Catalejo

Dificultades de ser madre en Guatemala

Mario Antonio Sandoval

Publicado el

Al celebrarse mañana 10 de mayo el Día de la Madre en muchos países, creo necesario hablar del significado de serlo en Guatemala. En un pequeño grupo social, del mediano y el alto, se sitúa la mayor parte de madres con la característica de ser al mismo tiempo esposas y vivir de los aportes masculinos al hogar o de la suma de estos con los de ellas como producto de su trabajo. Tienen niveles aceptables de estudio, a veces llegado hasta las aulas universitarias y esto las hace integrantes de una élite educativa, pero además con posibilidad de tener auto propio, agua potable, etcétera. Ciertamente integran ese grupo privilegiado, aunque en lo referente al mal trato masculino, producto de machismo y de violencia hogareña, por desgracia también lo sufren y soportan.

La realidad mayoritaria es muy distinta. Les toca ser mamá-papá, trabajar —en lo cual se incluye el humillante “lavar ajeno”—, atender y ser maestras de los hijos, sufrir las trogloditas manifestaciones de machismo: rechazo familiar, agresiones del hombre con quien viven, abandono de un padre irresponsable, casi siempre con otros “hijos regados”. El gran número de sus maternidades es resultado de la ignorancia del funcionamiento de su organismo, del temor de ser agredidas si no aceptan relaciones sexuales convertidas en la práctica en una violación. Quienes tienen un trabajo, demasiadas veces se ven obligadas a permitir abusos de jefes y compañeros. Deben aceptar ser objetos, utilizados para lograr ascensos laborales, universitarios y así un largo etcétera.

Las niñas-madres son otro grupo, creciente, oculto y negado socialmente. Según datos oficiales, el año pasado se registraron nueve casos en niñas de 10 años, cuatro de 11, siete de 12, 57 de 13 y 396 de 14. (Reportaje de Geidi Muñoz Palala en elPeriódico). La violación es el segundo peor crimen contra la mujer, solo superado por el asesinato, y ambos son ejemplos de violencia incalificable. Las consecuencias son imposibles de olvidar y el efecto de una maternidad no deseada ni comprendida sus causas, influye en la manera cómo estas niñas —de pronto convertidas en mujeres, sin su consentimiento— ejercerán su papel de madres. Será deficiente y sobre todo desarrollan rechazo a esos hijos, hecho afianzado cuando ellos tienen apellido distinto o el de la madre.

En esta grotesca realidad influyen también, por desgracia, muchas tradiciones indígenas y ladinas de los municipios lejanos, donde además simplemente los varones adultos y niños no piensan siquiera en los derechos de su esposa, madre, hijas, hermanas, nietas, sobrinas. El elemento cultural puede ser valladar casi inquebrantable, y en las últimas décadas se ha agregado el punto de vista religioso no-católico, agregado al católico. Obviamente hay honrosas excepciones, pero también son minoritarias, y es un error y ceguera considerar el maltrato a la mujer como lacra de solo un sector socio-económico-étnico. Atraviesa horizontalmente a toda la sociedad y por eso el combate por eliminarlo o al menos cambiarlo es un imperativo moral derivado de la ética.

Por supuesto, no todas las mujeres son iguales. Algunas, en muy poco porcentaje, son tan malas como el peor de los hombres, como se ve en la política, donde en muchos casos son ejemplos de todas las lacras, vicios morales, legales y éticos, pues son seres humanos. Es urgente eliminar y castigar el machismo, uno de los primeros pasos necesarios para lograr una mejor realidad en las mujeres guatemaltecas y permitirles ejercer el derecho de la maternidad a quienes así lo deseen. Lo es porque les permite hacer aquello conducente a los fines de la vida. Por convencimiento y por la dureza de ser madre en Guatemala, las saludo con admiración, más allá de sus circunstancias e historias de vida. Es una obligación moral saludar a las mujeres-madres de toda edad.