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Domingo sin muchos Ramos, pero con Hossanna

Víctor Palma amons.esc@gmail.com

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Como el año pasado, la pandemia limitará enormemente este Domingo de Ramos omitiéndose la procesión que recuerda el comienzo de la Semana Santa en mayo, con la entrada de Cristo en Jerusalén. Pero ello da ocasión a poner la atención sobre la aclamación “Hosanna” que acompañó el evento, según los Evangelios.

Literalmente ese término tan famoso se traduce como “Salva, ten piedad” (Hosyáh= salva; náh = pues, en sentido de súplica enfática). En su origen no tenía nada que ver con un “viva” alegre, pero su uso en la misma liturgia judía de los tiempos de Cristo la había convertido en la expresión de acogida del Mesías tan esperado (Benedicto XVI, Jesús de Nazareth tomo II). Y así aparece en la entrada de Jesús en Jerusalén según los evangelios de Mateo y Marcos e incluso en Juan: ¡una invocación convertida en grito aclamatorio! que junto a las “ramas cortadas en el camino” manifestaba el anhelo humano expresado por la muchedumbre de aquel primer Domingo de Ramos: la emoción de haber encontrado finalmente, y como don divino, a quien resolvería de una vez por todas el drama del dolor cotidiano provocado por la violencia, el egoísmo, la mentira, la injusticia y toda clase de destrucción del hombre por el hombre.

El relato de Marcos, leído mañana, a pesar de contener el Hossana refleja que Jerusalén no será el lugar del triunfo popular del Cristo, sino el escenario de su sufrimiento y de su muerte como “Mesías humilde y rechazado”. Destaca el detalle de entrar Cristo montado en un burrito, signo de los pobres y humildes, de un rey diferente al Mesías político esperado.

Es así que la muchedumbre, presa de lo inmediato y de sus temores e intereses de conveniencia, volverá a alzar su voz para pedir la muerte del que comenzó aclamando: por ello, luego de la lectura de la “entrada triunfante en Jerusalén” se escuchará la Pasión según Marcos y se podrá advertir fácilmente el “cambio de opinión y de voto popular” de los hijos de Jerusalén: clamarán “Crucifícalo”, mientras eligen a un Mesías a su gusto, aquel de nombre arameo curioso: “Barrabás” (“hijo del padre”) y que era un “bandido violento y agitador” (en griego “lestés”, Mc 15, 14-15).

De este modo, la liturgia de mañana, tan reducida en su participación sobre todo de los jóvenes o niños, pues no habrá procesión, no es engañosa: al contrario, invita a la opción del Hossana, pues denuncia la variabilidad del espíritu humano, su poco amor a la verdad completa y en el fondo, el drama de su confusión y pobreza creciente: tan creciente como las ofertas de salvación sin cruz que traen Mesías sin honestidad y Pilatos sin conciencia.

Queda abierta otra posibilidad más espiritual en tiempos de pandemia: la de entrar con Cristo en Jerusalén –es decir, la sociedad de siempre- con la decisión de seguirlo hasta el martirio, como lo indica el Mensaje sobre los Mártires de la Conferencia Episcopal (21 de marzo, 2021: visite: www.iglesiacatolica.com.gt).

Ello solo para los discípulos auténticos que rechazan el poder del éxito y del bienestar “de ocasión” y tienen el don del Espíritu para resistir a lo injusto y compartir a fondo la suerte de los que dicen la verdad y aman hasta la entrega de la propia vida en medio de las “otras pandemias” (Papa Francisco, 14 de mayo 2020): la peor de ellas, la indiferencia.

Como bien decía B. Pascal (1623-1662) refiriéndose a la escena de la Agonía en el Huerto: “Mientras Cristo esté en agonía, no es bueno quedarse dormido” (Pensamientos, 1670).