Liberal sin neo

Dos perfiles de Árbenz

Fritz Thomas fritzmthomas@gmail.com

En el espacio de un mes salieron a luz dos libros que tienen como protagonista a Jacobo Árbenz Guzmán, quien fuera presidente y personaje icónico de la historia del siglo XX en Guatemala. En octubre, Mario Vargas Llosa publicó su novela Tiempos recios, una trama que gira en torno a los acontecimientos políticos en Guatemala previos a la revolución de octubre de 1944 y culmina con el asesinato de Carlos Castillo Armas. En la segunda semana de noviembre salió Árbenz: Una biografía, del sociólogo e historiador Carlos Sabino. Tiempos recios, de Vargas Llosa, es una novela, mientras que Árbenz: Una biografía, de Carlos Sabino, es un trabajo de investigación histórica que retrata la vida y obra de un hombre en el contexto de su tiempo.

En Tiempos recios, Vargas Llosa se apega a la plantilla ortodoxa romántica de la historia de Árbenz como un idealista reformador democrático, cuyo sueño de encaminar al país al progreso y la modernidad es truncado por el imperio y las fuerzas del mal. El autor ha opinado que si no hubiera sido derrocado Árbenz, no se habría radicalizado Fidel Castro; “si Estados Unidos, en lugar de derrocar a Árbenz, hubiera apoyado las reformas, probablemente la historia de América Latina hubiera sido otra”. Por otra parte, Vargas Llosa reconoce que “Es una novela. No es un libro de historia… Me pongo a investigar para mentir con conocimiento de causa”. Si lo que interesa es leer un buen cuento, esta es una novela creativa y entretenida.

Carlos Sabino ha escrito varios libros sobre la historia de Guatemala, Árbenz: Una biografía, es el más reciente. El autor es disciplinado en apego a fuentes para la construcción de la narrativa y hace esfuerzos por apoyarse en evidencia textual y testimonial. Es con alguna renuencia, poco a poco, que se va dejando seducir para introducir su opinión e interpretación de los tiempos y personajes.

Al terminar de leer la biografía, tengo la sensación de haberme acercado a Jacobo Árbenz, pero él nunca se acercó a mí. No me queda el sabor, la melodía y color de una personalidad, sino el retrato de un hombre parco y remoto. La historia empieza con el padre de Jacobo, Hans Jacob Árbenz, ciudadano suizo que migró a Guatemala a la edad de 18 años. Vivió en Quetzaltenango, fue dueño de una droguería y se suicidó a la edad de 50 años, cuando Jacobo tenía 21. Trágicamente, la hija de Jacobo, Arabella Árbenz Vilanova, también se suicidó de un tiro, en 1965.

Hay mucha mitología alrededor de Jacobo Árbenz. Sin duda, fue un cadete y oficial militar ejemplar, serio, disciplinado, atlético e inteligente. Un triunfador, seguro, pero no lo describiría como un líder, sino como una persona con talento y suerte para estar en el lugar indicado a la hora exacta para que las circunstancias lo elevaran a la superficie. En mi opinión, más producto que productor. Fue fuertemente influenciado por el carácter fuerte de su esposa, María Vilanova, y por su gran amigo y cercano colaborador, el pensador y político marxista José Manuel Fortuny. Árbenz no fue un intelectual y político de la talla de Juan José Arévalo. Es recordado por el decreto 900 y por haber sido derrocado, pero aparte de eso no dejó discursos memorables de su propia autoría o textos de su pluma, ni logró obras que se había propuesto.

Cuando fue derrocado en 1954, Árbenz estaba solo y aislado, sin haber construido una base de seguidores leales dispuestos a luchar por él y su gobierno. Fue una figura trágica que no logró salir del fondo y se desvaneció mucho antes de morir en 1971, a los 57 años de edad. No contaré más, lean los libros.