Catalejo

Aponte, con suavidad, lanza dardos a Trump

Mario Antonio Sandoval

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La polarización política entre republicanos y demócratas aumenta la importancia del resultado de las elecciones que ocurrirán dentro de 63 días en Estados Unidos. Sus efectos se sentirán en todo el mundo y no digamos en el istmo centroamericano. Por eso es muy importante lograr entrevistas con altos representantes de ambos partidos, y logré hacerlo gracias a la intervención de dos personajes estadounidenses. Uno es mi amigo Roberto Argüello, de origen nicaragüense radicado en Miami y excolaborador de Prensa Libre hace muchos años, y el otro el abogado Raúl Herrera, del bufete Arnold & Potter de Washington, quienes me conectaron con la señora Ane Marie Aponte, exsubsecretaria de Estado para América Latina y exembajadora en El Salvador.

En la entrevista, de 40 minutos, los temas mencionados fueron la polarización actual, su esperanza de una coincidencia entre los votos populares y los electorales, la mayor credibilidad de las encuestas sobre los modelos matemáticos para predecir resultados, las condiciones para la colaboración económica estadounidense, el seguro fracaso de obligar a Guatemala a convertirse en un muro para evitar el paso de los indocumentados, la victoria demócrata porque las políticas de Biden no tienen como fin su enriquecimiento, las mentiras de Trump, los largos procesos para legalizar a los indocumentados, la madurez actual para aceptar a una mujer como presidente, si fuera el caso, y la participación de Kamala Harris como compañera de la pareja demócrata.

La señora Aponte se distingue por su lenguaje mesurado, diplomático, pero no por ello carente de golpes políticos duros. A mi juicio, es obvia su participación en el manejo de las relaciones con América Latina y también de manera talvez indirecta, pero efectiva, con la amplia y diversa comunidad hispanoparlante residente en Estados Unidos por haber emigrado hace poco o por ser descendiente de personas de países donde el español es el idioma oficial. Por eso, su experiencia como embajadora en El Salvador puede ser una fuente de buena relación, en momentos tan duros e impredecibles como los actuales. Su defensa de las mujeres como posibles figuras políticas de primer orden fue hecha en términos muy lejanos a un feminismo contraproducente en la práctica.

Lo mismo ocurrió con su manera de describirse como liberal, en el sentido estadounidense del término. No me sorprendió verla ajena a las expresiones descalificadoras o insultantes, por infortunio tan comunes no sólo en el caso de Donald Trump, sino de sus seguidores en el continente latinoamericano, ni tampoco serena y sin triunfalismos al comentar sobre el resultado la elección programada para dentro de 63 días en medio de un ambiente denso, como no me había tocado verlo desde cuando comenzó mi interés por ese acto político, hace ya 50 años. Da envidia, realmente, y al mismo tiempo es lamentable cómo en Guatemala cada vez es más el absoluto desprestigio de la actividad política, los presidentes, diputados alcaldes, ministros y los demás burócratas.

No se trata de apoyar ni de rechazar en forma irracional a los políticos, en general, y Estados Unidos no es la excepción. Los criterios de los políticos de alto nivel pueden ayudar a llegar a la conclusión de cómo pueden ser las elecciones y como sería de lamentable si a causa de la manera inaceptable de la administración actual, comenzara a rajarse la base principal de la democracia estadounidense, es decir la confiabilidad de los resultados electorales y la fortaleza del respeto al cargo por quienes llegan a sentarse en la oficina oval de la Casa Blanca, así como los ocupantes de las curules en el Congreso y el Senado. La semana entrante voy a publicar un trabajo similar a este, luego de conversar con el alto dirigente republicano Lincoln Diaz-Balart.