Catalejo

Comienzan muestras de ausencia de electores

Mario Antonio Sandoval

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Los datos oficiales otorgados por el Tribunal Supremo Electoral, una vez depurado el padrón de los ciudadanos con posibilidades de ejercer el sufragio, comienzan a dar muestras de una de las posibilidades más lamentables, pero muy explicables, de la disminución de participantes en las elecciones del 16 de junio próximo. Le ha llamado la atención a las autoridades la diferencia negativa, es decir la reducción de los votantes entre 18 y 25 años, cuyo número es ahora 249,665 ciudadanos menos, al comparar la cifra actual con la de los comicios del 2015. En esa ocasión había 1,449,867 votantes de esas edades. La preocupación por este hecho aumenta cuando se nota el escaso porcentaje de aumento entre quienes tienen 35 años o menos.

El promedio de aumento de los votantes de 40 años para arriba es de 17%. Los votantes entre 71 y más años alcanzan el 21%, y los ciudadanos entre 51 y 55, el 10%. Pero los jóvenes de 31 a 35 años solo aumentaron el 8% y los de 26 a 30, el 7%. Estas cifras equivalen a la mitad de los ciudadanos entre 36 y 40 años. Se nota entonces una preocupante tendencia decreciente, incrementada en el caso de los ciudadanos entre 18 y 25 años, cuando es sustituida por una cifra negativa. Si a eso se le agrega el dato de los 200 mil ciudadanos con sus documentos situados en el TSE porque sus dueños no se han interesado por recogerlos, por infortunio se debe pensar en unas elecciones con participación escasa, e inmediatamente se debe meditar acerca de quién se beneficia.

Del número de 8,150 millones (números redondos) de ciudadanos con posibilidades de votar, se debe borrar el de esos 200 mil mencionados. De allí, un mínimo del 35% de personas con papeles, pero reacios a votar, con lo cual el número real llegaría a 5,167 mil. Para ganar en primera vuelta, serían necesarios 2,584 mil, cifra un poco menor a la alcanzada por Jimmy Morales cuando recibió el voto en contra de Sandra Torres, en la segunda vuelta del 2015. Por ello esta nueva confrontación electoral está garantizada, con el agravante de poder repetirse lo ocurrido ese año, cuando el voto para el pintoresco ganador ni fue para él, sino en contra de su terca adversaria, lanzada por segunda vez a la aventura de ganar, sin tomar en cuenta su altísimo voto de rechazo. Por eso, la lucha por ocupar la segunda posición se ha vuelto a muerte. (En sentido figurado, claro.)

Un 55 por ciento de ciudadanos empadronados se encuentra en seis departamentos: Guatemala, Huehuetenango, San Marcos, Alta Verapaz, Quiché y Quetzaltenango, los cuales concentran a 4.3 millones de personas. Esta proporción les da, a su vez, un fuerte peso en la elección de diputados: 73 de los 160 a elegir, por lo cual es explicable el intento de ciertos partidos de intentar ganar adeptos, a menudo con dádivas y regalos irrisorios, en varios de estos distritos de la provincia. Así también es de hacer notar que las mujeres empadronadas superan por casi medio millón a los hombres inscritos.

En resumen: Se comprueba el desinterés juvenil, y las posibilidades de incrementarse son altas, a menos de un cambio fundamental en la manera de hacer política, como producto de necesarios vetos a los oportunistas, los sinvergüenzas, los impresentables. En este momento se imposibilita lograr algo diferente porque se seguirá haciendo lo mismo por los mismos actores impresentables. El listado de los partidos y algunos datos de sus dueños, publicado el lunes en Prensa Libre, permite comprender un poco mejor la mayoritaria presencia de personajes de la vieja política incrustados y reciclados. Todo ello conspira contra la participación, especialmente juvenil, entre cuyas filas puede pensarse en figuras nuevas y buenas, no nuevas y mafiosas.