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¿De qué trata la estrategia electoral?

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El pasado viernes, el Tribunal Supremo Electoral dio el pistoletazo de salida para el inicio de la carrera a la presidencia del país, las alcaldías y los escaños en el Congreso. El ciudadano promedio debatirá, como es habitual, sobre el binomio presidencial y los alcaldes que le parezcan más oportunos, y en ese ejercicio retará a sus meninges durante los meses que faltan para la votación. A medida que se acerque la fecha, llegará a la conclusión de que ninguno es lo suficientemente bueno y terminará por aceptar, con parsimonia y ese conformismo genéticamente desarrollado, que hay que votar por el menos malo. Poco o nada se debatirá sobre los méndigos diputados que cada partido incluya en sus listas ni tampoco sobre quiénes son los personajes que desde la sombra manipulan determinadas formaciones políticas.

Como viene ocurriendo últimamente, nos sorprenderán y clavarán antes de advertir que el poder no está en aquellos cargos de los que nos preocupamos, sino que se concentra precisamente en quienes ignoramos.

El sistema ofrecerá casi una treintena de posibilidades partidarias, pero quien ejerza el voto apenas conocerá tres o cuatro y, además, no tendrá claro que el voto nulo es una opción de rechazo a un sistema inservible y que disgusta. Así que la pregunta que surge es: ¿para qué tantos partidos políticos, si más de veinte binomios no son conocidos ni en su casa a la hora de comer? La respuesta solo tiene sentido si se comprende que la estrategia electoral no es colocar un binomio presidencial —ni siquiera un alcalde—, sino contar con el mayor número posible de diputados, o con un número suficiente que sirva para sumarlos a grupos que requieran mayorías para la aprobación de normas legales. Con ello, el voto de pocos diputados —en momentos en que sea necesaria una determinada mayoría— puede generar enormes réditos.

Portillo como Baldizón hacen lo propio, y dicen que no optarán a cargo alguno, no porque no puedan, ya que ambos son convictos, sino porque desde bambalina manejan cierto número de diputados que utilizarán para negociaciones posteriores en el Congreso. ¡Ahí es donde radica el poder!

Lo anterior es precisamente lo que viene ocurriendo desde 2008, cada vez de una forma más evidente y atomizada. Si en aquel entonces tres partidos podían alcanzar mayorías suficientes porque contaban con alto número de diputados, en la presente administración, excepto tres partidos que tenían más de 10 congresistas: UNE, con 52 (luego se fraccionó); Vamos, que obtuvo 17 escaños; y UCN, con 12; el resto (16 partidos) contaba con menos de una decena. De esa cuenta se ha tenido que conformar un club específico para cada toma de decisión en el Legislativo, lo que ha significado incluir a más de diez partidos porque todos tienen muy poco caudal de diputados. Eso ha encarecido enormemente la negociación política, incrementado el precio y, consecuentemente, aflorado y evidenciado más patentemente la corrupción. Recuerde cómo, en este gobierno, a muchos partidos/diputados les repartieron un área de la administración para explote y disfrute económico de sus dirigentes.

Si usted no tiene claro su voto, lo mejor es que opte por el nulo y no entregue votos a esa infinidad de partidos, porque únicamente servirán para consolidar la estrategia indicada. Por lo tanto, no es importante quien sea presidente, ya que no podrá gobernar sin el concurso de los parlamentarios opositores, y deberá plegarse a los juegos del Congreso, lo que nos costará, de nuevo, un dineral y generará la tradicional perversión.

A partir de ahora, no diga que no sabía, salvo que sea cómplice y se vea beneficiado de ello.