Pluma invitada

Día del Trabajo

Los individuos particulares cuyos aportes han contribuido a la sobrevivencia y ulterior desarrollo de la humanidad no fueron protegidos por derechos de autor o códigos de trabajo.

Existe una diferencia fundamental entre los homínidos y los homíninos. El homo sapiens pertenece a esta subclase, en la que se incluyen especies desaparecidas y la única que no se ha extinguido es el homo sapiens, subespecie surgida en el Neolítico, con el desarrollo de lo que los sociológos nombran “primera revolución de la humanidad”, para distinguirla de la Revolución Industrial y la era de las comunicaciones.

Una de las mejores formas de proceder en este Día del Trabajo es olvidar rencillas.

Aunque con su complejo mundo su existencia es muy reciente, pues no se remonta a más de 15 mil años. Sus parientes extintos, ya neandertales aparecidos en Europa y Asia, los aventajaron con mucho al sobrevivir dos glaciaciones de 80 mil años cada una y un período interglaciar de igual cantidad de años. En pocas palabras, los neandertales tuvieron una existencia aproximada de 280 mil años. Quiere decir que el homo sapiens solo ha sobrevivido 0.0053% de sus primos cercanos y múltiples veces al borde de la extinción.

La razón de esa comparación entre neandertales y homo sapiens en el Día Internacional del Trabajo se debe a que los primeros no crearon instituciones que garantizaran su derecho a existir.

Considero que el Día Internacional del Trabajo es una falsa filantropía de grupos que, aprovechando circunstancias particulares del progreso, alcanzan un atisbo de negatividad para reclamar, fundamentados en una circunstancia aislada y no en el sistemático proceso de preferir y renunciar, que ha llevado a las grandes actividades humanas fundamentadas en el riesgo, tales como Boeing y AirBus, fundamentando la intrépida acción de los hermanos Wilbur y Orville Wright, el 17 de diciembre de 1903, con solo dos ideas: planear y balancear.

Las ecuaciones electromagnéticas de Maxwell o Faraday que propiciaron las acciones necesarias para entender la electricidad que hace posible el mundo actual. En suma, los individuos particulares cuyos aportes han contribuido a la sobrevivencia y ulterior desarrollo de la humanidad no fueron protegidos por derechos de autor, códigos de trabajo, sino que facilitaron la inventiva humana para crear la civilización actual.

Es muy difícil, en el medio guatemalteco creer en políticos o en el honorable Congreso de la República, que reconoce un día para institucionalizar lo que yo llamo “repetir el ejemplo” y que consideran un derecho, sin decir quién o quienes son los obligados a proveer para las necesidades mínimas de una población que se muere en la miseria de gente que amasa en sus bolsillos el fruto de su carencia en el proceder humano. También los falsos empresarios que, usando subterfugios, crean expresiones como “salario mínimo” o condiciones ajenas a la retribución que el ser humano lograría si no fueran mercantilistas los que dirigen la economía social, sino verdaderos artífices de una vida social para las personas cuya acción ha contribuido al pleno desarrollo social.

Una de las mejores formas de proceder en este Día Internacional del Trabajo es olvidar esas rencillas que muy bien han explicado tantos defensores del trabajo humano, cuyas ideas van encaminadas al riesgo individual, la aventura y curiosidad intelectual, y no a favorecer una marcha anual que no tiene oficio ni beneficio.

ESCRITO POR:

José Miguel Argueta

Profesor universitario del curso Unión Europea. Formación doctoral en Derecho en la Universidad Francisco Marroquín y Comunicación Estratégica en la Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Politólogo de profesión.