Catalejo

Ahora Putin intenta justificar su guerra

Mario Antonio Sandoval

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A nadie debe sorprender lo ocurrido en Ucrania. Putin lo anunció, pero nadie quiso escucharlo. Biden y compañía no quisieron entenderlo. El francés Macron fracasó como mediador. La declaración de la OTAN sobre cerrar toda posibilidad de actuación cayó en suelo fértil con el neozar ruso. Fue una debilidad generalizada con quien tiene aspiraciones imperiales. Los helicópteros, aviones y barcos rusos ya comenzaron la planificada invasión. Estados Unidos proyecta una imagen de debilidad a causa de la interna, aumentada por el miope Trump, quien felicitó al invasor —aunque lo haya hecho antes de la invasión— y terminó de resbalarse al sugerir a su vencedor en las urnas el envío de tanques a la frontera sur para impedir el paso de emigrantes latinoamericanos.

Las cadenas televisoras de todo el mundo transmitieron en vivo las bombas en las ciudades, los misiles, y se supo de la acción de la marina rusa en el Mar Negro para permitir tranquilidad a la flota rusa instalada allí. Putin lo había dicho claramente: “Cualquier decisión puede ser tomada”, y lo hizo, aunque haga retroceder cien años al mundo y es un desafío abierto a Occidente, y una demostración de no haber estado nunca en realidad interesado en negociar sino en imponer. Pero esa megalomanía lo traicionó, y la realidad borró sus afirmaciones de “no estar interesado en invadir”, aunque sí evidentemente en dejar a Ucrania sin posibilidad real de defenderse y ser derrotada al pelear sola contra un ejército muy superior al propio.

Según el analista guatemalteco Julio Ligorría, las opciones políticas son: a) Occidente detiene a Putin y China queda al margen. b) Putin toma Ucrania, China a Taiwán y Estados Unidos queda en ridículo. c) EE. UU. y sus aliados no se meten en el juego bélico y se quedan en sanciones económicas y financieras, tratando de ahorcar a Rusia, pero esta vende su gas natural a China, con lo cual sustituye a sus clientes. Los europeos se abastecen de Estados Unidos y del Medio Oriente, pero los seguros precios más altos traen inflación y afectan también a todos los países europeos y al resto del mundo. A ello se debe agregar: en teoría, Putin no tiene necesidad de invadir a Ucrania, sino solo dejarla sin posibilidad de defensa, pero a pesar de ello ya comenzó a hacerlo, a los ojos del planeta.

Luego del anuncio de Putin, el delegado ucraniano en el Consejo de Seguridad de la ONU increpó a su colega ruso para declarar el inicio de la guerra, con un silencio sepulcral como respuesta. Un analista español compara esta situación con la de Europa en 1939, cuando Inglaterra negociaba la paz con Hitler, este se rio de los acuerdos firmados. Putin compró tiempo y mientras tanto siguió con su plan de eliminar la independencia de Ucrania, vía un gobierno pro ruso comprometido con prohibir la adhesión a la OTAN. Si Estados Unidos ha esperado la crisis para decidirse a actuar y así no quedar como el obligado, ese criterio ya no tiene ninguna razón de ser.

Las sanciones económicas al demacrado Putin no son tan fáciles de tomar, aunque algunos de sus criterios contra Estados Unidos son razonables. Rusia y Ucrania producen el 25% del trigo mundial. Tiene la mayor reserva de aluminio, vital para Occidente, y lo controla su amigo el oligarca Oleg Deripaska. El país fabrica tres fertilizantes más importantes, basados en nitrógeno, fósforo y potasio, sin importar los daños al medio ambiente. El segundo productor es China. El brasileño Bolsonaro se declaró a favor del ruso por su dependencia de esos productos, y el argentino Fernández solo llegó a hacer un papelón como lo hizo Trump. Coincido con quienes ven un regreso a la Guerra Fría, por la teoría de la destrucción mutua, garantizada aunque no se usen las armas atómicas.