Con nombre propio

Derechos y conquistas

Alejandro Balsells Conde @Alex_balsells

Existe la costumbre de confundir derecho con ley, lo cual trae horrorosos resultados. El diccionario entiende por derecho lo fundado, cierto y razonable, o también la facultad del ser humano para hacer legítimamente lo que conduce a sus fines de su vida, o bien, la propia justicia y la razón.
Derecho proviene del latín directus, que significa lo recto, lo rígido, lo correcto. Entender la ley es mucho más sencillo, porque no es más que una decisión política. Esta decisión se toma por quien tiene el poder. Lo ideal es que derecho y ley coincidan, pero todo dictador o personaje autoritario utiliza la ley como el mejor cómplice para sus fines.

Del concepto propio de derecho surge luego la definición de “Derechos Humanos”, y sin entrar en mayores honduras debemos situarnos en una perspectiva para entender que no son más que aquellas concepciones esenciales para garantizar una vida digna. No podemos hablar de Derechos Humanos sin partir del concepto de dignidad. Los derechos se tienen y luego estos se garantizan en leyes, pero estén o no reconocidos en normas, siempre los tenemos. Como toda sociedad evoluciona y es cambiante, los derechos humanos tienen la característica de ser progresivos. El propio cambio social hace necesario tomar en cuenta nuevas situaciones para garantizar la vida digna, o también, modificar conceptos anteriores.

Un buen ejemplo para entender la progresividad de los derechos humanos es el derecho al voto. En un principio votaban solo aquellos varones con ciertas condiciones (propiedades y educación), luego votaron todos los hombres, con el correr del tiempo y por la lucha de miles de mujeres, la mujer alfabeta consiguió el derecho al sufragio y por último se llegó al voto universal.

La mutación del derecho al voto se dio por la lucha comprometida de muchos. Fue Nueva Zelanda el primer país que permitió en 1893 el voto de las mujeres, seguido por Australia en 1902, Finlandia y Noruega años después. Los EE. UU. lo reconocieron hasta 1920. Nosotros, con la constitución revolucionaria de 1945 aceptamos el voto de la mujer alfabeta y fue hasta 1965 que llegó el sufragio universal.

El derecho al trabajo es otro buen ejemplo de las conquistas y la progresividad. Durante la revolución industrial quien disponía de plata y medios contrataba trabajadores por todas aquellas horas necesarias para la producción. Al reparar los trabajadores sobre lo inhumano de estas relaciones surgió la jornada de 8 horas, el séptimo día, vacaciones y salario mínimo, entre tantos otros derechos. Esto no hubiera sido posible sin los miles de mártires y, en especial, los Mártires de Chicago de 1889. Luego el planeta reconoció al Derecho al Trabajo como derecho humano.

Pelear contra el orden establecido para buscar el reconocimiento de nuevos derechos es la historia de la humanidad, por eso muchas veces, al darse el reconocimiento legislativo, se le llama “conquista”, y vienen estas palabras porque en Guatemala se acostumbra menospreciar a quienes pelean, día a día, porque el Estado les reconozca sus derechos. En su época, “bochincheras” eran las mujeres que querían votar y “rebeldes” fueron los trabajadores que lograron por lo que pelearon. Sin ellos la conquista jamás habría sucedido.

Muchos en el mundo trabajan para empoderar a otros para pelear por sus derechos, y esto no le gusta al orden establecido, sobre todo en países como el nuestro, donde la educación o nutrición son un lujo. Algunos tratan que las conquistas caigan, por eso comprendamos que estos temas no son ajenos. Si cada uno de nosotros no se empodera y se siente dueño de su libertad, el poder será cada vez más abusivo y la historia se repetirá.