Catalejo

Algunas anotaciones de la visita del lunes

Mario Antonio Sandoval

La visita de la vicepresidenta Kamala Harris, no por muy breve, deja de ser una guía de los actuales cambios en Washington. Lo político es lo más importante, porque demuestra la seriedad de la determinación por combatir la “kleptocracia” local (así lo dice el comunicado) con el plan de confiscar activos ganados ilícitamente por la corrupción, aumentar los consejeros legales residentes y preocuparse por una rápida capacidad de respuesta contra este flagelo y el tráfico de personas. Es lenguaje duro, no tanto como “no vengan”, dedicado a quienes quieren emigrar irregularmente, pero tiene una firmeza enorme.

La presencia de algunos y ausencia de otros tiene mensajes claros y para ello es útil conocer la opinión de Steve McFarland, exembajador en Guatemala. Estados Unidos invitó a grupos rezagados y utilizados, como muestra de apoyo, aunque debería haber más ayuda para la clase media, porque su fuga es peligrosa para Guatemala. A los empresarios no se les rechaza, dice, y son parte de la solución, pero deben actuar contra la corrupción y la impunidad, además de cambiar el modelo económico y político “que no ayuda al mejoramiento de la vida”. Los Estados tienen derecho a saber cómo será invertido el dinero de las oenegés, pero la nueva ley implica castigos y por eso la reunión con ellos es muestra de apoyo, aunque se necesiten normas para todos.

En otros aspectos, creo necesario señalar errores. Un presidente debe hablar en su propio idioma, sobre todo cuando recibe a alguien cuyo lenguaje no es el español. Si lo es, hablan y ambos se entienden. Fue error y fuente de burlas emplear el idioma del visitante, de manera improvisada. Hablarlo a medias no es suficiente, y menos improvisar. La Cancillería se lo debió haber advertido. Por aparte, no hay malas preguntas, sino solo respuestas inadecuadas, y debe responderlas para evitar lo ocurrido: un segundo periodista extranjero le pidió hacerlo, y en vez de eso se colocó en una defensiva airada en el tema tan delicado y actual como la corrupción. Al comparar las repuestas de la visitante, ella salió victoriosa por no evadir nada ni enojarse.

La diplomacia está llena de detalles, no por aparentemente poco importantes, menos notorios. No hubo ninguna actividad social, como una cena. De las ausencias, la de Guillermo Castillo, a mi juicio, no fue solicitada y además le correspondía por tener el mismo nivel de Harris. Tal petición fue hecha respecto a Roxana Baldetti cuando vino Joe Biden siendo vicepresidente. Hacer esto fue producto de la ignorancia, el capricho o ambos. La ausencia de las cabezas del Congreso y de las cortes Suprema y de Constitucionalidad aclararon el real pensamiento de Washington al respecto. No es entendible por qué el Palacio Nacional, un símbolo de unidad nacional, fue iluminado con colores similares a los de un minoritario grupo social causante de controversias innecesarias.

Habrá tiempo para comentar los otros asuntos de interés estadounidense, con los cuales es fácil estar en desacuerdo. La presencia de Kamala Harris en la Universidad del Valle le significó a esta institución una serie de insultos y de anónimos con señalamientos de tener tendencias comunistas. (¡!) Todo esto conspira contra el respeto de Guatemala fuera del país, porque se le puede considerar reflejo del criterio de la mayoría, lo cual simplemente no es así. Mientras, EE. UU. anunció su decisión de colaborar con el actual gobierno de El Salvador. No hubo visita, pero sí apoyo tangible de la AID, con una enorme donación de vacunas. Es necesario señalarlo, porque las estrellas del cielo estadounidense están alineadas cuando ve condiciones adecuadas, fuera de ideologías.