La buena noticia

Effatá: ¡Ábrete!

Víctor Manuel Ruano pvictorr@hotmail.com

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Jesús de Nazareth llevó su Santa Misión Popular (SMP); es decir, su proyecto del reino fuera del territorio de Palestina, en poblaciones paganas, para que también esos pueblos, amenazados por fuerzas perversas deshumanizadoras y destructivas, se abrieran a la posibilidad de una vida digna que el imperio romano les negaba.

En la primera visita de Jesús a esa región, según narra Marcos 5, se encuentra con un hombre poseído por un espíritu malo que tenía aterrorizada a la población de “los gerasenos”, y lo libera, permitiendo que los demonios, que eran legión, al estilo de la organización militar del imperio romano, se metieran en una gran piara de cerdos que terminaron ahogándose en el lago.

Este hecho no fue bien visto por aquellos pobladores, quienes le pidieron que se retirara.

Jesús está nuevamente en esa región llamada Tiro y Sidón, al norte de Palestina. Además recorre una región de 10 ciudades llamada la Decápolis, en la actual Jordania. Marcos 7 destaca dos curaciones: la hija de una mujer cananea, poseída por un espíritu malo que las hacia sufrir muchísimo; y un hombre que era sordo y tartamudo, que es el pasaje de mañana.

La sociedad guatemalteca, desde sus pueblos originarios y su base social organizada, está dejando de ser sorda y tartamuda. La misma realidad tan dura de exclusión y de sufrimiento en la que ha vivido le hace reaccionar con indignación, levantarse y pronunciar su palabra urgiendo cambios y transformaciones de fondo.

A veces lo hace gritando en sus manifestaciones públicas pacíficas o con su llanto en medio de su dolor e impotencia o con su palabra firme y audaz.

También las comunidades cristianas que van entrando en un proceso de evangelización integral y realizando la misión en el mundo al estilo de Jesús van pronunciado con soltura y claridad su palabra, se van haciendo adultas, expresando lo que piensan y sienten, van haciendo su lectura creyente de la realidad.

Esto les permite no quedar calladas, sino tener valor para plantear sus legítimas demandas, uniéndose al clamor ciudadano que soportan las mismas condiciones de vivir en una sociedad tan desigual, injusta y empobrecida.

El Effatá, o ¡ábrete!, que pronuncia Jesús es la clave para levantar a las comunidades y resistir con esperanza en sus luchas por una vida digna.

En palabras del profeta Isaías, 35, 4-7, es hablarle a los de corazón apocado; es decir, a los cobardes y pusilánimes: ¡ánimo!, sean fuertes, no tengan miedo, Dios está con ustedes, llega para hacer prevalecer la justicia, llega para salvarlos.

Al pueblo se le iluminan los ojos de indignación ante la realidad de opresión en que vive, para levantarse; y se le abren los oídos para escuchar palabras de verdad y liberación, como buenas noticias que le infunden esperanza en medio de la crisis generalizada que hoy vive.

Mientras las élites económicas y políticas son sordas porque se resisten a escuchar el clamor de la ciudadanía; son tartamudas porque no logran a hablar el lenguaje del pueblo, que es el lenguaje del desarrollo integral, de la justicia y de la paz.