Liberal sin neo

Dibujo del deterioro

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

La noticia es el primer borrador de la historia; la recolección de datos es un proceso más lento. Hay diferentes estimaciones sobre el impacto económico del covid-19, pero en lo que respecta a producción, las estadísticas oficiales llegan hasta el cierre del primer trimestre de 2020. La semana pasada, UFM Market Trends publicó el Informe Semestral Guatemala, Enero-Junio 2020, escrito por José Andrés Álvarez y Daniel Fernández (trends.ufm.edu). Contiene estadísticas y comentarios sobre 14 indicadores de la economía nacional, que dibujan un deterioro económico sin precedentes.

Utilizando datos publicados por el Banguat, el informe señala que durante el primer trimestre del 2020 la economía creció a una tasa anualizada de 0.7%, marcadamente inferior al crecimiento de 3.9% en 2019. Al 31 de marzo, fin del primer trimestre, apenas habían iniciado las restricciones, de manera que esta baja será mucho más pronunciada para el segundo trimestre. El informe muestra un gráfica del Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE) del Banguat, que a mayo del 2020 registra una contracción interanual de -11.8%, comparado con crecimiento de 4.4% en 2019.

Un documento publicado por el Cacif muestra estimaciones de pérdidas en empresas por Q16.2 mil millones y la pérdida de más de cien mil empleos al cierre del segundo trimestre, haciendo notar que el Ministerio de Trabajo contabilizaba 170 mil trabajadores a los que se les había suspendido el contrato laboral. Datos publicados por la SAT muestran que la recaudación de impuestos en el mes de junio del 2020 disminuyó 15.5% respecto del mismo mes de 2019. Los ingresos tributarios totales para el primer semestre del 2020 muestran baja de 5.2% respecto del año anterior, y los impuestos al comercio exterior tuvieron decrecimiento interanual de 11.8%. Estas cifras contrastan con el marcado aumento en la deuda y gasto público. Market Trends estima un déficit fiscal superior a Q45 mil millones en 2020, equivalente a cerca de 80% de los ingresos fiscales. Al cierre de 2019, la deuda pública equivalía a 237% de los ingresos fiscales, razón que con los recientes endeudamientos aumentará a 355% en 2020.

En abril, las remesas tuvieron una dramática caída de 20.2% interanual y afortunadamente repuntaron en junio, con crecimiento de 9.2% interanual. El comportamiento de la inversión extranjera es sumamente preocupante y refleja la calidad del país como destino de inversión. La inversión extranjera directa ha venido en picada desde 2013 y en 2019 fue de apenas US$998.2 millones. La nueva inversión extranjera en 2019 fue tan solo de US$84.8 millones, una disminución de 45.5% respecto de 2018. Algo evidencian estos datos: Guatemala no es un país atractivo para invertir, por las condiciones regulatorias, fiscales, laborales y la falta de certeza jurídica. En Guatemala toma, en promedio, 4.5 años ejecutar un contrato en primera instancia y las cortes otorgan amparo a una ONG que resulta en la destrucción de inversiones de cientos o miles de millones de quetzales. El país tendría que estar captando cinco o seis veces la inversión extranjera que atrae actualmente.

De nada servirá el lamento, el pasado no se puede cambiar, solamente el futuro. La clase política y la industria de la protesta no tardarán en proponer grandiosos programas de gasto público, aumentos en impuestos, deuda y regulación para una anhelada “reactivación” económica. Esta sería una ruta equivocada. No hay misterio ni escape, solamente la inversión puede crear mayor prosperidad y ojalá que Guatemala se encaminara en una ruta que verdaderamente la promueva.