Por la libertad

Combustibles: benditos especuladores

Cuando los precios suben, quienes participan en estos mercados saben que deben reponer inventarios a mayores costos.

Ante el alza de los precios de los combustibles y sus derivados, producto de la guerra en Oriente Medio, los consumidores debemos adaptarnos. No está en nuestras manos manipular los precios a la baja ni tampoco en las de nuestros gobiernos. Si algo puede hacer el Gobierno es eliminar los impuestos específicos a los combustibles. En cuanto a los derivados —como las resinas plásticas y los fertilizantes—, poco o nada puede hacerse.

Acusar a los expendedores por el alza de precios revela un desconocimiento del funcionamiento del mercado y del papel del especulador.

Si la guerra termina pronto, los precios de los combustibles caerán rápidamente, pero no así los de estos derivados. La razón es clara: algunas importantes fábricas de resinas plásticas y fertilizantes, especialmente los nitrogenados, han detenido parcial o totalmente sus operaciones. Reiniciar una línea o una planta completa toma tiempo, hasta lograr estabilidad en la producción y cumplir con los parámetros de calidad requeridos.

El mercado, sin embargo, tiene su propia dinámica. Los precios tenderán a ajustarse anticipando el incremento futuro de la oferta. Probablemente no bajen tan rápido como los combustibles, pero lo harán conforme estas plantas entren nuevamente en operación plena y los inventarios comiencen a recuperarse.

Mientras tanto, quienes recurren a huelgas y protestas por el alza de precios perderán su tiempo. Los subsidios no son una solución: los pagan los contribuyentes para beneficiar a quienes utilizan estos productos. En cambio, eliminar el impuesto directo y específico a los combustibles sí podría aliviar la carga, pues se trata, en la práctica, de una doble tributación. Los combustibles ya pagan IVA e ISR.

El precio debe mantenerse libre, como hasta ahora, y ese esquema ha funcionado notablemente bien. Estos nos ayudan a procesar información sobre escasez futura, y racionar acorde. Un precio libre y acordado voluntariamente es un precio justo y eficiente. Existe, de hecho, una altísima correlación entre los precios internacionales del petróleo y los precios locales en Guatemala, así como en la mayoría de los países del mundo.

Acusar a los expendedores por el alza de precios revela un desconocimiento del funcionamiento del mercado y del papel del especulador. Benditos especuladores. Gracias a sus decisiones de compra y venta se evita que los precios suban aún más en momentos de escasez, y también que caigan excesivamente en momentos de abundancia. Culparlos cuando los precios suben, pero ignorarlos cuando bajan es inconsistente.

El especulador está siempre presente: compra cuando nadie quiere comprar y vende cuando nadie quiere vender. Acumula cuando los precios son bajos y almacena para tiempos de escasez. Arriesga su capital apostando a vender más caro en el futuro, asumiendo costos de almacenamiento e intereses. Gracias a ello, el producto está disponible en el mercado y el consumidor no se queda sin él.

Cuando los precios suben, quienes participan en estos mercados saben que deben reponer inventarios a mayores costos. Si no ajustan sus precios, no podrán seguir operando ni adquirir nuevos suministros. Su responsabilidad es garantizar la disponibilidad del producto al precio de mercado. Por el contrario, cuando los precios bajan, la competencia los obliga a trasladar esas reducciones. Quienes primero ajustan sus precios, primero logran reponer inventarios a menor costo.

Si no actúan así, el sistema falla y todos perdemos. En este contexto, el consumidor también debe adaptarse: reducir su consumo de combustibles o, si decide mantenerlo, recortar el gasto en otros bienes. Es una realidad incómoda, pero inevitable.

ESCRITO POR:

Ramón Parellada

Empresario. Catedrático universitario. Director del Centro de Estudios Económico-Sociales (CEES).