Catalejo

Acciones convertidas en accidentes fatales

El tránsito vehicular es el centro de un inaceptable número de “accidentes”.

Un accidente es un suceso eventual, casual, inesperado, causante de daño a las personas. Pero cuando es el resultado de irresponsabilidad, falta de reflexión y análisis o ignorancia, no digamos estupidez, deja de serlo y se convierte en una tragedia fatal, algo mortal e inevitable, en espera de ocurrir. Pasa lo mismo cuando surge de acciones ilegales, no éticas o inmorales. En Guatemala, lamentablemente, una característica social generalizada es ni siquiera pensar en la posibilidad de una desgracia, desastre o infelicidad. Cuando se introduce este elemento en los accidentes de todo tipo, es fácil darse cuenta de la necesidad urgente de tomar medidas claramente explicadas y con castigos serios cuando son desobedecidas o cuando son violadas a consecuencia de la corrupción.

En Guatemala no ocurren accidentes, sino son tragedias voluntarias en espera de acabar con miles de vidas.

El tránsito vehicular es el centro de un inaceptable número de “accidentes”, de tráileres de carga, autobuses sobre todo urbanos, motocicletas, exceso de velocidad e irresponsabilidad en las maniobras hechas con motos, las cuales abarcan desde transporte veloz en las calles y carreteras, hasta carreras ilegales nocturnas realizadas irresponsablemente. Se debe cambiar el sistema de medir la velocidad por kilómetros por hora y sustituirlo por kilómetros por segundo, forma más representativa de los peligros. Ir a 40 kms/h significa 12 m/s y una cuadra en 9 segundos. A 60 km, son 16 m/s y a 100, 27 m/s, o sea 3.7 m/s por cuadra. Pero hay otras realidades necesitadas de ser comprendidas: la distancia para parar según la velocidad, peso e inclinación del camino.

Otro lugar donde es común encontrar numerosos accidentes esperando a suceder son los edificios y en las obras residenciales, especialmente en las escaleras. No siempre tienen la altura correcta de la grada, ni el ancho con medidas como deben ser, a lo cual se agregan casos de escaleras con una curva al comienzo, es decir un peligro para quien descienda. Muchas veces, por simples motivos estéticos, se sacrifica la seguridad al no tener pasamanos o diseñarlos con mayor ancho del necesitado por la mano con la cual se puede detener quien baja y así evitar una caída, de peores efectos mientras más alta sea la escalera, sobre todo si está hecha de madera barnizada y por tanto resbalosa, sobre todo si el ascenso se realiza con calzado húmedo a causa de las lluvias.

Las calles son trampas a causa de su mal estado: agujeros, deformaciones, baches. En este caso, los motoristas son los mayores afectados a causa de estos y de la velocidad. El uso de las bicicletas ha ido disminuyendo en los últimos años, sustituidas por las motos, pero aun así, constituyen el 50% de los accidentes vehiculares. Nunca llevan casco, aunque los motoristas sí lo hacen cuando van solos. Cuando llevan a la esposa, ella no usa y cuando llevan en medio de la pareja a un niño sentado entre ellos, el riesgo para él es indudable. Rebasar a un vehículo por el lado derecho, a gran velocidad y a unos 30 centímetros, además de hacerlo con maniobras irracionales, abusivas y peligrosas, provoca en el automovilista o el chofer profesional reacciones de susto.

Los autobuses extraurbanos de Occidente merecen párrafo aparte: curvas cerradas, con peralte insuficiente y cruzadas a velocidades causantes sin duda de inclinaciones en las llantas. Muchos choferes compran la licencia y los vendedores la entregan con todo y autorización para conducir. La conducción incorrecta e irresponsable de los vehículos constituye una parte muy seria de la cantidad de víctimas y también del número de muertos, heridos, lisiados, pero sobre todo del galopante subdesarrollo nacional. Por eso, la campaña nacional perenne para terminar con esto es una de las primeras acciones gubernativas, porque desafortunadamente ninguno de los gobiernos ha hecho algo y por eso se convierten en cómplices de homicidios innecesarios.

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.