizada para explicar sus limitaciones a todos los ciudadanos, no solo a los choferes y empresarios. El desconocimiento de una ley no excusa su cumplimiento, y tenerlo claro ayuda a disminuir el número de problemas jurídicos y la creciente desconfianza en el sistema legal.

Todo esto encaja en un convencimiento necesario: las leyes, los derechos, la idea del amparo, y demás, necesitan ser actualizados según las nuevas características de la sociedad humana a causa de los avances tecnológicos. Estos se encuentran desbocados porque también necesitan limitaciones para no convertirlos incluso en la causa de la desaparición de la vida en la Tierra a corto o mediano plazo. Hasta hace muy poco no se podía predecir el futuro con certeza, sino solo con consideraciones lógicas. Hoy sí es posible, pero no por eso se han tomado las decisiones correctas, debido a motivos políticos, religiosos, económicos. Es importante recordar el riesgo terrible del conflicto iniciado en el Medio Oriente y ya desparramado por la economía del mundo.

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.